DÍA 7 EN VENECIA 2019: EL HUMANISMO DE ROY ANDERSSON CONTRA EL HORROR DE VÁCLAV MARHOUL

El León de Oro es el máximo galardón del Festival de Venecia. Dreyer, Rossellini, Varda y Rohmer son algunos de los cineastas que lo han conseguido. Una selecta lista entre los que se encuentra el sueco Roy Andersson. En 2014 ganó con Una paloma se posó sobre una rama a reflexionar sobre la existencia y, como no podía ser de otra forma, su regreso a la Mostra ha sido celebrado. En About Endlessness, un filme menos ambicioso, pero igual de lúcido que su predecesora, se busca la eternidad desde situaciones cotidianas. Un mirada surrealista e inconfundible que ha diferido con las otras dos cintas a competición. Desde Canadá, Atom Egoyan y su Guest of Honour exploran la subjetividad de la memoria con un estilo anquilosado. Por otro lado, desde República Checa llega la peor película de esta sección: The Painted Bird de Václav Marhoul. Un alegato antibelicista sobre la Shoah basado en la novela homónima de Jerzy Kosiński. Una película durísima y, lo que la hace abominable, con un dispositivo formal irresponsable. La escalada de horror en primer plano ha hecho que sea la sesión con más abandonos de esta edición. Por último, para recuperar algo el ánimo hemos visto 45 Seconds of Laughter de Tim Robbins, un documental sobre su propia compañía de teatro en prisiones de máxima seguridad. A través de la Commedia dell’Arte crean un espacio seguro para los reclusos y sus emociones. Un día lleno de contrastes que reafirma el prestigio del León de Oro. Más allá del currículum, este implica un compromiso por seguir haciendo buen cine.


ABOUT ENDLESSNESS’ (2019), DE ROY ANDERSSON – COMPETICIÓN OFICIAL

Un cura llega a una revisión rutinaria con su doctor de cabecera. En este caso, su dolor no es físico sino espiritual. Acaba de entrar en una crisis de fe. Ante tal malestar, su contrapeso científico le recomienda que únicamente intente disfrutar de estar vivo. Una recomendación que vertebra About Endlessness de Roy Andersson, la búsqueda incesante de la eternidad en los signos cotidianos. Su inconfundible estilo, ya depurado, evoluciona en una buena obra humanista. Como la vida misma, esta es igual de trágica que cómica. Necesitamos de ambos lados para poder reconocer la belleza. El cineasta sueco crea diferentes pinturas vivientes con la cámara fija y los colores apagados. Un gris originario dónde nos sentamos a observar detenidamente situaciones que debido al frenesí actual no sabemos apreciar. Una narradora omnisciente con Scheherezade como referencia introduce cada píldora narrativa con la fórmula “vi a un hombre/mujer/pareja…”. Una puerta a escenas independientes como la espera del transporte público o sorprendentes sucesos históricos. En su dilatada carrera, el director ha pulido una mirada fílmica en consonancia el humor absurdo. No por ello se tiene que abogar por la extrema calidez, sino que a también es necesario mostrar la tragedia. Una existencia efímera en la que el marcado protagonismo de la religión y la espiritualidad puede dar paso por arte de magia a la fantasía, con un homenaje al cuadro Sobre el pueblo de Marc Chagall. Cabe destacar que, sin perder un ápice de lucidez, está pueda considerarse su obra más accesible. Tras el León de Oro conseguido por Una paloma se posó sobre una rama a reflexionar sobre la existencia (2014), About Endlessness es otra grata cinta, aunque menor de un cineasta esencial del cine europeo. La eternidad bien puede ser contemplar los pájaros en un parque.


GUEST OF HONOUR’ (2019), DE ATOM EGOYAN – COMPETICIÓN OFICIAL

En la actualidad, los móviles han cambiado nuestra relación con la memoria. Todo se graba y guardamos fotografías de cada recuerdo. Un exceso que provoca que las reminiscencias vayan perdiendo su subjetivad en pos de la verdad. Esta volatilidad del pasado dependiendo del punto de vista es el tema principal de Guest of Honour de Atom Egoyan. Una exploración de los recovecos de la mente a través de un padre y una hija que echan la vista atrás. Con una estructura similar a una muñeca rusa, la preparación del funeral del protagonista conduce a las conversaciones entre los parientes en la cárcel. La joven Verónica estuvo presa antes del fallecimiento de su padre debido a que abusó de sus alumnos menores. Con este punto de partida, Egoyan bucea por su pasado hasta sacar a flote la culpa y la redención. Hay muchos secretos en esa familia y también, muchas versiones de los mismos. A través de incontables giros de guion, sabremos las razones que guiaron su destino. Todo ello filmado con un estilo añejo, pues parece que el canadiense siguiese anclado en los 90. Un carácter impregnado de naftalina a punto de caer en la comedia involuntaria. El laberíntico libreto da tantos volantazos que es inevitable que en alguno se le vaya la mano. Una película para ver con el piloto automático y no exigirle demasiado. La memoria es una de las temáticas más sugestivas del cine y es una pena que los móviles, en este caso, estén restando su magia.


THE PAINTED BIRD’ (2019), DE VÁCLAV MARHOUL – COMPETICIÓN OFICIAL

Un niño mira fijamente la puerta de una granja. Siente que algo malo pasa dentro. Al abrir, encuentra a un hombre ahorcándose. Intenta cogerle para que no se ahogue, pero su fuerza no es suficiente. Entonces se sube instintivamente a él. No puede salvarle, aunque sí hacerle el paso más rápido. Esta es una escena elemental de The Painted Bird, simbolizando la imposibilidad de escapar del infierno terrenal del Holocausto. Nadie pudo huir del sufrimiento. Adaptando la novela de Jerzy Kosiński, The Painted Bird dirigida por Václav Marhoul es un alegato antibelicista repudiable. Una obra extremadamente dura que te hiela la sangre a través de un dispositivo formal irresponsable. Una obra en conflicto moral con su relato, mostrando primeros planos de la crueldad con una inconsciencia opuesta al mensaje que debe transmitir. Esta historia trata sobre un huérfano judío que vaga por un universo aterrador en el que los humanos son demonios. Durante su viaje sin otra finalidad que descubrir un poco de calidez, vivirá en primera persona (también nosotros como espectadores) ejecuciones a bocajarro, violaciones, pederastia y suicidios. Una violencia plasmada en imágenes explícitas con una impresionante e irrelevante fotografía en blanco y negro de Vladimir Smutny. La cinta se podría considerar casi muda, pues en casi tres horas los diálogos son escasos. Uno de los pocos podría resumir bien la tesis de esta obra, una lección que le da un soldado soviético al protagonista infantil: “recuerda que debe ser ojo por ojo y diente por diente.” Una sentencia que cala poco a poco en este niño sin nombre que tras ser múltiples veces torturado acabará ejerciendo él la violencia. No nace en el mal, sino que el mundo le convierte. Para incidir en esta transformación de valores, el filme se divide en capítulos titulados con las personas que se va encontrando en su huida hacia adelante. Entre otros, un cura, un nazi y un maltratador serán los dioses creadores de un monstruo. Si ya de por sí The Painted Bird busca la grandilocuencia, la aparición de actores de la talla de Harvey Keitel, Stellan Skarsgård y Udo Kier le añade mitología. Una crudeza que no es fácil de soportar ni el cine. Esta ha sido la sesión de Venecia con más abandonos, todos ellos tras un suceso violento. El horror de la guerra debe ser filmado con respeto.


45 SECONDS OF LAUGHTER’ (2019), DE TIM ROBBINS – FUERA DE COMPETENCIA

45 segundos de risa son el tiempo exacto para liberar endorfinas. Un ejercicio utilizado para finalizar las sesiones de The Actors’ Gang. Esta es la compañía de teatro de Tim Robbins, que tras los rodajes de películas como Pena de muerte (1995) y La milla verde (1999) decidió crearla al conocer el universo carcelario. El nombre de este colectivo no es casual, pues en las prisiones los reclusos se agrupan por clanes raciales. De esta manera, Robbins y sus compañeros crean una nueva banda en el que todos puedan entrar. Este torpe documental captura varias sesiones que tienen lugar en una cárcel de máxima seguridad, donde están presos desde nueve años a cadena perpetua. En ellas se muestra el efecto terapéutico de distintos juegos y actividades, como una representación de la Commedia dell’Arte. El director decide empezar esta cinta mostrando las barreras y los espacios de la prisión, en los que el patio tiene una especial importancia. Este es un campo abierto en el que es imposible estar sin una máscara, no se debe dar el mínimo indicio de cualquier emoción. Un suelo recorrido por el peligro y el miedo que tiene como paralelismo la sala que utilizan The Actors’ Gang con la intención final de crear un espacio seguro. Un refugio donde poder expresarse y liberarse emocionalmente, algo impensable para muchos de ellos. Así, el documental capta la reticencia y finalmente rendición ante los efectos rehabilitadores de la risa. Por ello, esta obra decide únicamente mostrar los efectos positivos, la filmación también es un espacio seguro. Una incursión en el optimismo que resulta incómoda e impostada debido a la realización publicitaria de Robbins. En contraposición al juego final, 45 Seconds of Laughter no consigue liberar endorfinas.

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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