Black Mirror: Be Right Back

Hayley Atwell en Be Right Back

En 2011 llegó una miniserie compuesta por tres capítulos independientes entre sí llamada Black Mirror.

El nexo de unión entre estas tres historias era una reflexión sobre la amenaza de las nuevas tecnologías y de los medios de comunicación. Cada una de ellas constituía una pequeña película de 40 minutos, de una calidad y una profundidad analítica y crítica admirables. Juntas, sin embargo, conformaron una visión pesimista y estremecedora del ser humano, cuya simbiosis con la tecnología lo había deshumanizado.

Este tema ha sido tratado en otras ocasiones, pero difícilmente puedo recordar un ejemplo de una verosimilitud, una cercanía y una inteligencia similares. Y con cada uno de los tres capítulos, la exhibición de talento de su creador (ayudado por diversos directores) se me antojaba más y más sorprendente.

Be Right Back es el primer capítulo de la segunda temporada. Y el nivel, de nuevo, es excelente (cierto es que las otras dos historias que la completan, White Bear y The Waldo Moment, aunque siendo interesantes, no logran hacerle sombra).

Si anteriormente Brooker se cuestionaba la deshumanización que sufrimos, preguntándose por la diferencia entre nosotros y las máquinas cuando desaparece aquello que nos hace humanos (entiéndase los sentimientos y la libertad), ahora en Be Right Back parece querer ir más allá todavía.

Ahora, a este proceso se le añade el contrario: la humanización de las máquinas. No es una humanización real, ya que sólo adoptan la apariencia y el comportamiento de una persona, nunca lo que fluye por dentro de esta.

Sin embargo, la sensación resultante en el espectador es de una terrible confusión, al sumergirse en un escenario donde es difícil diferenciar la carne del metal, los sentimientos espontáneos de los mecanismos programados.

Hayley Atwell y Domhnall Gleeson

Martha, pierde a su novio Ash en un accidente de tráfico, y se encuentra con la posibilidad (“terapéutica”) de sustituirlo (“temporalmente”) por un software que recopila toda la información que este ha dejado en las redes sociales para conformarse una personalidad muy semejante a la del difunto. De esta manera, Martha puede recuperar parcialmente a Ash, o al menos aliviar el dolor de su ausencia.

De manera rápida, casi espontánea, nos horrorizamos ante semejante panorama. Compartir tu vida, tus pensamientos, tus emociones, lo más íntimo, lo más personal con alguien que no es alguien sino algo, que no es otra cosa que un sistema informático que simula una vida.

Sin embargo, vemos que los sentimientos que este produce en Martha son reales, y nos preguntamos: ¿es entonces real la vida que esta viviendo Martha? Parece claro que al menos lo es en parte. Pero ¿donde va a parar todo lo que Martha dice o hace si su receptor en verdad no existe?

Calificación7.5
7.5

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Arturo G. Maiso

Viajero y cinéfilo. Director de Marketing en una plataforma de financiación participativa, CEO de AGM Comunicación Multimedia y director de El Cine en la Sombra.

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