Casablanca (1942): Detalles desconocidos de la película más icónica

El proyecto comenzó al día siguiente del ataque japonés contra Pearl Harbor, fecha en que Estados Unidos entró en guerra.

Casablanca, estrenada el día de Acción de Gracias de 1942, está ambientada en el Marruecos Francés de la II Guerra Mundial, durante la Guerra del Desierto (1940-43) entre las potencias del Eje y las Aliadas. Es un exponente del cine clásico, de los años 40 en Hollywood, con un ambiente cargado de escepticismo, sutileza, glamour y conmoción emocional. El proyecto comenzó al día siguiente del ataque japonés contra Pearl Harbor, fecha en que Estados Unidos entró en guerra. Warner buscó producir películas patrióticas. En tiempos de guerra Hollywood estrenó unas 2.000 historias bélicas. El Gobierno hizo un informe donde señala que Casablanca presenta a “Estados Unidos como refugio para los oprimidos”. Y que el personaje de Rick “muestra que el deseo personal se debe subordinar al objetivo de derrotar el fascismo”, ya que deja marchar a Ilsa con el jefe de la resistencia y favorecer la causa.

En 1938, Burnett paró en un club al sur de Francia donde vivían franceses, nazis y refugiados. Creó una obra de teatro. Al no encontrar un productor en Broadway, Burnett y Alison la vendieron a Warner por 20.000 $. Un récord para una obra no producida, especialmente si pensamos que fue creada por escritores desconocidos. Se cree que los guionistas Julius y Philip Epstein trabajaron la estructura y los diálogos, mientras Howard Koch estudió el tratamiento político. Lo cierto es que los gemelos escribieron el primer borrador, aunque Wallis -productor- decidió contar con Koch al verlos sobrecargados de trabajo con los documentales de propaganda de Frank Capra, Why We Fight (1942-1945). Koch fue el autor de la adaptación de la novela La guerra de los mundos (1938), un episodio de radio dirigido y narrado por Orson Welles.

Lo más llamativo era la actualidad del mensaje. Los productores adelantaron el estreno -previsto para la primavera de 1943-, porque a finales del 42 la ciudad había caído en manos aliadas. Ahora se percibe como una historia romántica. Casablanca ocupa el primer puesto en del ranking “Mayores historias de amor”, elaborada por el Instituto Americano del Cine (AFI), por delante de las que tratan exclusivamente un romance como Love Story (1970) o An Affair to Remember (1957).

Casablanca

En 1942, se apreciaba como una misiva política. Rick (Humphrey Bogart), excombatiente de la Guerra Civil española, es un taciturno dueño de club. Vira su narrativa hacia la corrección moral, a pesar del desamor y sus tinieblas interiores, para que triunfe la resistencia. Una metáfora de lo que Estados Unidos podía lograr si abandonaba el aislacionismo. Curiosamente, la película alcanzó mayor repercusión a partir del 57, cuando la sala de cine The Brattle, en Cambridge, la reprogramó. Los estudiantes de Harvard y otras universidades asistieron a reestrenos durante épocas de exámenes finales. Al ser víctimas del Golden Age, le dieron el esplendor de clásico.

La obra original trata la resistencia antinazi y pro-francesa antes de la entrada de Estados Unidos en la II Guerra Mundial, aunque la narración fílmica elabora un microcosmos de historias particulares que son espejo de la situación en Europa. Una ciudad del protectorado francés de Marruecos -que dependía del régimen de Vichy-, donde los refugiados provenientes de toda Europa esperaban un permiso para volar a Portugal, y de allí al soñado Estados Unidos. Los refugiados son de Centroeuropa, los franceses tienen una actitud cómplice con los nazis, los malos son alemanes e italianos. Para la adaptación se cambió la nacionalidad de Elsa, de estadounidense a noruega, pues el Código Hays prohibía mostrar cómo una mujer abandona a su marido. Este código, creado por la asociación de productores cinematográficos de Estados Unidos, fue aplicado entre 1930 y 1967. William Hays, uno de los líderes del Partido Republicano del momento, escribió estas reglas restrictivas sobre lo que se podía ver, o no, en pantalla.

Warner Bros. con Casablanca pretendía repetir el éxito de Argel (1938), de John Cromwell, producción de Metro-Goldwyn-Mayer, concebida como una sofisticada mezcla de intriga, exotismo y romance. Sustituyeron la casba argelina por la ciudad marroquí, continuando la senda de filmes propagandísticos donde los nazis y la Resistencia eran parte central de la trama. También influenció el glamuroso y atractivo estilo de Gran Hotel (Edmund Goulding, 1932).

La película no tenía un guion definido, fue escrito en plató día a día. Aunque algunas fuentes aseguran que el director tenía un guion pero hizo creer a los actores que no sabía el final para que tuvieran el mismo desconcierto que sus personajes. Los diálogos están repletos de ironía y sutileza, algunas frases famosas son: “Siempre nos quedará París”, “Arresten a los sospechosos habituales” o “Presiento que este es el comienzo de una gran amistad”. La frase “Tócala de nuevo, Sam” se atribuye al personaje de Rick, pero ningún personaje la dice. Elsa (Ingrid Bergman) pide “Tócala, Sam. Toca Según pasa el tiempo”, y más adelante Rick dice: “La tocaste para ella, la puedes tocar para mí”. La frase “Tócala de nuevo, Sam” es el título original de la película Sueños de seductor (1972), de Woody Allen, y también la dice Vienna en Johnny Guitar (1954).

El crédito al trabajo de Francis J.Scheid, director de sonido, hay que sumarlo al compositor Max Steiner, quien saltó a la fama por crear la música de Lo que el viento se llevó (1939). La canción As time goes by, un melancólico standard compuesto en 1931 por Herman Hupfeld, fue incluida en la obra de teatro original de Burnett y Alison. Steiner quería reemplazarla por una canción propia, cuando quiso hacerlo Ingrid Bergman ya se había cortado el pelo para protagonizar a María en Por quién doblan las campanas (1943) y no podían volver a rodar. Según el American Film Institute, es la segunda canción más popular del cine, siendo el primero Over the Rainbow, cantado por Judy Garland en El mago de Oz (1939).

Se puso especial hincapié en la fotografía de Ingrid Bergman, casi siempre de perfil izquierdo, el preferido por la actriz. La primera opción para acompañar a Bogart no fue Bergman sino Ann Sheridan, ya dirigida por Curtiz en Ángeles con caras sucias (1938). También se optó por la actriz de Argel (1938), Hedy Lamarr, quien tenía exclusividad con la Metro. La fotografía en blanco y negro de Arthur Edeson, plagada de aciertos expresivos, se ve realzada por elementos como el esmoquin blanco de Rick. Anteriormente, Edeson había trabajado en una versión de Frankestein (1931) y El halcón maltés (1941).

El cine clásico tiende a tratar a su público como pasivo, no espera que relacione elementos y saque conclusiones. Por ello, un narrador introduce el contexto espacio-temporal, que no aparece en la obra original. Otro uso de sonido diegético es el himno de Francia que suena al principio y al final. Una clara referencia a La gran ilusión (1937), de Jean Renoir, donde se utilizó este himno contra los alemanes.

IMITACIONES Y PARODIAS

Casablanca ha sido imitada e incluso parodiada: Una noche en Casablanca (Archie L. Mayo, 1946) fue una comedia de los Hermanos Marx, parodió tanto la original que fue denunciada por Warner. Casablanca Who Holds Tomorrow? (John Peyser, 1955), fue una serie de televisión para ABC dentro del espacio Warner Bros Presenta. Casi 30 años después, la NBC con un gran presupuesto y rescatando los decorados originales produjo la serie Casablanca (Robert Lewis y Ralph Senensky,1983), cancelada en el tercer capítulo. Los Looney Toones hicieron una adaptación en 1995, Carrotblanca, dirigida por Douglas McCarthy.

Escenas como las del bar o el aeropuerto han sido referentes, por ejemplo, para Robert Zemeckis en Regreso al futuro II (1989). El final también influenció en desenlaces como Sueños de un seductor (Herbert Ross, 1972) o El buen alemán (Steven Soderbergh, 2006). Ha sido homenajeada en Cuando Harry encontró a Sally (Rob Reiner, 1989) o Gremlins 2: La nueva generación (Joe Dante, 1990).

Sueños de un seductor (1972) y Regreso al futuro II (1989)
Sueños de un seductor (1972) y Regreso al futuro II (1989)

En Pasaje a Marsella (Michael Curtiz, 1944) homenajearon diversas secuencias. Tener y no tener (Howard Hawks, 1944) emuló tantas escenas que se le ha considerado spin off de Casablanca. En busca del arca perdida (Spielberg, 1981) se vio influenciada en la introducción, los escenarios y el personaje de Rick, gran parte de Indiana Jones es herencia de éste. Por ejemplo: el smoking blanco con el que se presenta en El templo maldito (Spielberg, 1984). En Habana (Sydney Pollack, 1990) también se utiliza la esencia y los gestos de este personaje para Robert Redford. Martin Scorsece presenta a Robert de Niro en Casino (1995) de forma parecida al personaje de Rick.

El templo maldito (1984), Tener y no tener (1944) y Casino (1995)
El templo maldito (1984), Tener y no tener (1944) y Casino (1995)

François Truffaut consideró rodar un remake, aunque la consideraba inferior a títulos de Bogart como Tener y no tener (1944) o El sueño eterno (1946), ambas de Howard Hawks. Fue calificada uno de «los 100 más grandiosos filmes de los últimos 80 años» por la revista Time. En 1989, el National Film Registry la seleccionó para preservarse en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos al ser «cultural e históricamente significativa». En el año 43 estuvo nominada a ocho Óscar, consiguió los premios a Mejor película, Mejor director y Mejor guion adaptado. En 1997 el American Film Institute, tras consultar a 1.500 expertos de cine estadounidense, la nombró segunda mejor película nacional tras Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941).

Etiquetas Cine Clásico

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Alba Puerto

Estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual; me interesa la política internacional, la cultura, los movimientos sociales y la innovación tecnológica. Por ello soy articulista en medios digitales, locutora, columnista y Coordinadora General de un proyecto de UNICEF dentro de las universidades españolas.

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