4º día en la Seminci: La madre, Aquarius

La madre

La madre

No se trata de crisis, sino de una guerra económica que nos supera, nos dice el director Alberto Morais sobre su esperada película La madre. Se le ponga el nombre que se quiera, el hecho de tocar fondo vuelve a ser tema en el cine español. Morais nos trae con La madre una obra que, más que de crítica social, ahonda de manera descriptiva y analítica en la sociedad española de nuestro tiempo. Una madre, o la falta de ella más bien, es la base sobre la que se apoya este cineasta para mostrarnos en la gran pantalla el deambular de un niño de catorce años, su hijo, para encontrar un sentido a la vida que se le antoja huidizo. Miguel acaba de escapar de un centro de acojida para poder estar con su madre, pero son la inestabilidad de esta así como los problemas con la fiscalía las causas que le sacan a la calle en busca de una antigua pareja de su progenitora para que el chaval pueda ya no rehacer su vida, sino comenzar a hacerla. La madre nos recuerda, aunque el director se empeñe en relegar a un segundo plano estas líneas de semejanza ante la fatal insistencia de la crítica en sacar comparaciones permanentemente, al cine social de los hermanos Dardenne tanto en forma como en contenido, así como a Los 400 golpes de Truffaut, en cuanto se trata de un niño que refuerza su individualidad ante la falta de una figura materna. Una cámara en mano continuamente pegada al cuerpo del protagonista, o a su piel como nos dice el cineasta, sigue los pasos de este, ya sea vendiendo pañuelos, recogiendo troncos de madera o robando cuando le resulta necesario. La madre era una de las películas más esperadas de esta edición de la SEMINCI, ya sea por la escasa presencia del cine español en la sección oficial o bien porque el realizador de la cinta tenga sus raíces en Valladolid. Es por ello que quizá, después de tanto bombo, La madre no haya cumplido las altas expectativas que los medios le habían impuesto. Al fin y al cabo, la última película de Alberto Morais es una obra que retrata la dicotomía cada vez más habitual de un joven que no sabe si permanecer en un hogar completamente destrozado mediante esa fuerza filial que une a las familias en cualquier tipo de situación o, si por el contrario, lograr un sufrido desarraigo para poder sobrevivir en un mundo complejo.

Aquarius

Aquarius

La voz de Morais se silencia ante Aquarius, película brasileña que golpeó cuerpos y conciencias. Aquarius retrata la vida de una mujer que ha padecido cáncer de mama en su juventud y que a su edad madura decide hacer frente a una constructora que intenta arrebatarle el piso en el que han vivido varias generaciones de su familia. Una historia aparentemente simple y pesadamente realista pero que deslumbra por el carácter de la protagonista. Una mujer que supera los sesenta y que atrapa y zarandea como pocos personajes logran. Una personalidad compleja interpretado por una Sonia Braga que no te deja ni apartar la mirada de la pantalla. Sus dos horas y media de duración parecen un suspiro. Aquarius es de esas películas que reafirman el amor por el cine, por esa sensación de no poder de dejar de ver vidas que no son la tuya.

La ciénaga: entre el mar y la tierra

La ciénaga: entre el mar y la tierra

La jornada, en cuanto a la sección oficial se refiere, concluyó con La ciénaga: entre el mar y la tierra, película de Carlos del Castillo y con guión de Manolo Cruz, quien interpreta también el papel protagonista. Alberto es un chaval de 25 años que vive postrado en una cama por causa de una enfermedad en sus músculos y tendones. Su objetivo es estar en el mar, lugar por el que vivió y murió su padre. La historia nos muestra la cruda existencia del joven, las idas y venidas a su casa de la chica que en otras condiciones habría sido su amor de juventud, la paciencia y dedicación de una madre que sufre por su hijo. Difícil de enfrentarse a ella pese a su inmensa fotografía así como a sus armónicos encuadres, La ciénaga es una obra extremadamente dura que te hace apreciar la vida. Una terapia efectiva que usamos a menudo: ver el mal ajeno para, al no sentirnos dentro de él, poder disfrutar más puramente nuestra existencia.

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Pablo Castellano

"-¡Qué extraña forma de hacer la cama! -Lo vi en una película. Para eso sirven las películas!"

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