Old (2021): un elogio a la familia tradicional escondido en la ficción

La ficción siempre ha tenido un privilegio: plantear aquellas ideas o pensamientos que por distintos motivos no pueden manifestarse en voz alta. Tal vez por eso ninguna voz ha salido en contra de Old. Su mensaje se esconde entre los intersticios que permite una historia fantástica, pero de ser dicho abiertamente es seguro que sufriría las críticas de más de un sector. Porque Old esconde una reivindicación a una idea que ya parece superada: la de la familia tradicional como único núcleo fuerte y duradero capaz de soportar las durezas de la vida.

La premisa de la película es sencilla y terrible: un grupo de turistas va a pasar el día a una playa de la que no pueden salir. Pero no poder salir de una playa tropical no es un problema que alarme demasiado a nadie, por eso no solo no pueden salir, además el tiempo pasa rápido, muy rápido, las horas son años. Ateniéndose a las convenciones del género grupo-encerrado-y-en-peligro, nos encontramos con distintas personalidades o, en este caso, distintas familias. Un músico joven y soltero; un médico con su madre, su hija y su demasiado joven esposa que está interesada en su apariencia más que en cualquier otra cosa; una pareja adulta sin hijos; y, por último, los protagonistas: una pareja de mediana edad con dos hijos.

Cada época tiene este tipo de historias de un grupo de desconocidos que se enfrentan a una amenaza, y cada época, o cada autor, hace que sobrevivan aquellos más actos para enfrentar los problemas. Shyamalan no deja dudas sobre lo que piensa.

Atención: spoilers.

Pronto todos se dan cuenta que no pueden salir y los más alejados de una familia tradicional comienzan a sucumbir. Como no podría ser de otra manera, el soltero es el primero en morir. Después le llega el turno a la familia del médico, porque si bien son familia, la mujer no representa lo que debería ser una madre; es demasiado sexy, está demasiado preocupada por su apariencia y su malla es demasiado pequeña, demasiado lejos de esas mallas enterizas que tapan todo rastro de sexualidad. Y los problemas no terminan ahí, su suegra muere porque ella no la cuida, porque una madre de familia debe cuidar a cuanto viejo exista dentro del núcleo familiar. Además, su hija entra en la adolescencia con apenas unas horas —recordemos que en la playa crecen dos años por cada hora que pasa— y queda embarazada. Y esto pasa porque una madre no puede ser una buena madre con ese cuerpo tan sexualizado, con esa malla tan de poca madre y entonces su hija queda embarazada porque ese tipo de madre, ese tipo de mala madre no solo no cuida a los mayores, sino que tampoco vigila a sus hijos.

La segunda pareja también muere. Shyamalan la trata con un poco más de cariño. Tienen sus momentos, se aman, se comprenden, pero no tienen hijos y por la edad podemos sospechar que no quieren tenerlos. Mala suerte, en esta película eso es suficiente para morir. Y entonces mueren para dejar lugar a los protagonistas.

En esta adversidad vemos emerger lo único que de verdad importa y resiste: la familia tradicional; padre, madre e hijos. Juntos pueden enfrentarse a todo, donde falla la madre sexualizada o la pareja sin hijos, triunfa la familia tipo. El tiempo destruye todos los vínculos menos estos que están asentados en la tradición. En unas horas vemos como los padres se convierten en dos ancianos, y ahí están sus hijos, ya adultos, para cuidarlos ofreciéndoles unas mantas y preguntándoles que necesitan. Ellos también mueren, pero mueren juntos y en la vejez, no sufren las muertes violentas que hemos visto durante toda la película. Viven sus vidas y antes de morir, mientras sus hijos los abrazan, se dan cuenta que su vida, aunque cortísima, ha valido la pena porque han tenido amor y cariño. Y no está mal nada de eso, está muy bien el amor. ¿Pero no es acaso amor el de una pareja que no quiere tener hijos? ¿No es amor de madre y de esposa el de una mujer preocupada por su apariencia? Está claro que para Shyamalan es distinto, está claro que solo un tipo de familia resiste al tiempo y a la adversidad. Lo demás son apenas sombras, construcciones que no logran acercarse a ese ideal y que están destinados a morir prematuramente porque la vejez, ese producto del tiempo, es un privilegio que en esta película solo tiene la tradición. 

Share this post

Sebastian Marin

Escritor y comunicador social argentino. Apasionado del cine y la literatura, sobre todo de esos géneros despreciados y considerados menores. Actualmente cursa el profesorado de literatura.

1 comment

Añade el tuyo
  1. Patricia Polanco 18 agosto, 2021 at 22:01 Responder

    Muchas gracias por tu crítica a la película “Viejos”, fue una sorpresa para mi que me gustara tanto, pensé que se trataría de algo mas, pero es BELLISIMA y te hace reflexionar en varios aspectos de lo que sucede en la actualidad, “la vida es como la flor del campo, ahora es, mañana ya no”; me llegó mucho la escena de la mujer que pensó en ir nadando hasta su hermana que dejó de hablarle por una riña, que ahora le parecía ridícula……

Publica un nuevo comentario