6º día en la Seminci: La pazza gioia, Madre solo hay una

 La pazza gioia

La presión de la abundancia de dramas que sacuden la sección oficial de esta edición de la SEMINCI se vio disipada por la presencia de La pazza gioia. Una película enérgica que nos habla del pesar del tiempo, de la locura y de la alegría de vivir. La vida de Beatrice, internada en retiro psiquiátrico, se ve alterada (más aún) con la llegada de una joven depresiva con un pasado negro. La progresiva unión entre ambas las llevará a fugarse del centro en el que se encuentran recluidas para sanar los errores del pasado así como para volver a sentir el mundo más allá de cuatro paredes. La relación entre las dos mujeres da lugar a una comedia inteligente que muestra el bienestar que produce el hecho de vivir según tus propios criterios, sin restricciones de ningún tipo. Paola Virzi consigue sacar de las intérpretes Valeria Bruni-Tedeschi y Micaela Ramazzotti toda la pasión que llevan dentro. Y es que el peso de toda la película recae sobre la fusión entre los dos personajes, los cuales van desplegando una complejidad cada vez mayor. Los temas del poder que ejercen las instituciones psiquiátricas sobre sus pacientes y de la fragilidad de la frontera entre la locura y la cordura se desprenden de una obra que manifiesta que el aislamiento de aquellos considerados locos crea más problemas de los que soluciona.

Después de este momento de esparcimiento que supuso la proyección de La pazza gioia, fue la realizadora brasileña Anna Muylaert quien se ocupó de devolvernos a las sombras con Madre solo hay una, un drama que narra los cambios que sufre Pierre, un adolescente que acaba de descubrir que fue robado tras su nacimiento. Este acontecimiento sirve como excusa para que Muylaert muestre el proceso de autoconocimiento de un joven ambiguo sexualmente (que según nos dice la propia directora es representativo de toda una juventud brasileña que comienza a abrirse a este tipo de cuestiones) que no sabe ni quién es ni lo que quiere en la vida. Su ritual diario según el cual se viste con ropas de mujer y el rechazo a sus padres biológicos a los que acaba de conocer son mostrados como síntomas de una fragilidad identitaria que afecta a toda una generación. Pero el mérito de la cineasta se queda simplemente en el profundo ahondamiento en un personaje profundo, creando una obra simple e inocente en sus formas.

Madre sólo hay una

Madre sólo hay una

La sencillez de Madre solo hay una se torna portentosa si es comparada con Dokhtar, película de Reza Mirkarimi que aborda la lucha por la libertad de Setareh, una niña de la alta sociedad iraní que vive resignada ante el carácter estricto de su padre. Dokhtar es una película tremendamente superficial que pretende sin éxito ahondar en las relaciones de familia de un Irán cada vez más modernizado. El debate en torno a la ausencia de libertades y el exceso de protección de la mujer en oriente medio que se plantea en esta cinta es zafio se vuelve cada vez más zafio. Dokhtar no dice nada. Solo alguna toma grandilocuente fija la retina en la pantalla, pero como se suele decir, un plano no salva una mala película.

Más allá de la sección oficial, el sexto día de la SEMINCI estuvo dedicado al cine chileno. Una mesa redonda entre cuyos participantes se encontraban los directores Jorge Yacoman, Macarena Aguiló y Che Sandoval. Las intervenciones estuvieron centradas en analizar el cine chileno que se ha ido constituyendo en los últimos quince años. Tras el debate, tuvo lugar la proyección en los cines Brodway la última película de Che Sandoval, titulada Soy mucho mejor que voh y estrenada en 2013. Esta comedia salvaje y agresiva sigue la vida de un parias sin dinero y cuya mujer acaba de dejarle solo. La cámara sigue de cerca la figura de Cristóbal, acompañándole en sus salidas nocturnas y sin dejar lugar para su intimidad. Los primeros planos son constantes y registran una serie de conversaciones absurdas y subidas de tono que buscarán simple y llanamente la provocación del espectador. El personaje icónico del fracasado es tratado de manera inteligente por este joven director. Una película con fuerza y gracia que, pese a utilizar un lenguaje chileno muy cerrado, tiene la capacidad de llegar a todo tipo de público.

Soy mucho mejor que voh

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Pablo Castellano

"-¡Qué extraña forma de hacer la cama! -Lo vi en una película. Para eso sirven las películas!"

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