Fatima (2015), de Philippe Faucon – Crítica (II)

Fatima

«Considero que películas que recibieron el palmarés en años precedentes (Premios César), como Amour o Guillaume y los chicos ¡A la mesa! son ganadoras con más méritos que Fatima

Fátima es una mujer musulmana que vive en Francia con sus dos hijas, Nasrine y Souad. La madre trabaja limpiando de sol a sol para que ellas consigan un lugar digno en una sociedad hostil. Las tres mujeres encarnan tres formas diferentes de responder al desarraigo. Fátima habla apenas el francés, es fiel a su cultura y a sus tradiciones, pero su mente es suficientemente abierta para aceptar la forma en que sus hijas adoptan costumbres y modas del país en que viven. Nasrine estudia primero de medicina, comprende el sacrificio de su madre, la valora y la respeta. Su lucha por conseguir aprobar obedece tanto a su sueño de integrarse en una sociedad que admira, como al deseo de recompensar los esfuerzos de su madre. Souad es una adolescente rebelde, descarada, llena de resentimiento hacia la condición servil de Fátima. Su desprecio se dirige igualmente contra su cultura de origen y contra la de los franceses. Las actitudes de las tres mujeres de la familia tienen sin embargo un origen común: Fátima, Nasrine y Souad deben enfrentarse no solo a los prejuicios de los habitantes del país de acogida sino también a los de  los propios musulmanes – que juzgan con dureza cualquier alejamiento de los valores tradicionales.

Esta película sólo puede despertar en mí una reacción de tipo ideológico, de comprensión de los problemas de desarraigo que sufren los inmigrantes a su llegada a los países del primer mundo. Aunque, por otra parte, no entiendo sus resentimientos y la dureza de sus críticas hacia esa sociedad que les da un medio de vida, un seguro médico y una educación. En un momento de la película Fátima dice que gracias a ella su señora puede ver a sus amigas, llevar una vida despreocupada. Eso es totalmente cierto. Pero, por otro lado, no existe tampoco empatía por parte de quien se ve siempre en el rol del explotado. Fátima se queja de que su señora le pide que declare las horas que trabaja en su casa y critica que lo único que le interesa son sus beneficios fiscales. Se alegra también de los problemas que la señora tiene con su hija, una muchacha que no sabe valorar ni sacar partido a los privilegios de los que disfruta por la clase a la que pertenece. Es lamentable que dos mundos que se necesitan sean tan hostiles el uno con el otro

He leído opiniones de gente del cine muy prestigiosa, a la que admiro, como Guillaume Gallienne (Les garçons et Guillaume, à table!)  o Daniel Auteuil, que consideran que los César que ha recibido la película obedecen a un deseo de ser políticamente correcto en un momento en que defender la diversidad cultural está de moda. Como Gallienne, considero que películas que recibieron el palmarés en años precedentes, como la suya propia o Amour de Michael Haneke son ganadoras con más méritos por su profundidad psicológica, por su capacidad de emocionar al espectador y por su calidad estética, en el caso de la cinta de Haneke. Ahora bien, prefiero adoptar una actitud de respeto a la decisión del jurado y en ese aspecto las conclusiones de Auteil al respecto me parecen las más acertadas: “…parfois, on a envie de donner des prix pour des raisons qui ne sont pas qu’artistiques et qui sont très honorables.” Habrá que respetar la legitimidad de otros criterios que no sean los exclusivamente artísticos en la concesión de los galardones.

Fatima

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2 comentarios

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  1. Haport 10 octubre, 2016 at 23:11 Responder

    Estoy a favor de Asunción. El de fatima es un césar menor. Lo debería haber ganado Tres recuerdos de mi juventud con todas las de la ley. Ya si comparamos con Haneke es blanco sobre negro.

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