Perros de paja. La confirmación de todo lo que fue Peckinpah.

Dustin Hoffman en Perros de Paja

A mediados de los 60, comienzan a elevarse ciertas voces que denuncian la violencia gratuita en el cine. Poco a poco, la controversia se intensifica, centrándose en una persona, Sam Peckinpah.

Para entonces ya había dirigido películas como Duelo en alta sierra o Grupo salvaje, reformulando el western y dirigiéndolo hacia terrenos más oscuros y agresivos.

Sus defensores admiraban de él su estilo innovador y su apuesta formal. Sin embargo, muchos eran los que veían en sus películas una apología de la violencia y una banalización de la misma. Hasta tal punto que llegó a recibir el apodo de Sam el sanguinario. Su modo de vida poco ejemplar, muy apegado a la bebida, y sus tendencias misóginas, no ayudaban a conformarle una imagen pública muy aceptada.

En este contexto llegamos a 1971, año en que estrenó Perros de paja.

Muy lejos de amilanarse, o de moderar su cine para acallar a los detractores, Peckinpah realiza aquí una de sus películas más polémicas. Como si se tratase de un desafío, entrega al público un filme rebosante de esos ingredientes de los que muchos se quejaban: violencia descarnada (no sólo física, sino también, y sobre todo, psicológica) y una visión nada alagüeña de la mujer.

Sam Peckinpah

El director norteamericano incluyó una escena en la que se produce una violación, que termina siendo disfrutada por la víctima, lo que produjo un enorme revuelo. Multitud de grupos feministas pusieron el grito en el cielo ante lo que consideraban una tremenda falta de responsabilidad.

A pesar de que la mencionada escena tuvo que ser parcialmente censurada, la película estuvo prohibida en diversos países durante años.

Más allá de la polémica, Perros de paja es un pormenorizado estudio de la violencia basado en la novela The Siege at Trencher´s Farm, del escritor Gordon Williams, el cual postulaba que el hombre era un animal salvaje que luchaba por el control de su territorio. Peckinpah aborda el tema de forma abierta y directa, sin imponerse límites, y preguntándose en última instancia si la violencia es lícita en ciertas ocasiones, o si en ciertos momentos existe otra salida.

Una compleja y profunda psicología de personajes acompaña a un relato lleno de tensión, en el que se narra el proceso de transformación de un inofensivo ciudadano en una bestia sanguinaria.

La visión del ser humano que muestra Peckinpah no parece estar muy alejada de la corriente situacional o sistémica que defienden psicólogos como Stanley Milgram o Philip Zimbardo, la cual asegura que todos tenemos la capacidad de actuar de manera admirablemente moral o indecentemente inmoral, y que es la situación o el sistema, y las presiones derivadas de estas, las que harán que una parte de esta dualidad se imponga en un momento dado. Esto explicaría como personas buenas pueden cometer actos atroces en una situación concreta.

Según ellos, solamente el conocimiento de las influencias que nos azotan puede librarnos de su dominio, y en ningún caso esto elimina la responsabilidad de los actos de una persona.

 

Calificación7
7

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Arturo G. Maiso

Viajero y cinéfilo. Director de Marketing en una plataforma de financiación participativa, CEO de AGM Comunicación Multimedia y director de El Cine en la Sombra.

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