El abrazo de la serpiente o como soñar de otro modo la vida

El abrazo de la serpiente

El Abrazo de la Serpiente‘ (2015), es la tercera película del colombiano Ciro Guerra. Después de sorprender a algunos con la historia, la fotografía y los paisajes de ‘Los Viajes del Viento‘ (2009), Guerra nos lleva esta vez (y al cine de este país) a unos parajes, del espacio y del pensamiento, nunca o pocas veces explorados por un film. Sólo por encima es de destacar el manejo de la imagen y el color, la luz y las sombras, el sonido, el casting y la dirección actoral; el guión, la diversidad de lenguajes (toda una torre de Babel), la producción, los paisajes, la fotografía y por supuesto la dirección principal son de un nivel al que estamos en Colombia muy poco acostumbrados.

Por encima de lo extenso (a diferencia de Los Viajes…) no es tediosa, más aun, esperamos con ansia el desenlace de las historias que esta cuenta. Si bien es perceptible la ausencia de calor, humedad y una que otro molestia característica de las selvas tropicales, es exquisito el blanco y negro con el que se trabajó (que como la historia, se inspira en la vida y fotografías de los exploradores T. Koch-Grünberg y R. E. Schultes). Además, esta película es todo un abrazo territorial, una cinta que nos lleva a sentir el tiempo y el espacio.

Como antropólogo (más que real, un aficionado), considero que más allá de ser un archivo visual importantísimo, no se puede encerrar a esta película dentro una categoría documental, y por lo tanto como parte del cine puede tomarse atribuciones propias de la imaginación, la ficción y la realidad. Que si las visiones con plantas maestras son así o asa, que como actúan en verdad, que si el chamanismo puede proceder o no como lo muestra la película, que las lenguas, los hechos históricos y culturales les falta profundidad, son cosas banales en relación con el objetivo del film, que a mi forma de ver, es invitar al espectador a mirar, escuchar otras voces y enamorarse de otro tipo de cine y evidentemente del lugar que muestra, tan invisibilizado y alejado (más aún) por el centralismo del país. Pero lo importante no es mostrarlo para abrirlo, es un título que nos convoca a admirar y proteger eso que esta allá, naturaleza y cultura; territorio inmenso que por diferentes circunstancias ha sido atacado, pero que aún está allí, resistiendo el paso del tiempo y extranjeros intereses particulares. Por supuesto la elección del color también tiene una aroma a nostalgia y melancolía propio de un pasado lejano y mágico, pero el sólo hecho de que la película exista es un referente que nos muestra un territorio sorprendente.

El abrazo de la serpiente

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(Advertencia: Spoilers)

En ‘El Abrazo de la Serpiente‘, Karamakate es dos personajes, dos tiempos distintos frente a dos personas distintas: Theo y Evan. Este indígena chamán moralmente complejo, es a la vez serpiente y a la vez jaguar, y su transformación es la historia del film. Siendo joven y con la sabiduría aun latente de su pueblo, pero lleno de resentimiento y rencor al blanco extranjero que trajo terror y sangre, deja que la muerte lo arrincone y lo lleve al olvido. En el pasado este payé (chamán para los desentendidos), a quien le fue legado un conocimiento de su entorno natural para enseñar y curar, era conocido como el último sobreviviente de su cultura exterminada en el amazónico genocidio por el caucho. Por cosas de la vida llega un hombre blanco: Theo, un etnógrafo de antaño (con asombro e interés) anda sobre las huellas de Karamakate, pues se encuentra enfermo a consecuencia de la misma naturaleza salvaje que aún se escapa a su razón y juicio. Este payé, le han comentado, puede ser el único con capacidad de curarlo ya que conoce los secretos curativos de una eclipsada planta maestra. De forma reticente el payé accede a curarlo con el fin de que el científico enfermo lo lleve al último reducto de su comunidad, que al parecer conoció en una de sus exploraciones. Así comienza una aventura amazónica por increíbles y asombrosos paisajes (nunca o pocas veces expuesto por el cine colombiano). Una aventura que se mueve con flashbacks entre el pasado y un presente (que a la vez es también pasado). Al ser una especie de sabio ermitaño, al salir de su entorno, Karamakate choca con un mundo lleno de insana locura dispersada por el blanco, y por diferentes circunstancias desafortunadas el payé considera que el último bastión de la planta de curación no puede caer en otras manos, y menos extranjeras, y decide eliminarlas.

Años después siendo ya viejo y con la memoria truncada, llega detrás de los pasos de Karamakate, que vive de nuevo en lo profundo de la selva, otro blanco, que como serpiente, viene con asombro pero también con codicia. Evan es la representación del científico (botánico) con ansias mercantiles a quien puede serle útil la olvidada planta maestra, de este modo le pide al viejo y olvidadizo payé que lo lleve a donde creé que ésta aún se encuentre. Evan, un ser que nunca ha soñado, le hace saber al viejo el desafortunado final de Theo, el explorador, cosa que nunca supo y al parecer no le hace bien. Así, y a la par del viaje con el pasado, se emprende otra aventura. Karamakate considera que el arribo de otro blanco es una especie de mensaje y no una simple coincidencia, de tal forma y a través del viaje reflexiona que con el interés de Evan puede recuperar su conocimiento y a la vez puede enseñarle, más allá de sus propósitos o fines comerciales, la sabiduría de la naturaleza.

Finalmente, por encima de la obstinación del extranjero, el payé al escuchar la bella música de occidente en un mágico gramófono que Evan se niega a abandonar (una exquisita escena en mitad de la selva), se da cuenta que es en la unidad de los mundos donde la vida es posible, pues en ese otro mundo, el de Theo y Evan, no sólo hay voracidad y violencia, también hay creación y alegría, hay antepasados y existen personas con inmensos conocimientos y habilidades. Karamakete con un gesto de eminente humanidad prepara entonces un brebaje con la última planta de esa especie olvidada y estimula la visión de Evan en la cima de una montaña (adonde ascienden, como símbolo de conocimiento). Éste es capaz de sentir el poder sapiente, lleno de color y luz, del cosmos y la naturaleza. Así, colonizada gran parte de la inmensa selva y después de miles de martirios y explotaciones, se revela que el único fin que le queda al científico y a la humanidad entera es mostrar al mundo entero lo que la vida en todas sus formas enseña y la responsabilidad que tenemos los animales en el cuidado de esta. Karamakate al final es un jaguar que logra vencer, no obstante, uno y otro, el indígena y el extranjero (hasta el mismo espectador), son abrazados por la serpiente (como planta y territorio; como vida y muerte), que castiga y se atraganta con uno, pero a la vez enseña lo asombroso de la unidad, el ímpetu y la existencia. “Porqué esa es la vida, un constante tejer y destejer de vagas sombras, sin más sentido que la belleza” (F. Cabral).

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El abrazo de la serpiente

Contrario al sentido común de algunas perspectivas antropológicas que definen las experiencias chamánicas como producto de “estados alterados de conciencia”, la antropología postestructuralista asume el riesgo e invita a pensar el chamanismo desde una instancia política y multinatural (es decir, asumir que existe una realidad donde conviven y dialogan humanos y no-humanos con el fin trascendental de generar un bien común), lo que conlleva asumir la experiencia chamánica dentro de una totalidad de relaciones sociales, naturales, místicas, éticas y estéticas. De esta forma el chamanismo provoca un fuera de sí diferente, que no se relacionaría con una alteración de la conciencia para provocar una alucinación dirigida, sino que implicaría la provocación de una complicidad, una conexión, con lo no-humano, lo no visto e invisible. En este sentido es más bien una “alteración” de la realidad, que conllevaría una inmersión (complicada) dentro de un contexto más amplio que desvela la insuficiencia del principio de la razón; es una autodeconstrucción del principio de realidad, que lejos de alterar la conciencia, lo que provoca es una certeza contundente sobre el mundo y sus formas.

Lo anterior es visible en la inversión de la imagen del chamanismo que provoca ‘El Abrazo de la Serpiente‘ de Guerra, que expone una realidad saturada con una selva de carne y sangre en la que las plantas generan remociones del ser, que rebasan la realidad, para invertir la comprensión de una razón perdida en sí misma, que incapaz de soñarse y mantener la vida en todas sus formas, pretende soñar de otro modo, pues ante un sueño de la razón que ha producido monstruos, cabe la posibilidad de soñar sin arquetipos, ni mito, sino asentados sobre una realidad más vasta.

El drama del ser sin sueño y un chamán perdido de sí, conocido como el “cambia mundos”, sin proyección por la ausencia del presente, se aborda desde la posibilidad de una curación, posible desde quien, aunque perdido entre los cambios pretendiendo una búsqueda de origen, rebasa el sentido del origen mismo para reescribir otra historia de unidad por encima del dolor y el rencor que clausura y altera la conciencia del presente.

El chamanismo vendría entonces a confrontar el dolor de la clausura de una conciencia, cuestión que la propuesta de Ciro Guerra tiene en cuenta al proponer la paradoja de una filmación que se rebasa a sí misma a través del blanco y negro: y del exceso de un cuerpo expuesto que se busca a sí mismo a través de un sueño, que ahonda en las brumas de lo no visto, por fuera del tiempo y el espació, quizá por una estrategia para cerrar la filmación, se invocara el color como recurso narrativo, y con un rebasamiento del imaginario sobre el chamanismo, se revela así, como saturación y sobreexposición de sentido, una experiencia de apertura de la conciencia.

Así, por último, la razón cinematográfica sobre la estética y la contundencia de la mirada chamánica se hace tangible en el éxtasis de un espectador que no sabe muy bien qué decir sobre la película, a no ser los comentarios o más bien sonrisas tímidas de aparente identificación con las situaciones que componen el filme, de quienes han leído o asistido a este territorio o a ceremonias de Yagé, San Pedro, etc. o cualquiera de la multiplicidad de prácticas chamánicas que se ofrecen en la actualidad para quienes pretenden alterar la conciencia sin lograrlo, pues como se ha mencionado, el chamanismo no altera la conciencia, si provoca algo sería la asunción y la contundencia de la comprensión del presente y por tanto su transformación, a partir de una estética chamánica, representaciones y narrativas difíciles de comprender, que conllevarían una poética, ética y política para entender y soñar de otro modo la vida.

El abrazo de la serpiente

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