FILMADRID 2018 – DÍA 3

Hay circunstancias que obligan a escapar de determinados lugares y etapas. Ya sea obligado o necesario, avanzar es la única opción posible. Marcha que los protagonistas de la tercera jornada de FILMADRID no deciden emprender. En The Wild Boys (2017) de Bertrand Mandico, una banda de cinco chicos cometerá un crimen que les llevará a una isla para reformarles. Un hedonista y alucinado viaje con el tema de identidad de género como valiente mensaje. En la siguiente sesión, se ha proyectado And What Is The Summer Saying (2018) de Payal Kapadia, un poema sobre el silencio impuesto al amor y el deseo de las mujeres en India, y Bundesliga (2017) de Tatsunari Ota, una entrañable ópera prima sobre un joven atrapado físicamente en su antiguo colegio abandonado y mentalmente en sus expectativas vitales. Por último, retomando el Foco Endless Nights y como clímax del día, Nuit de chien (2008) de Werner Schroeter. La última película del director alemán es una pesadilla sobre las ruinas morales propagadas por la guerra. En ella, el protagonista deberá conseguir billetes de un barco que dejará atrás una ciudad fantasma y una destrucción opresiva. Una odisea desesperada por encontrar un pase hacia la esperanza común en las cuatro obras. Un vale que en propiedad genera una disyuntiva todavía mayor; si se viaja o no.


THE WILD BOYS (2017), DE BERTRAND MANDICO – COMPETICIÓN OFICIAL

El alcohol escasea. Tanguy está desorientado y otea la playa en busca de otro cuerpo. Embriaguez que esconde la certeza de que sus compañeros le han abandonado. La botella medio vacía es el único faro de esa interminable playa. Una referencia cegadora para unos marineros que se manifiestan entre las sombras y acechan al joven. Su primera intención es ayudarle debido a su deteriorada condición, mas descubren que tiene pechos de mujer. Un hallazgo que muta la calidez humana a la sexual. Un acosamiento inminente frenado en seco al sorprenderse, otra vez, por la existencia de genitales masculinos. Tres volantazos consecutivos que conforman la escena introductoria de The Wild Boys (2017) de Bertrand Mandico, una tormenta alucinada de ácido y semen. El primer largometraje del artista experimental francés es una obra que toma el esoterismo como goce estético y el tema de identidad de género como convicción más férrea. Al comienzo del siglo XX, una banda de cinco chavales burgueses es castigada al convertir sus pulsiones sexuales más primitivas en un crimen. Una pena que será comandada por el Capitán, un marino que asegura a sus familias tener un método infalible para reformarles. De esta manera, se inicia una travesía por el océano hasta llegar a una misteriosa isla. Una dimensión hedonista y salvaje para envenenar la corrección política y los géneros cinematográficos. Intercalando fotografía en blanco y negro y fascinantes imágenes en color, Mandico bebe de El señor de las moscas (1963) de Peter Brook o Querelle (1982) de Rainer Werner Fassbinder para tejer una película radical y romper prejuicios sociales. Entre los altos niveles de libido, el mensaje sobre las tendencias e identidades sexuales elevan una obra tremendamente consciente. Si la dirección y el apartado artístico es abrumador, cabe destacar un reparto idóneo. Cinco mujeres (Pauline Lorillard, Vimala Pons, Diane Rouxel, Anal Snoek y Mathilde Warnier) interpretan a los chico violentos y atractivos, una muestra que suma valor a la disertación política de Mandico. Además, el carisma de Elina Löwensohn, con un personaje clave, resulta la joya de la corona; una actriz nacida para robar películas de este corte. Una cine radical, sensorial y ambiguo que te haga naufragar en recónditos lugares de tu mente. Allí donde el placer provoca una metamorfosis.


‘AND WHAT IS THE SUMMER SAYING’ (2018), DE PAYAL KAPADIA – COMPETICIÓN OFICIAL

El salón es presidido por una pantalla y un altavoz. Ambos mudos al temer las consecuencias de enviar un mensaje. Porque en el pueblo de Kondwal, las palabras son engullidas. Palpable pavor a exteriorizar tu interior, dejando que sea la naturaleza quien hable. Tras la delicada Afternoon Clouds (2017), la cineasta Payal Kapadia vuelve a aunar en And What Is The Summer Saying (2018) el miedo a lo desconocido y la memoria de lo conocido, el amor y el deseo. Un nuevo poema cinematográfico con el pulso de un susurro. Los recónditos bosques atesoran mitos transmitidos de padres a hijos. Historias sobre peligrosos tigres o deidades protectoras. Sin embargo, la confluencia de relatos evocados contrasta con el silencio de sus habitantes que la cineasta convierte en denuncia. El vínculo con la naturaleza no es completo. En India, las mujeres no pueden expresar en público ni los sentimientos amorosos ni sus deseos, algo que el paisaje siente. Entonces los secretos se cargan de valor y pueblan el horizonte en forma de humo. Un grito que no cesará hasta que alguien decida escuchar.


‘BUNDESLIGA’ (2017), DE TATSUNARI OTA – COMPETICIÓN OFICIAL

Tienes un turno de saque eterno. Golpeas la pelota de tenis de mesa y su bote resuena. Vuelves a sacar y el sonido produce una sensación ficticia de eco. Impactos distanciados por un leve retraso, quedando el recuerdo del ruido de un tren que avanza imparable. Aunque percibimos el movimiento, en el pabellón donde Kanegon entrena solitariamente únicamente corren las bolas. Con 28 años, este joven ha decidido regresar a su colegio abandonado para ultimar su preparación para intentar conquistar su sueño: ser profesional del ping-pong. La Bundesliga es el anhelo del protagonista y la ópera prima del japonés Tatsunari Ota, un cuento entrañable sobre el paso a la edad adulta y el pozo donde caen las expectativas vitales. Si Bundesliga (2017) es el trabajo de graduación del cineasta, este fue último recuerdo colectivo del edificio abandonado. Con un alto valor simbólico, Kanegon ha decidido entrenar allí al decidir engañarse por última vez. Asimilar la realidad necesita tiempo. No obstante, antiguos compañeros suyos descubrirán su regreso de Tokio. Un reencuentro que hace que el absurdo del sueño de ser deportista profesional se agregue a las otras aspiraciones que compartían sus amigos cuando estudiaban allí. Recorren los pasillos del edificio y sus paredes actúan como una cápsula del tiempo. El refugio de unos fantasmas con alergia al mundo exterior y sus consecuencias. Con inusitada sensibilidad, Ota va desenredando los recuerdos y las ambiciones frustradas. Un paso hacia adelante complicado, mas necesario. Entonces vuelves a sacar por última vez. La pelota golpea y sorprendentemente regresa. El tenis de mesa, como la vida, no era posible en soledad.


‘NUIT DE CHIEN’ (2008), DE WERNER SCHROETER – FOCO ENDLESS NIGHTS

Láminas de destrucción se despliegan por una ciudad sin nombre. Decoración con motivo de su ocaso. Como estación intermediaria, un tren repleto llega en vista de coger un barco que se aleje de la guerra. Este es viaje ideado por Ossorio, que regresa para reencontrarse con su amor y escapar del infierno. Pero la violencia ha penetrado en cada hogar y Clara ha desparecido, así como los billetes para embarcar que le prometieron. Un comienzo angustioso para el protagonista de Nuit de chien (2008), resonancia de una dimensión en ruina humana. La última película del cineasta Werner Schroeter, basada en la novela de Juan Carlos Onetti “Para esta noche” (1943), es un laberinto por las cloacas morales de una sociedad sin escapatoria. Con la política como eje conductor de la cinta, iremos conociendo a las personas en mando y sus juegos políticos. Continuas traiciones entre gobiernos y ejércitos que sacan lo peor de cada uno. Consciente del peligro que le acecha, Ossorio se enfrentará a múltiples pruebas para alcanzar su esperanza personal, el afecto de Clara. Una búsqueda trepidante que convierte a Nuit de chien en una opresiva pesadilla con Oporto como fondo, y la temperatura del color como referencia onírica. Una de las decisiones artísticas que elevan la obra es la utilización de música clásica de forma omnipresente. Una gran banda sonora que nos sumerge en un horror rodeado de crucifijos, violencia y muerte. El final del laberinto es el barco, pero antes se vislumbra una alternativa a la destrucción. Se acaba la música clásica y el ruido cesa. El silencio era la salvación.

Comparte este artículo

Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

No hay comentarios

Añade tu comentario