El ‘no cine’ de Hitoshi Matsumoto

Hitoshi Matsumoto

Un tipo polémico al que le gusta tratar temas serios, que oculta detrás de un telón de humor absurdo.

En el día de hoy vamos a enfrentarnos a un autor… curioso. Hitoshi Matsumoto es más un comediante al que le gusta hacer películas, que un cineasta propiamente dicho. Entonces, ¿qué hace que podamos analizarlo como un creador con seña de identidad? Pues precisamente eso, que su cine es algo que se escapa de lo normal. Y es que, ¿qué podemos esperar de un autor que se define a sí mismo como “probablemente el director de cine que menos cine ha visto”?

Un tipo polémico, con un sentido del humor muy pero que muy particular, al que le gusta acercarse a ciertos temas serios que se ocultan detrás de todo ese telón absurdo que cubre sus películas. Debido a su peculiar visión de la narrativa y a su forma de jugar con el sin sentido más frustrante, vamos a referirnos a sus obras como: Su ‘no cine’ (teniendo en cuenta que, por supuesto, es cine).

La primera película de este peculiar autor no es otra que Big Man Japan, una cinta de superhéroes que parodia a las series de anime clásicas de Japón (estilo Ultraman). Al principio, el film nos muestra en formato de falso documental las penurias por las que pasa el último superhéroe de un linaje muy antiguo. Estos héroes ya han perdido fama, ni siquiera cobran bien y tienen que lidiar con problemas propios de su edad (dinero, amor, hijos, monstruos gigantes que abrazan edificios…). El acercamiento al rechazo del superhéroe por la sociedad es brillante. Detalles tan pequeños como el hecho de que, cuando va hacia su ‘zona de transformación’, el camino está lleno de carteles ecologistas que le tachan de asesino por múltiples razones, hacen que su drama se acreciente con un realismo extraño…

Su primera película es Big Man Japan, una cinta de superhéroes que parodia a las series de anime clásicas de Japón.

Pero no podemos olvidar de quien estamos hablando, e Hitoshi Matsumoto es, ante todo, un bromista. ¿Qué ocurre entonces? Que las escenas de peleas heroicas son tan sumamente absurdas que es muy pero que muy difícil mantener la seriedad por la trama, y este absurdo va creciendo y creciendo y creciendo hasta que solo puedes pensar: ‘’Oh, dios mío. ¿Qué estoy viendo?’’… Si consigues llegar al final de la película, enhorabuena, has salido airoso de tu primer enfrentamiento a Hitoshi Matsumoto.

El primer pensamiento de cualquier persona racional ante el visionado de Big Man Japan es de rechazo, por supuesto. Pero la película tiene cosas increíbles. Su drama se siente real, su personaje protagonista (el propio Matsumoto) te produce una lástima sincera… Entonces piensas, quizás hay más. Quizás lo que me distrae de su absurdo no termina de hacerle sombra a lo brillante que hay en la cinta… Y entonces decides ver más ‘no cine’.

Big Man Japan

Symbol es su segunda película. En esta nos empezamos a dar cuenta desde el mismo inicio de la gran característica del ‘no cine’ de Matsumoto. Su dualidad. Symbol consta de dos historias paralelas. Una de ellas es la historia de un luchador mexicano que vive en la pobreza y se enfrenta a una importantísima pelea en la que intenta no pensar. Pero siempre acaba apareciendo su preocupación por ella. Sin embargo, la otra historia nos muestra a un hombre que despierta en una habitación totalmente blanca en la que aparecen botones con forma fálica que, al pulsarlos, activan todo tipo de situaciones como: que aparezca comida, que caigan objetos del techo, o que un nativo de una tribu africana corra de un lado al otro de la habitación. Vamos, lo normal.

Estas dos historias que transcurren totalmente separadas entre sí nos deja ver el juego en el que Hitoshi Matsumoto se divierte en adentrarnos. Un drama social muy bien construido y una habitación llena de pequeños penes, la frustración de un hombre por su inevitable futuro y la diversión de un tipo en pijama que se ríe de las cosas que provoca. Es una película a la que hay que enfrentarse, no quiero contar nada para que podáis disfrutarla lo más vírgenes posible. Sí os puedo decir que, de alguna manera, todo funciona impresionantemente bien. Al acabar Symbol se decide todo, o amas u odias al pseudocineasta.

Symbol

En su tercera película, Hitoshi Matsumoto se calmó bastante y consiguió crear su cinta más… normal. Scabbard Samurai nos cuenta la historia de un viejo samurái que viaja con su hija. Es un desertor al que consiguen dar caza, y la condición de su condena consiste en hacer reír a un joven príncipe que ha perdido la sonrisa. Si no lo consigue en treinta días, tendrá que cometer el Hara-Kiri.

A alguien que quisiera empezar su batalla en el cine de Matsumoto, le recomendaría comenzar por esta. No solo porque el absurdo sea menor y más digerible, sino porque es quizás su película más clásica en cuanto a narrativa. Es fácil de seguir, es bonita, divertida y, en mi humilde opinión, es su mejor obra.

R100 es la película más difícil del autor.

Pensad en el argumento. Para alguien que basa su cine en la marcada dualidad del drama y la comedia, es perfecto. Los locos intentos de hacer reír al príncipe no eclipsan las preciosas escenas con su hija. En esta cinta, Matsumoto consigue jugar a lo que le gusta sin sacarte en ningún momento de la historia. El cine de este autor es muy destacable en general, pero en esta, su tercera película, concibió una obra de arte.

Tras esta sosegada historia, parece ser que Hitoshi Matsumoto estaba necesitando volver a la polémica… y obviamente lo consiguió. Su última película (de momento) es R100, la historia de un hombre cuya esposa está en un terrible coma, su trabajo es horrible y no le da para pagar todo y además tiene que cuidar a su hijo pequeño. Para poder sobrellevar todo esto, contrata un servicio de sadomasoquismo con el que, de manera espontánea, aparecen mujeres en trajes de cuero dispuestas a darle una buena paliza. Sí, así es. El drama más depresivo junto a la locura más desbocada. Matsumoto en estado puro.

Es la película más difícil del autor. En R100 debes soportar mucho, muchísimo. Pero si lo consigues, si llegas al final, concretamente al último plano… Pueden pasar dos cosas: Puedes ver lo increíblemente lejos que lleva Matsumoto sus mensajes y maravillarte con lo que consigue hacer… o puedes cabrearte, entiendas o no entiendas lo que significa, y arrepentirte muchísimo de haber destinado una hora y cuarenta minutos a soportar semejante broma cruel. Yo estoy en el primer grupo, pero soy una persona con mucha paciencia.

Hasta aquí llega de momento la carrera cinematográfica de este alocado autor, y yo estoy esperando con ansias qué será lo próximo que nos traiga.

Puede que por momentos haya parecido que criticaba la manera de trabajar de este autor, pero todo lo contrario. He sido lo más sincero posible para que no consideréis este artículo como una recomendación de mal gusto. Habéis leído como se las gasta Hitoshi Matsumoto. Ahora depende de vosotros el querer enfrentaros o no a semejante autor. Si aguantáis hasta el final, probablemente os dejéis seducir por su ‘no cine’.

R100

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