Series que se pueden recomendar sin miedo a meter la pata

Series

Cuando uno lleva dos meses en un pequeño país con una televisión que recuerda en todo a la que se ofrece en abierto en España, bendice cada día a Netflix, a YouTube o a los programas peer to peer de intercambio de archivos. Las televisiones generalistas están matando a la gallina de los huevos de oro: cada día pierden unos cuantos miles de espectadores (decenas de miles en todo el mundo) por culpa de esa manía de imponer 20–30 minutos de publicidad por hora de programación, haciendo inviable el seguimiento de películas e incluso de sitcoms de apenas 20 minutos de duración.

Está claro que las televisiones venden publicidad y que la programación no es más que el vehículo para hacer más digerible tal publicidad. Lo que ya no está tan claro es que el público pueda soportar eternamente esa sobredosis de publicidad. Si las televisiones generalistas no han perdido espectadores a la misma velocidad que lo han hecho los diarios convencionales en los últimos años, nos atrevemos a apostar que se están colocando, ellos solos y sin ayuda de nadie, ante el precipicio, por donde terminarán por despeñarse en apenas un lustro. Es ahí en donde plataformas como Netflix se presentan como el marco más adecuado para poder ver –a cambio de una módica cantidad mensual– series de manera cómoda y sin interrupciones.

Costa Rica es un país en el que el sol se va entre las 17:30 y las 18:00. A partir de entonces, resulta complicado salir por calles mal iluminadas. La población suele retirarse pronto a su hogar, hacer vida familiar, e irse a dormir a las 22:00 para poderse levantar al día siguiente justo cuando sale el sol, esto es, entre 5:30 y 6:00 de la mañana. Las tardes son el mejor momento para conectar con Netflix. Y eso hemos hecho durante nuestra estancia aquí, habituándonos a ver un par de episodios al día de distintas series que luego comentaremos. Antes de entrar en las series que pueden recomendarse sin reservas mentales, vale la pena que digamos algo sobre esta plataforma y sus estrategias.


 

Netflix y sus estrategias de mercado

La estrategia de la empresa consiste en ofrecer a un precio asequible para todos los bolsillos una amplia programación adaptada a las distintas zonas y gustos del planeta. La oferta de Netflix es muy amplia y se renueva constantemente, por lo que no existe prácticamente riesgo de que el espectador pueda agotar los contenidos que se le ofrecen. El navegador es extremadamente ágil y permite seleccionar la película con facilidad, personalizar los gustos (incluso para cada miembro de la familia), guardar los títulos de las películas vistas y las que se quiere ver, estar al tanto de las novedades y puntuar lo que ve. El catálogo está dividido por temas y, cosa importante, la misma cuenta puede verse desde distintos monitores.

La calidad de la transmisión depende obviamente del ancho de banda estándar en cada país. En España, nos aseguran que funciona perfectamente. Por rebuscados que sean los gustos del espectador, podemos estar seguros que Netflix tendrá algo que ofrecerle. Y si nos apetece mejor visionar otros contenidos, podemos acceder a plataformas como YouTube o Vimeo desde el monitor habitual de TV sin ningún problema (si lo que buscamos es películas históricas es más que probable que las encontremos en YouTube, por cierto, que ya es algo más que un almacén de clips amateurs que fue en un principio).

La habilidad de Netflix ha consistido en saltarse los que, hasta ahora, han sido canales tradicionales de distribución de películas y series. Pero desde hace un tiempo, la plataforma ha ampliado sus objetivos produciendo series propias. En 2014, una de estas producciones, ‘The Square’ (2013), fue nominada a los Oscars. ‘House of Cards’, el año anterior, ya había logrado destacar con varias nominaciones en los Premios Emmy (a la mejor serie, al mejor actor, a la mejor actriz y a la mejor dirección). La habilidad en el lanzamiento de esta serie (los diez capítulos se ofrecieron en bloque inmediatamente, en lugar de aparecer semana tras semana), hizo que los altos costes de producción pudieran ser pronto amortizados… algo que solamente puede permitirse una plataforma que cuenta hoy con 60 millones de suscriptores en todo el mundo (la mitad en los EEUU). La expansión internacional de la plataforma es reciente y los éxitos de los primeros pasos hacen que en las bolsas se la considere como un valor de futuro.

La presencia de Netflix en España es muy reciente (apenas empezó a ofrecer contenidos el pasado 20 de octubre de 2015). Las cuotas mensuales oscilan entre los 8,00 y los 12,00 euros, con el primer mes gratuito. Y todo induce a pensar que será un éxito entre los amantes del cine y de las series televisivas (aunque ofrece también programación infantil, documentales, etc).

Desde que llegamos a Costa Rica hemos visto seis series a través de esta plataforma. Se trata de series que pueden recomendarse con tranquilidad (hemos desechado otras que, tras ver el piloto, por algún motivo no han encajado con nuestros gustos). Por este orden: ‘Club de Cuervos’, ‘The Killing’, ‘The Fall’, ‘Hinterland’, ‘Ascension’ y ‘Jo’. Veamos en donde reside el interés de cada una.


 

Club de Cuervos: sorpresa procedente del México lindo

Club de Cuervos

La primera, ‘Club de Cuervos’, es una serie mexicana. Se trata de un producto generado directamente por Netflix. Para los que recelen de un producto mexicano y teman encontrarse con un producto próximo al consabido culebrón iberoamericano, les diremos que se trata de una serie moderna, realizada con extraordinaria pericia, perfectamente interpretada, filmada con una calidad técnica y estética idéntica a los mejores estándares del género. En la serie se denuncia el mundo del fútbol profesional tomando como referencia a un modesto club de provincias cuyas riendas han sido cogidas por un perfecto imbécil que quiere transformarlo, de manera irresponsable, en un Real Madrid o en un Fútbol Club Barcelona. Se denuncian todos los problemas del fútbol profesional moderno, empezando por el divismo de algunos jugadores estrella, de directivos poco o nada cualificados, la compra de partidos, los representantes que dominan el mercado de entrenadores y de futbolistas y todas las lacras de un deporte que cada vez destila más olor a podredumbre.

La serie no cansa en ningún momento y sería un error eliminar el acento y la fraseología de la versión original mexicana. Sorprenderá a algunos que los protagonistas no hablen como Cantinflas hace medio siglo, sino utilizando una jerga reiterativa pero que es la que utiliza hoy el mexicano de a pie. Los espectadores reconocerán en uno de los protagonistas, “Aitor Cardoné”, a la síntesis de lo peor de Cristiano Ronaldo y de David Beckham, un jugador estrella del que todos quieren deshacerse y que procede precisamente del Barça.

Se trata de una tragicomedia que ayuda a entender mejor el mundo del fútbol e incluso la misma naturaleza humana. Lo sorprendente de esta serie es su perfecta realización, su agilidad, las dotes interpretativas de todos los personajes, el casting perfecto, y casi podemos decir que no hemos encontrado ninguna falla en su conjunto. La serie es reciente, consta de momento de una temporada (que sin duda se prolongará) y se estrenó en julio de 2015. Puede recomendarse sin miedo a decepcionar.

Si hemos citado a esta serie en primer lugar es precisamente porque es radicalmente diferente al resto de las que hemos visto y que, con matices, giran sobre temas policíacos y género negro, con planteamientos muy distintos y múltiples horizontes geográficos.


 

The Killing, existe cine en Dinamarca más allá de Lars von Trier

The Killing

La primera que visionamos fueron las dos temporadas de ‘The Killing’, serie danesa cuyo nombre original es ‘Forbrydelsen’ (literalmente, El crimen), estrenada en España con el título de ‘Crónica de un asesinato’. De momento se han filmado tres temporadas, de las que las dos primeras pueden verse a través de Netflix. No es una serie reciente: el primer episodio se emitió en 2007 y el último en noviembre de 2012.

La trama gira en torno a los casos de la detective Sarah Lund encarnado por la popular actriz danesa Sofie Graåbøl. También aquí cabe destacar el trabajo de realización, el casting, la fotografía y la interpretación. Los guiones están repletos de giros inesperados que contribuyen a que la tensión del espectador no decaiga. Los fallos de guionización (que existen) pasan desapercibidos o bien se perdonan en la medida en que hacen aumentar el interés por la trama. En las dos primeras temporadas se pone particular interés en el desarrollo interior de los personajes que van apareciendo, sus motivaciones, sus problemas, su vida cotidiana. Los papeles de todos los personajes están excepcionalmente bien trabajados, tienen perfiles propios, son creíbles y es fácil entender por qué actúan como lo hacen.

En ambas temporadas, existe un trasfondo político en los argumentos que nos permite ver que en todas partes cuecen habas, pero también entender que los niveles de democracia y de accesibilidad de los gobernantes son mayores en los Países Nórdicos que en los mediterráneos. La serie, en cualquier caso, nos pone en contacto con la cinematografía danesa y la sorpresa que nos aporta es –como en el caso de ‘Club de Cuervos’– advertir que la cinematografía y la elaboración de series de televisión en estos países, considerados en este terreno como de “segunda división”, superan con creces a buena parte de las series producidas en España. Existe, por lo demás, una versión americana de esta serie que no logra superar ni remotamente a la danesa.

Forbrydelsen puede, pues, recomendarse con la convicción de que quien se anime a seguirla te lo agradecerá.


 

The Fall, o como Gillian Anderson se reinventa a sí misma

The Fall

The Fall es una serie norirlandesa estrenada a finales de 2012 y que fue reproducida en España con el nombre de ‘La Caza’ por el canal AXN en 2014. Va sobre la persecución de un asesino en serie, Paul Spector, criado por una familia de acogida de origen judío. Se trata de una serie correcta, bien realizada, entretenida, basada en un argumento sólido y bien desarrollado y, sobre todo, en la actuación de los dos protagonistas: Gillian Anderson que encarna el papel de la inspectora de policía Stella Gibson, y Jamie Dornan el psicópata asesino en serie, su oponente. La primera será recordada por su papel protagonista en la larga serie ‘Expediente X’ y en sus secuelas cinematográficas. En cuanto a Dornan, se trata del actor que asumió el papel de Christian Grey en la película ‘Cincuenta sombras de Grey’. Le va más el papel de psicópata redomado y amantísimo padre de familia que el de amante morboso. En cuando a Gillian Anderson cabe decir que los años le han favorecido y que ahora, en la madurez, es una actriz mucho más sólida y atractiva que cuando encarnó a la inexpresiva agente Scully, compañera asexuada del agente Mulder.

La serie no tendría gran cosa de originalidad (a fin de cuentas, todas las películas de buenos y malos, policías y asesinos, giran en torno a un tema universal, mil veces repetido) de no ser por los matices con los que ambos actores adornaron a sus personajes, haciéndolos creíbles. ¿El guión? Con los consabidos fallos propios de toda cinta de “género negro” (si no, ¿de qué otra forma el criminal sería detenido al cabo de diez episodios y no en el segundo?) que se excusan ante el buen hacer de los actores y lo entretenido de la trama.

Las motivaciones del psicópata están muy bien diseñadas y otro tanto ocurre con la sexualidad compulsiva de la agente Stella Gibson y sus razones para usar y tirar a los hombres con los que se acuesta. En algunos momentos, quizás, la serie hubiera podido avanzar más rápidamente, pero los productores optaron por resolverla en dos temporadas, cada una de cinco capítulos, con una hora de duración, que fueron muy bien acogidos por público y crítica británicas. Hay algunos guiños en la película de carácter político, dada la particular situación de Irlanda del Norte en donde los ecos del conflicto secular que oponen protestantes ingleses a católicos irlandeses dista mucho de haber concluido.

¿Se puede recomendar esta serie a los amigos y conocidos? Sí, sin duda.


 

Hinterland, o la discreción de la campiña galesa

Hinterland

Se trata de una miniserie británica de cuatro episodios que tiene como protagonista a un policía enviado a una pequeña población galesa para resolver, junto a los demás miembros de la comisaría local, los truculentos crímenes que se van sucediendo. Aun sin llegar a la calidad y al interés de ‘Browchurch’ (2013), discurre por sendas parecidas. Cada episodio se cierra en sí mismo y los cuatro están vinculados entre sí por el protagonista, el inspector Tom Mathias (encarnado por Richard Harrington, poco conocido fuera del Reino Unido, pero que suele aparecer en aquel país en innumerables series de televisión) del que se intuye que es un tipo atormentado.

El equipo de investigadores del pequeño puesto de policía, casi rural, está compuesto por Mathias, su jefe, dos inspectoras y un investigador discreto pero eficiente. Salvo el papel del protagonista, el resto no están suficientemente perfilados. No nos engañemos: se trata de una serie discreta, de bajo presupuesto, ambientada en el medio rural (y, por tanto, más barata que si se hubiera desarrollado en Manhattan Sur o en Trafalgar Square), pero es una serie digna, de la que se filmó una segunda temporada en 2015, todavía no disponible en Netflix.

Lo sorprendente de esta serie es que logra sacar un partido extraordinario a lo limitado de su coste. Hay algo de artesanal en esta producción, y quizás sea en esto en donde reside su encanto. Los argumentos son correctos y lo mismo puede decirse de la interpretación. En las zonas rurales la criminalidad tiene un sentido muy diferente al que se da en las grandes ciudades. Frecuentemente se debe a resentimientos atávicos, disputas por lindes o bajas pasiones reprimidas durante décadas. Esta serie es, en el fondo, un receptáculo de todos estos temas. Existe un misterio en el protagonista no desvelado en la primera temporada: ¿qué le ha ocurrido en su vida anterior para haberse convertido en un solitario que acepta ser arrojado a un pueblo perdido de Gales en donde hay pocas posibilidades de progresar en su profesión?

Recomendable para quienes amen las producciones de coste reducido, con guiones sólidos, sin sobresaltos, y situadas en los entornos rurales.


 

Ascension o un experimento sociológico de verdad

Ascension

Nunca viene mal descongestionarse de tanto género negro (aunque también aquí el arranque de la trama es un asesinato) y de la eterna persecución entre buenos y malos, viendo algo de ciencia ficción. ‘Ascension’ es una de esas series sorprendentes en su planteamiento (que quizás hubiera podido aprovecharse algo más, pero que, en cualquier caso, deja buen sabor de boca) que interesa desde el primer momento. Trata de experimentos sociológicos… una especie de Gran Hermano cuyos participantes (la friolera de 600), llevan 50 años pensando que están en el espacio a punto de llegar a un remoto planeta situado en el sistema Alpha–Centauri y, en realidad, no han despegado de la tierra. La primera generación ya ha sido sustituida por la segunda… pero la nave sigue anclada en el equivalente norteamericano a Guadalix. El proyecto es secreto y ninguno de los tripulantes de la nave –salvo uno– conoce la realidad de su situación.

El proyecto arrancó en los primeros años sesenta. De ahí que los peinados, los vestidos, la decoración, incluso los monitores de los ordenadores o los bikinis y las hechuras de las protagonistas femeninas, tengan la apariencia que tenían en aquella época (casi parece que se hayan aprovechado el vestuario y las pelucas de la celebrada ‘Mad Men’). Los seudo–astronautas son observados constantemente desde el control del experimento (cuyo director no es otro que el actor Gil Bellows, habitual de las teleseries y cuyo rostro es mucho más conocido que su nombre), sus reacciones medidas y neutralizadas en su caso. El gobierno otorga la máxima importancia al proyecto. Finalmente se produce una mutación en uno de los nacidos en la nave, una chica adolescente, que, bruscamente adquiere poderes de clarividencia, acumular energía destructiva, etc. Lo que en ‘2001 Odisea del espacio’ era el monolito que inducía mutaciones en el ser humano, en esta película lo constituye el aislamiento y la creencia en que se está a millones de kilómetros de la Tierra. Porque, en ambas películas, a fin de cuentas, el fondo de la cuestión es la mutación que debe situar a la especie humana en un nuevo punto de la evolución.

La idea, como se ve, es buena. Algunos elementos de la trama son aceptables (la “lucha de clases” entre los “niveles inferiores” y los “superiores”, el hecho de que el régimen de vida sea una meritocracia, pero que existan favoritismos, luchas por el poder, planteamientos eugenésicos y circunstancias personales unas más envidiables que otras) y consiguen distraer al espectador. También aquí se produce un asesinato y la investigación subsiguiente. Pero falta algo. La interpretación es discreta, la fotografía no puede realizar muchos alardes a la vista de que buena parte del guión transcurre en la claustrofóbica nave interplanetaria varada en tierra, y el casting acertado aunque no espectacular, ni de campanillas. De ahí que lo mejor y más destacable sea el guión. El resultado, con todo, no es malo: la miniserie entretiene y consigue mantener el interés del espectador. En realidad, fue un éxito de público cuando se estrenó.

¿Recomendable? Vale la pena verla, especialmente, por la idea en torno a la cual se da forma a la trama. Interesará especialmente a los amantes de la ciencia ficción.


 

Jo, en lo breve está el gusto

Jo

No nos imaginábamos a Jean Reno haciendo de policía ex alcohólico en una miniserie que se proyectó en la televisión francesa (TF1) entre enero a marzo de 2013. En España fue emitida en mayo de ese año por la Fox y pasó desapercibida. Se trata también de una serie de presupuesto limitado basada especialmente en el peso de los protagonistas, especialmente de Jean Reno y en un lugar muy secundario de Jill Hennessy, extraordinariamente desdibujada en esta miniserie, y a la que recordamos por su papel protagonista en los 117 episodios que duró la serie ‘Crosing Jordan’ entre 2001 y 2007.

Cada episodio de la serie discurre en un escenario parisino específico (Place Vendôme, le Marais, Notre Dame, Opera, así hasta completar los ocho episodios de las que consta…). Los episodios, con una duración de 45 minutos, están aislados y cerrados unos de otros y el nexo que los comunica es la historia personal de Jo Saint–Clair, el policía encarnado por Reno, la relación con su hija y el novio de esta, con un antiguo amigo de infancia convertido en gánster y con una monja (papel encarnado por Jill Hennessy) que le atrae irresistiblemente.

Los argumentos de cada episodio son ingeniosos, bien resueltos y mejor planteados y la interpretación de Reno irreprochable. No es una serie de “alto voltaje”, pero sí de las que pueden verse con interés y que logra captar la atención y, lo que es más difícil, mantenerla a lo largo del episodio. Quizás su principal problema sea que algunos personajes, como el ayudante de Jo (nombre que deriva, hay que decirlo, de la primera y última letras del actor protagonista: Jean Reno). Si algún problema tiene esta serie es que el que debería ser el denominador común de los episodios, las relaciones del protagonista con su hija, con el amigo gánster y con la monja, son demasiado forzadas y poco creíbles. En concreto, el papel de Jill Hennessy está completamente desaprovechado e incluso cabe preguntarse si la serie perdería algo si desapareciera. Incluso el papel de detective Bayard, el compañero de Jo, interpretado por Tom Austen, que había participado en series como ‘Poirot’, ‘Los Borgia’ o ‘Shameless’, tampoco está particularmente bien perfilado y apenas es dibujado muy superficialmente. Aún así, estos problemas pasan a segundo plano ante lo entretenido de la trama.

La serie, emitida por TF1, fue cancelada al no cubrirse los altos costes de producción que, sin embargo, han sido sobradamente compensados por su venta a canales y plataformas extranjeras. Particular éxito de audiencia ha cosechado en otros países europeos e Iberoamericanos. ¿Puede aconsejarse? Sí, especialmente para tres tipos de público: seguidores de Jean Reno, enamorados del París menos conocido y de los ritmos del cine policíaco europeo.


 

Algunas conclusiones

Estas seis series tienen algunos elementos comunes, además de figurar en la plataforma Netflix: todas ellas están bien realizadas, todas muy bien dirigidas y con una calidad media de interpretación e interés, alto. La fotografía –salvo en Ascensión cuya temática particular da para pocos lucimientos en este terreno– es, en general, muy buena. Se trata de un cine no producido en Hollywood, pero sí influido por los estándares y los lenguajes visuales del cine americano. La industria de cine norteamericano ha participado en la distribución de varias de ellas.

A pesar de su calidad, no se trata de series interminables que, tras una primera temporada exitosa, tienden, inevitablemente a declinar. Todas ellas tienen pocas temporadas y se evita muñir la misma idea interminablemente hasta que se produce el inevitable desengaño que ha acompañado a algunas series norteamericanas (como ‘Homeland’) en temporadas sucesivas al inalcanzable éxito inicial. Algunas de estas series, simplemente, no han podido tener continuación a causa de los altos presupuestos que han debido afrontar; si se han cancelado no ha sido por falta de calidad sino porque la inversión realizada se ha recuperado de manera más lenta de lo esperado.

En ‘Jo’, la idea originaria es canadiense pero el desarrollo es anglo–francés, en ‘Hinterland’ y en ‘The Fall’, inglesa, en ‘The Killing’ danesa, ‘Club de Cuervos’ mexicana, solamente ‘Ascension’ es específicamente norteamericana, lo que demuestra que competir con Hollywood es posible, aun a costa de contar con la ayuda norteamericana en cuestiones de distribución. Lo único que echamos en falta es no haber visto alguna serie española similar. En Netflix hay pocas (‘Los hombres de Paco’, ‘Tiempo entre costuras’, ‘Águila Roja’ y unas cuantas más), pero casi mejor, se evidenciaría que en este género, y a pesar de que el cine policíaco español siempre ha tenido un buen nivel, las teleseries españolas están todavía muy por debajo en calidad, interpretaciones y ambiciones que las que hemos mencionado aquí. Entre los últimos recuerdos televisivos que tuvimos ocasión de ver en España, figuraba la olvidable ‘Olmos y Robles’… que ni en guionización, ni en interpretación, ni en fotografía, iban más allá de la triste mediocridad. Y es triste para los españoles que amaríamos ver alguna serie en nuestro acento.

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Amor DiBó

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

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