Frantz (2016), de François Ozon – Crítica

Frantz

«Frantz será apreciada por los amantes del cine romántico no acaramelado, los degustadores de dramas sin estridencias o quienes sienten que cien años después hace falta extraer todas las consecuencias de aquel conflicto para evitar otra guerra civil europea.»

Hace ahora 100 años, toda Europa (salvo Suiza, España y los Países Nórdicos) era un campo de batalla: desde febrero hasta agosto, los cañones no habían cesado de tronar en los campos de Verdún. En la tierra de nadie se habían acumulado casi un millón de muertos. En otros frentes la cosa no iba mejor: los ingleses habían reembarcado sus tropas en Galípoli (Turquía), Hindemburg vencía a los rusos en los Lagos de Masuria (Polonia), los submarinos alemanes hacían imposible cruzar el Atlántico sin pérdidas, y para colmo, Italia acababa de sumarse al conflicto y Rumanía declaraba la guerra al Imperio Austro-Húngaro… Un siglo después, el eco de todo este espanto se ha perdido, pero un director francés, François Ozon, lo ha aprovechado para componer una película cuyo eje central es la idea del perdón, de la culpa y de la redención por el amor.

Situémonos: un día en el frente del Marne, franceses y alemanes estaban desde el otoño de 1914 asaltando mutuamente sus trincheras, cañoneándose y masacrándose sin limitaciones. De todos los frentes, éste fue, sin duda, el que generó más bajas y que ha sido más reiteradamente tratado por la cinematografía (recordemos, por ejemplo, Senderos de Gloria [1957] de Kubrick inspirado en un episodio real, o Stosstrupp 1917 [1934] de Zöberlein, una respuesta “triunfalista” a la película tachada como “derrotista” Sin novedad en el frente [1930] basada en la novela de Erich Maria Remarke, sin olvidar el espeluznante Johnny cogió su fusil [1971] de Dalton Trumbo ). No faltan pues películas que hayan escenificado aquella masacre desde todos los puntos de vista.

La película de François Ozon –director que hasta ahora venía realizando comedias y películas muy irónicas sobre la condición humana hasta el punto de ser llamado “el Almodóvar francés”- se sale de las coordenadas de lo que hasta ahora había sido su cine. Si la comedia parisina es lo suyo, París sigue estando presente en esta cinta pero no en su dimensión festiva sino como juego de luces y sombras de postguerra. Porque en esta película el color es importante. El color dice tanto como el guión. Y no basta con decir que está filmada en blanco y negro: los tonos oscuros se imponen en los momentos de tristeza, angustia y depresión; en los que aparece un hueco para la esperanza, empiezan a dominar las claridades, las sombras parecen disiparse. Y en los momentos de exultante exaltación, se atisba el color. Ozon ha practicado un juego de los colores al que nunca hasta ahora se había atrevido. El resultado ha sido que un guión, aparentemente convencional, casi romántico, se convierte en una película pulcra, sutil y alejada del riesgo de la ñoñería y el melodrama almibarado.

Sin duda no es por casualidad que la película llegue en el centésimo aniversario de las batallas del Marne y de Verdún. Desde la derrota francesa en Sedán (1870), hasta la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial (1918), pasando por la nueva derrota francesa en el mismo territorio (1940), y terminando con la siguiente derrota alemana (1945), lo cierto es que ambos países se habían enzarzado una y otra vez, y otra más, en la disputa por el control de Alsacia-Lorena, rica en pirita de hierro y carbón. El acero que surge de la combinación de lo uno y de lo otro, es la alfalfa de la revolución industrial: quien quería potencia en aquel período histórico necesitaba de lo uno y de lo otro. Fue en 1948 cuando algunos espíritus conciliadores de Francia y Alemania empezaron a entender que si esta disputa seguía, y a la vista de la nueva arma nuclear, podía ser la última vez que se enfrentasen. De ahí la idea de la Unión Europea, idea que hoy está en crisis. La oportunidad de la película de Ozon es que nos recuerda –especialmente a franceses y alemanes – el riesgo de futuras discordias.

Pero este mensaje “político” es lo que subyace cuando el espectador sale de la sala y medita sobre lo que visto, cotejándolo con los hechos históricos y con el centenario que se celebra este año. Esta sería, en última instancia, una lectura histórica con un toque de atención para el presente; pero existen otras lecturas “de proximidad”. Veamos la más importante.

Un soldado francés mata a un alemán en cuyos bolsillos encuentra fotos y documentos que le llevarán a un pequeño pueblecito germano. La guerra ha terminado, pero los resquemores siguen a flor de piel. El soldado francés, busca, simplemente, hacerse perdonar por los padres y la novia de aquel oponente al que ha matado en cumplimiento de su deber. Y ese es el verdadero eje de la cinta: la idea del perdón. El protagonista lo necesita como necesita el oxígeno para respirar. No era un “soldado” de una pieza, adiestrado para matar y liberado de cualquier sentimiento de culpa; mata porque sigue órdenes, porque es lo que se espera de él. Sin embargo, para el protagonista, como para millones de soldados del frente, el espectáculo de la masacre que supuso aquella guerra, estaba por encima de sus posibilidades de resistencia psíquica. Era simplemente, un violinista reclutado a la fuerza y puesto a matar a otros como él por quienes no sentía absolutamente ningún odio, ni rencor. Su espíritu no resistió la prueba: en el rostro del adversario que había matado encontró el espejo de todos aquellos soldados anónimos a los que había disparado sin conocer. Luego necesitó que alguien le absolviera de aquellas muertes realizadas en nombre del patriotismo.

El segundo leit-motiv de la película es la idea de la mentira como vehículo para hacer digerible situaciones insuperables. En aquel pueblo alemán de postguerra que ha visto como muchos de sus hijos caían en el frente, la presencia de un enemigo era poco apreciada. Así pues, el soldado francés se ve obligado a mentir sobre los motivos que le han llevado hasta allí. Así mismo, la protagonista femenina mentirá en el último tercio de la película, desarrollada en territorio francés, sobre lo que está viviendo. ¿Es aceptable la mentira para evitar un daño mayor? Tal es la pregunta que plantea Ozon al espectador al acabar la cinta.

La película es un remake de una de las obras maestras de Ernst Lubitsch: Remordimiento (1932, The Broken Lullaby), interpretada por Lionel Barrimore. Ozon ha hecho que no añoremos aquella película y le ha dado un tono actual, evitando excesos sentimentaloides. En ambos casos, lo que nos presentan ambos directores con tres cuartos de siglo de distancia, es el testimonio de la guerra vista por los que no tenían nada que ganar ni que perder con ella y que, paradójicamente, fueron los que pusieron a los muertos. Es, pues, una película con mensaje pacifista, no muy alejada de los relatos de Remarke o de Zweig y muy alejada de quienes vieron en la guerra una prueba y una posibilidad de reflexionar sobre la condición humana y superarla (Jünger).

Hemos visto en los últimos años a Pierre Niney, el protagonista, en distintas cintas que han cruzado los Pirineos: junto a Banderas en Altamira (2016), como “Philip Cousteau”, el hijo del explorador de las profundidades submarinas en L’Odyssée de Jérôme Salle, representando a Yves Saint-Laurent en el biopic que le dedicó Jalil Lespert en 2014 (y por el que fue galardonado en varios festivales internacionales), en la revisión de Las nieves del Kilimanjaro realizada por Robert Guédiguian en 2011. Es un actor de aspecto frágil y delicado, ideal para asumir el papel de un hombre atenazado por la culpa y superado por situaciones de máxima tensión bélica.

La réplica le viene dada por la actriz alemana Paula Beer que, con apenas 21 años, ha aparecido ya en varios largometrajes y recibido por Frantz el premio Marcello Mastroiani en el pasado festival de Venezia.

Vale la pena recalcar la excelente fotografía y la ambientación detallista y rigurosa.

Película de mensaje pacifista que nunca lamentarán ver los pacifistas. Película que apreciarán mucho menos quienes creen en las fronteras nacionales y en la consideración del vecino como enemigo. Película que podrán apreciar todos aquellos amantes del cine romántico pero no acaramelado, los degustadores de dramas pero sin estridencias sentimentaloides o quienes sienten que cien años después hace falta extraer todas las consecuencias de aquel conflicto para evitar que otra guerra civil europea vuelva a convertir al continente en tierra quemada. Casi podría ser considerada como la conclusión que los protagonistas de Senderos de Gloria extrajeron al terminar la tragedia. Abstenerse los amantes del cine bélico. Esta película trata sobre los supervivientes cuando han callado los cañones y cesado la masacre.

Frantz

Sinopsis Una pequeña ciudad alemana, poco tiempo después de la I Guerra Mundial. Anna va todos los días a visitar la tumba de su prometido Frantz, asesinado en Francia. Un día, Adrien, un misterioso joven francés, también deja flores en la tumba. Su presencia suscitará reacciones imprevisibles en un entorno marcado por la derrota de Alemania…
País Francia
Director François Ozon
Música Philippe Rombi
Fotografía Pascal Marti
Reparto Pierre Niney, Paula Beer, Cyrielle Clair, Johann von Bülow, Marie Gruber, Ernst Stötzner, Anton von Lucke
Género Drama
Duración 113 min.
Título original Frantz
Estreno 30/12/16

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Calificación7
7

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Amor Díaz Boyero

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

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