La guerra del planeta de los simios (2017), de Matt Reeves – Crítica

«La guerra del planeta de los simios tiene algo de viaje y persecución, es ciertamente una película con escenas bélicas y de combate, los protagonistas tienen algo de épico y los paisajes por los que transcurre hubieran podido ser utilizados por Tarantino para rodar un western»

Casi nadie recuerda que El planeta de los simios fue una novela escrita por Pierre Boule en 1963, que ya había escrito once años antes otra que resultó extremadamente fotogénica: El puente sobre el río Kwai. No fue un escritor prolífico; en sus 82 años de vida apenas escribió seis relatos. Menos, desde luego, que versiones, remakes y reinterpretaciones que se han hecho en el cine de El planeta de los simios. Reconozco que cuando se anunció el estreno La guerra del planeta de los simios pensé: “¡Qué original! Otra de simios”. El primer planeta de los simios (el de Charlton Heston) cumplirá el año que viene el medio siglo de edad. Muchos nos maravillamos en aquella escena final en el que el desconsolado “Taylor” (Heston) prorrumpía en un lamento, mientras “Nova” (Linda Harrison) ponía su mejor cara de empanada, ante las ruinas de la Estatua de la Libertad. Desde entonces ha llovido mucho y vamos por la novena película que da vueltas en torno al mismo tema, sin contar los 14 capítulos de El planeta de los simios emitido por la CBS en 1974 y los 13 que siguieron de Regreso al planeta de los simios, serie emitida en esta ocasión por la NBC. Demasiado como para poder sorprendernos. Y, sin embargo, hemos experimentado cierta admiración por esta nueva entrega, la tercera, de esta revisión del tema originario. Reboot le llaman ahora.

Así como el remake se limita a ser una nueva versión de algo ya filmado anteriormente, sustancialmente fiel al producto originario, el reboot es, más bien, un nuevo comienzo de una película que no sigue forzosamente las líneas del producto originario en el que está inspirado. La guerra del planeta de los simios es la tercera parte de la trilogía iniciada con El origen del planeta de los simios (2011) de Rupert Wyatt y que siguió con El amanecer del planeta de los Simios (2014), dirigida por Matt Reeves. Se trata de una superproducción realizada con los mismos cánones de efectos especiales en 3D. El efecto no puede ser mejor. Pero hay que ir con cuidado con estas películas basadas en efectos especiales: puede ocurrir que todo el presupuesto se haya gastado en las infografías animadas y se haya descuidado el guión. No es este el caso de esta cinta dirigida de nuevo por Matt Reeves que es una síntesis de un buen guión, unos efectos especiales extraordinarios y un dinamismo narrativo que no decae en ningún tramo. 

En aquella remota primera entrega de El planeta de los simios pareció quedar claro que la rama humana había sufrido un proceso de involución, inverso al de los simios y que, finalmente, éstos eran los que habían terminado dominando la tierra y creando un relato sobre su propio origen. Aquello queda lejos. Se reconoce el tema de una raza que se rebela contra otra. No hay espacio ni para el multiculturalismo, ni para el mestizaje, sólo hay guerra entre humanos (que van siendo objeto de una mutación degenerativa que provoca la pérdida del habla) y simios que aceptan la dirección de “César”, una especie de revolucionario y libertador sediento de sangre y que busca venganza. Su enemigo mortal es “el Coronel” (Woody Harrelson) y la guerra a la que alude la película, termina siendo una lucha entre ambos. 

En sí misma, la historia es ágil, está bien explicada, la fotografía y los efectos especiales están al servicio de una trama bien construida y todo el problema estriba en saber si con los fotogramas cabalga algún tipo de mensaje o estamos asistiendo a un reboot en el que lo que prima es la aventura por la aventura. Esa es la parte que menos clara está. Posiblemente lo que director y guionistas hayan pretendido sea que el espectador se estruje las meninges y llegue él mismo y por sí mismo a una conclusión. Es una actitud aceptable. En la novela y en la película de 1968, el mensaje estaba claro: “cuidado, porque la humanidad tiene una increíble tendencia a autodestruirse y el evolucionado de hoy puede desaparecer víctima de sí mismo”. Este mensaje, obviamente, ya no vale para las siguientes reinterpetaciones y revisiones. En nuestra opinión no deja de ser significativo que la mutación que afecta a los humanos en La guerra del planeta de los simios afecte a la pérdida de la voz: uno de los atributos de lo humano es la palabra; perder la palabra supone aislarnos, incomunicarnos, perder uno de los elementos que forman el cemento de toda sociedad orgánica y estructurada racionalmente. Y este es el camino que lleva la civilización. Hoy, no parece muy de recibo que nos vayamos a embarcar en una guerra nuclear que nos destruya como ocurría en 1968, cuando el choque entre el Este y el Oeste, entre los EEUU y la URSS, puso a la humanidad en varios momentos al borde del holocausto nuclear; cada época tiene su particular visión del apocalipsis y en nuestro tiempo, da la sensación de que la incomunicación y el repliegue a lo individual, constituyen uno de los riesgos inesperados de nuestro momento histórico. Quizás –y digo, sólo quizás- este sea el mensaje que nos ha intentado transmitir el equipo que ha hecho posible La guerra del planeta de los simios. 

Woody Harrelson está brillante, estéticamente aparece como un tipo más duro que el pedernal, actúa y piensa como un militar. La música constituye el acompañamiento para las escenas más comprometidas y siempre el compositor, Michael Giacchino, sale airoso de la prueba.

¿Falta algo en esta película? Rotundamente Sí. Falta la imagen definitiva, la escena que quede impresa en píxeles de oro en la historia del cine, como la escena de Heston ante las ruinas de la Estatua de la Libertad, una imagen que quedó fijada en nuestra retira y que nos llevamos a nuestra casa como recuerdo imborrable. 

La guerra del planeta de los simios tiene algo de viaje (road movie) y persecución, es ciertamente una película con escenas bélicas y de combates, los protagonistas tienen algo de épico (tanto “el Coronel” como “César”) y los paisajes por los que transcurre hubieran podido ser utilizados por Tarantino para rodar un western. Reeves, el director, y Dylan Clark, el productor, se inspiraron en varias películas para extraer elementos. Fueron a parar –lo reconoce el propio Clark- a El puente sobre el río Kwai que les sirvió para construir la relación entre ambos protagonistas que seguía el mismo patrón que la mantenida por Alec Guines (“el coronel Nicholson”) y Sessue Hayakawa (“el coronel Saito”). El guiño final para cinéfilos es el hecho de que la niña que aparece se llame “Nova” como la compañera de “Taylor” (Charlon Heston) en la película de 1968…

Que habrá secuela en un par o tres de años es algo que nadie duda: el cuerpo pide saber qué será de esta “Nova” cuando cumpla los 18 años. Uno de los protagonistas, Andy Serkis (irreconocible tras su caracterización como “César”) dijo hará unos meses cuando empezó la promoción de esta cinta: “Podrían ser tres películas. Podrían ser cuatro. Podría ser de cinco. Quién sabe si el viaje continuará”… Así pues, está claro: La guerra del planeta de los simios no es el final, es solamente otra etapa. Una etapa afortunada, añadimos.

Sinopsis César y sus monos son forzados a encarar un conflicto mortal contra un ejército de humanos liderado por un brutal coronel. Después de sufrir pérdidas enormes, César lucha con sus instintos más oscuros en una búsqueda por vengar a su especie. Cuando finalmente se encuentren, Cesar y el Coronel protagonizarán una batalla que pondrá en juego el futuro de ambas especies y el del mismo planeta.
País Estados Unidos
Director Matt Reeves
Guion Mark Bomback, Matt Reeves (Novela: Pierre Boulle)
Música Michael Giacchino
Fotografía Michael Seresin
Reparto Andy Serkis, Woody Harrelson, Steve Zahn, Judy Greer, Gabriel Chavarria, Max Lloyd-Jones, Terry Notary, Sara Canning, Ty Olsson, Devyn Dalton
Género Ciencia ficción
Duración 142 min.
Título original War for the Planet of the Apes
Estreno 12/07/2017

Calificación8
8

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Amor Díaz Boyero

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

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