DÍA 2 en VENECIA 2019: James Gray y Noah Baumbach firman dos películas maravillosas

En el autobús con dirección al área de la Mostra en el Lido nos vamos encontrando con diversos cárteles. Primero, vemos que en aceras paralelas hay dos a la misma altura. Uno es de Nicole y otro de Charlie, los protagonistas de Marriage Story, un filme verdaderamente hermoso. En ella Noah Baumbach filma un divorcio utilizando el cine como arte sanador y no ahondando en la herida. Una película con unos estelares Scarlett Johansson y Adam Driver a los que no habrá nadie que se les pueda resistir. Una nueva producción de Netflix que tras Roma (2018) lo ha vuelto a hacer. Sin duda, su presencia en los Oscar está asegurada y veremos qué pasa con Lucrecia Martel. Volviendo a la carretera del Lido, un poco más adelante hay un cártel de Brad Pitt. Este es el protagonista de Ad Astra, la terrorífica odisea espacial de James Gray. No terrorífica por adentrarnos en el espacio exterior, sino porque allí se intensifican nuestras emociones. En resumidas cuentas, es gran cine de aventuras como excusa para explorar nuestro interior. Si Marriage Story cuenta desde una perspectiva cálida algo doloroso, en Ad Astra debemos despegar al espacio porque somos incapaces de hacer frente a ese dolor terrenal. Ambas entre lo mejor visto en 2019 y primeros títulos importantes de esta edición de Venecia. Asimismo, también se ha proyectado The Perfect Candidate de Haifaa al-Mansour. Esta es un delicioso ejercicio de cine social sobre el papel de la mujer en Arabia Saudí, aunque muy lejos de las otras dos cintas. Una jornada en la que la Competición Oficial ha puesto un listón alto. Por último, en Orizzonti hemos visto Sole de Carlo Sironi, un prometedor debut sobre qué implica la paternidad. Un día que comenzábamos con los cárteles de dos películas que prometían y que mañana al volver a verlos nos despertarán una sonrisa.


AD ASTRA’ (2019), DE JAMES GRAY – COMPETICIÓN OFICIAL

AD ASTRA

La humanidad siempre ha sentido fascinación por las estrellas. Mirar hacia ellas es intentar entender lo inexplicable, alcanzar lo imposible. Un universo lejano al que las civilizaciones le han proporcionado diferentes simbolismos, casi siempre desde una perspectiva espiritual. Porque como nos muestra Ad Astra, el espacio puede que sea el lugar donde guardamos nuestras emociones y miedos más profundos. Su refugio más infalible. Por el contrario, el espacio también puede verse como una vía de escape. Imaginar viajar fuera de la Tierra para eludir los problemas cotidianos. De esta manera, James Gray ha creado una obra tan grandilocuente como íntima, una odisea existencial conmovedora. Aunque esta tiene lugar en el espacio exterior, este es un pretexto para revelar, e intensificar, el mundo interior. Algo que da mucho más vértigo que las alturas. No hay duda de que al cineasta sabe que las grandes aventuras en el cine son el medio para comprender al ser humano. Una propuesta que comienza cuando al astronauta Roy McBride le asignan una misión para intentar buscar a su padre. Este fue un pionero que se embarcó en una misión de la que se perdió la pista hace mucho. Todo parecía indicar que se había muerto, mas han parecido señales de lo contrario. En verdad poco importa si el padre sobrevivió, sino la travesía emocional de Roy sobre la pérdida de un ser querido. El duelo, el dolor y, finalmente, la soledad son las sensaciones que predominan en Ad Astra. Su director vuelve a confirmar su condición de ser unos de los grandes cineastas estadounidenses, heredero del cine de los 70. Él entiende este medio para contar lo terrenal desde las grandes historias, con su amor incondicional al cine clásico como motor. En entrevistas comentaba la influencia de Apocalypse Now (1979) y su esencia narrativa es similar. Tras el despegue de Roy, se suceden momentos de monólogo interior -voz en off y primeros planos del protagonista- con espectaculares panorámicas donde el espacio hace que los humanos sean insignificantes. Ante todo, nos encontramos ante una obra inmersiva tanto física como emocionalmente. Sentimos el tormento de un brillante Brad Pitt en una actuación muy sentida desde la contención. También la banda sonora y la fotografía de maestros como Max Richter y Hoyte Van Hoytema respectivamente. Un equipo a disposición de la historia, de adentrarse en la oscuridad para reflexionar sobre la condición humana. Históricamente, las misiones espaciales han tenido el objetivo de encontrar vida inteligente. Pero volviendo a lo esencial, Ad Astra nos pregunta si sabemos valorar lo que nos rodea, lo que está al alcance de nuestra mano y no vemos. Puede que antes de intentar conquistar el espacio exterior debamos entendernos a nosotros mismos.


MARRIAGE STORY’ (2019), DE NOAH BAUMBACH – COMPETICIÓN OFICIAL

MARRIAGE STORY

Nicole enumera lo que le gusta de Charlie. Charlie enumera lo que le gusta de Nicole. Hay muchas cosas buenas en ambos y se complementan para ser todavía mejores. Pero estas no son imperecederas. Ellos acaban de decidir divorciarse y el apoyo va a desaparecer. De construir juntos a destruir todo lo anterior mediante un proceso legal. Un sistema que divide a familias, sus propiedades y su tiempo. Una fase que Noah Baumbach ha retratado con desbordante calidez en la maravillosa Marriage Story. Una nueva cima de su filmografía incluso superando a Frances Ha (2012), ambas recorriendo diferentes etapas vitales complejas. Si por algo destaca el filme es por ser sentirse cercano y honesto. El director decide utilizar el cine para curar y no para seguir ahondando en la herida. El propio Baumbach dirige y escribe un guion que seguro ha tomado cosas de su vida personal. El neoyorquino está casado con la actriz Greta Gerwig; un evidente paralelismo con Charlie, director de teatro, y Nicole, actriz de su compañía. Él necesita el control y ella quiere buscar su espacio. Un choque de necesidades vitales que divide la estructura narrativa en dos puntos de vista. Por un lado, conocemos la vida en Nueva York de Charlie y su total dedicación al teatro. Por otro, Nicole prefiere vivir en Los Ángeles junto a su familia. Dos ciudades que separan al futuro ex-matrimonio. Distancia cuyo puente es su hijo pequeño. A lo largo de la película, este será el que siempre les une. Un vínculo principal pero no el único. La separación empieza a llenarse de secundarios como la familia y los abogados. Gente que mira por su interés y no ve la situación desde lejos. El sistema legal es despiadado, pero ya está el director para insuflarle humanismo. En Marriage Story hay excelentes diálogos, momentos musicales catárticos, y humor en las situaciones más delicadas. No se me ocurre a nadie que no pueda ceder ante este filme arrebatador. Si hasta el momento hemos reconocido el gran trabajo del director, debemos hablar del reparto. Scarlett Johansson y Adam Driver están espectaculares. Además, es bonito y consecuente con el fondo que ambos brillen por igual. También destacar la presencia de Laura Dern, recordándonos que todas las películas son mejores con ella. Un papel de feroz abogada de derecho familiar que roba todas sus escenas. Como Charlie y Nicole diciéndose sus virtudes, no acabaríamos si queremos ser justos con Marriage Story. Más allá de su relato, en cada gesto de la cinta hay un detalle generoso, como los homenajes a Ingmar Bergman y David Bowie. Alegra y reconforta ver cine que se dedique a curar ante tanta desolación y egoísmo actual. Es la historia de un divorcio, pero se quedará mucho tiempo junto a nosotros.


THE PERFECT CANDIDATE’ (2019), DE HAIFAA AL-MANSOUR – COMPETICIÓN OFICIAL

THE PERFECT CANDIDATE

Una mujer con nicab conduce un coche. Esta es la escena inicial de The Perfect Candidate. Aunque la hemos visto en miles de películas antes, esta tiene un significado especial. Estamos en Arabia Saudí y allí las mujeres pudieron empezar a conducir en 2018. Una vez en pantalla grande es todo un mensaje reivindicativo. Por empezar desde el principio, en 2012 Haifaa al-Mansour se convirtió en la primera cineasta de Arabia Saudí con Wadjda. Una pionera que con su último filme ha conseguido un certero retrato del papel de la mujer en el Reino. Hay que señalar que la limitación de derechos no va a permitir una obra revolucionaria ni desafiante. No obstante, la película es un crowd-pleaser que espero que sea, y será, un éxito por todo el mundo. Este cuenta la historia de una familia compuesta por tres hermanas y un padre. Tras la muerte de la madre, el progenitor ha entrado en depresión y ellas siguen su vida lidiando con el duelo. La protagonista, a la que da vida una Mila Alzahrani llena de carisma, es doctora en un hospital. Lugar desde el que parten dos de las situaciones que ejemplifican la esencia de esta obra. Primero, el acceso al hospital no está asfaltado. Un despropósito que Maryam intenta arreglar insistiendo a la administración, pero sin éxito. Una obsesión que acabará por llevarle a presentarse a concejala municipal. Cabe destacar cómo al-Mansour guía a su personaje hacia esta decisión. No hay manipulación, sino que es una sucesión de casualidades. Ella no quiere presentarse, pero lo acaba haciendo. Tomando la historia personal de la directora, se da valor a las pioneras y a las figuras dónde mirarse, aunque estas lleguen sin preverlo. Si una mujer en Arabia Saudí racionaliza presentarse, no parece tener muchas ventajas para su situación personal. Segundo, y volviendo al hospital, su primer paciente en la cinta es un hombre mayor. Este se niega a ser tratado por una mujer. Ella es la mejor preparada, mas los prejuicios pesan demasiado. De esta manera se introduce la presión de un sistema patriarcal dominante. Finalmente, ella conseguirá tratarle y contra argumentar un reproche que le hacen –y posiblemente hagan al filme–: “haces esto por los derechos de las mujeres.” En el fondo, ella hace las cosas que cree correctas y estás incumben a todos. Un discurso feminista que no por básico debe dejar de reforzarse; sobre todo si se hace con el gusto de The Perfect Candidate. Con esta puesta a punto, la mayoría del metraje se focaliza en la campaña electoral. Durante su transcurso conoceremos los engranajes de sociedad saudí. La directora se centra en mostrar los contrastes culturales y generacionales, siempre desde una mirada optimista. Con un corte podemos pasar de un concierto de ud a ver tutoriales en Youtube. A través de la cercanía, la cinta desprende esperanza. Puede que The Perfect Candidate no sea incisiva; pues al igual que la protagonista, sufriría más acoso que mensajes de apoyo por presentarse. No obstante, en los valores y el camino está el porvenir. El incipiente cine saudí está en buenas manos.


SOLE’ (2019), DE CARLO SIRONI – ORIZZONTI

SOLE

Una luz azul parpadea sobre un chándal del Celtic. A la vez que la luz, un sonido mecánico se repite con un ritmo constante. Es el resultado de pulsar el botón de una máquina tragaperras en la oscuridad de un bar. Así se presenta al protagonista de Sole. Ermanno es un chico italiano recién entrado en la veintena. Con una situación familiar complicada, la ludopatía y los robos son los pilares de su rutina. Una juventud a la deriva y sin perspectiva de cambio. Naufragio vital hasta que un día conoce a Lena. Ella es el vientre de alquiler que ha pagado su tío y su pareja. 10000€ por un hijo. Únicamente un simple negocio. Al faltar todavía tres semanas y ser originaria de Polonia, Ermanno y Lena convivirán hasta que nazca el bebé. Tiempo en el que transcurre el filme; la hermosa y profunda ópera prima de Carlo Sironi sobre la paternidad. Comentaba el director que el filme nació de una pregunta que siempre ha tenido: ¿qué significa ser padre? Una cuestión que no tiene una respuesta inmediata, sino que es parte de una transformación mental y física. Pese a que el trasfondo es la gestión subrogada, Sironi está interesado en la evolución de los dos jóvenes. Para ello, destaca sobre todo la seguridad de su visión artística. Cada plano de la cinta expresa algo, Sole nace y crece principalmente desde la puesta en escena. Los personajes tienen un espacio determinado dentro del plano, del que no suelen moverse. Ellos son parte integral de la composición y su mera respiración hace que vibre el conjunto. La narración a través de la plasticidad. Los dos intérpretes, Sandra Drzymalska y Claudio Segaluscio, llevan el peso de la cinta mediante su lenguaje corporal impasible. Los diálogos brillan por su ausencia y todo se apuesta, acertadamente, a los planos fijos y la música electrónica. Una claridad de ideas y ejecución quirúrgica inusual en un debutante. Es de alabar la forma de Sole, pero sin dejar de lado la emoción latente. En definitiva, la paternidad como fuerte oleaje que arrastra todo a su paso.

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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