De latir, mi corazón se ha parado (2005): Acordes interrumpidos

De latir, mi corazón se ha parado es una vibrante película que contiene todas las claves del cine de Audiard





Ganadora de 8 Cesar del cine francés

Título de poética sonoridad, De latir, mi corazón se ha parado supuso en 2005 la confirmación de Jacques Audiard como uno de los más destacados cineastas franceses de nuestro tiempo, una condición que ha reafirmado a lo largo de su trayectoria con títulos de la relevancia de Un profeta (2009) y Dheepan (2015).

Un apasionado y vibrante relato, moldeado a través de un depurado estilo visual.

Con la idéntica y contradictoria intensidad que sugiere su título, De latir, mi corazón se ha parado sigue el periplo de un joven que se debate entre muy distintas realidades, perfilando un penetrante y matizado retrato de este personaje, al tiempo que una implacable descripción del entorno por el que transita, los márgenes del sistema inmobiliario de París. Una obra con la que Audiard logra dar forma a un apasionado y vibrante relato, moldeado a través de un depurado estilo visual, y que en su momento fue reconocido con ocho Cesar del cine francés.



Una película sobre contradicciones

De latir, mi corazón se ha parado se inspira en el largometraje Melodía para un asesinato (1978) de James Toback, un argumento que Audiard adapta con habilidad del entorno de la delincuencia italoamericana del Nueva York de los años setenta al París de principios de este siglo.

De latir, mi corazón se ha parado se enmarca en una realidad que sigue latente, la lacerante especulación inmobiliaria, a la que se dedica Tom –Romain Duris- con aparente desenvoltura, con métodos que no descartan la extorsión y el desalojo violento de edificios. Un ambiente de fraudes y delitos a baja escala en el que sigue los pasos de su padre –Niels Arestrup-. Audiard describe este marco con rápida y ajustada precisión en las primeras secuencias, para adentrarse en su verdadero interés: las distintas contradicciones que esconde este personaje, en especial su pretensión de retomar los estudios de piano para convertirse en concertista, la profesión de su madre antes fallecer. Un secreto anhelo radicalmente alejado de la dinámica en la que se encuentra inmerso.

Audiard va descubriendo las contradicciones del protagonista, una penetrante visión para la que cuenta con la entrega y el estilo que desprende Romain Duris.

Audiard estructura el film a través de una sucesión de secuencias que se contraponen y complementan, adentrándose en los conflictos interiores que vive el personaje protagonista, y que suponen el avance del hilo narrativo. Tom se debate entre las obligaciones hacia su padre y el recuerdo de su madre identificado con el piano, su interiorizada manera hostil de relacionarse y los destellos de sensibilidad latente que muestra en otros momentos, la música electro que escucha en sus cascos frente a las sonatas de piano que ensaya una y otra vez. Su continua crispación en los negocios se contrapone a la serenidad que desprenden sus lecciones de piano –estupendas las escenas con su profesora china, con la que progresivamente consigue entenderse mediante la música-, sucediéndose a sus momentos de ira contenida los instantes de soledad, en los que sueña con dedicarse al piano como una vía de escape. A través de estas secuencias, Audiard va descubriendo las contradicciones de este personaje, una penetrante visión para la que cuenta con la entrega y el estilo que desprende Romain Duris, un actor que logra componer los matices del personaje de Tom con la energía y la sensibilidad necesarias.

La película se inspira en el largometraje Melodía para un asesinato (1978), de James Toback.

La cámara de Audiard sigue con insistencia los distintos movimientos de Tom, presente prácticamente en cada uno de los fotogramas de la película, con profusión de primeros planos y el uso constante de la cámara en mano como medio aproximativo. Unos primeros planos que enmarcan el rostro de Romain Duris desde diferentes ángulos, tratando de capturar sus mínimas reacciones, los casi imperceptibles cambios de expresión en su mirada, intentando demoler cualquier barrera para adentrarse en el interior del personaje, en los recónditos deseos, dudas y conflictos en los que está inmerso.



La música como medio de salvación

Un ejercicio de introspección de intensidad similar al que Audiard realizó años más tarde con el personaje encarnado por Marion Cotillard en De óxido y hueso (2012). Unas imágenes cercanas a la sensación física, y que tiene en las manos de Tom otro de los objetivos de la cámara –una sucesión de planos que recuerdan a Pickpocket (1959), de Robert Bresson, el cineasta que de forma más hermosa ha filmado las manos en pantalla-. Los dedos de Tom agitan nerviosamente un mechero, imitan frenéticamente los movimientos del piano sobre la barra de un bar, acarician a una mujer, se deslizan suavemente sobre una partitura, e incluso en ciertos instantes, imitando los movimientos de una sonata ante una pantalla, recuerdan a unas manos vampíricas que ondeaban seductoramente, la música como un medio atrayente al que Tom desea entregarse.

La melancólica música del compositor Alexandre Desplat se combina con varias sonatas para piano y una potente selección de temas musicales, pasando la música a un primer término de la narración.

El palpitante recorrido de Tom a lo largo del metraje se envuelve en un portentoso y sugerente estilo visual, uno de los signos de identidad del director, tanto por las poderosas imágenes como por su complejo montaje sonoro. La melancólica música del compositor Alexandre Desplat se combina con varias sonatas para piano y una potente selección de temas musicales, pasando la música a un primer término de la narración en algunos momentos. Unos juegos de luces y sombras saturados envuelven en ciertos instantes el rostro de Tom, al tiempo que unas transiciones en las imágenes recuerdan a los propios latidos de un corazón. Un personaje que se dirige desde esta oscuridad hacia una necesaria catarsis, que empujará a Tom a encontrar en la música su medio de salvación.



Claves en la filmografía de Audiard

De latir, mi corazón se ha parado contiene algunas de las constantes que recorren la filmografía de Audiard, y que ocupan un primer plano en otros de sus largometrajes. El universo de la delincuencia organizada es abordado en profundidad en la soberbia Un profeta, mientras que las difíciles circunstancias de los inmigrantes que son desalojados de forma violenta, vistos tan sólo de forma tangencial, son reflejadas con hondura con Dheepan. Estas realidades están presentes en De latir, mi corazón se ha parado, tal vez la película que de forma más personal y precisa contiene las claves de su filmografía.

El plano de unos dedos ensangrentados siguiendo la melodía de un piano será la significativa imagen que defina el tortuoso recorrido.

La cámara en constante movimiento de Audiard, reflejo de la inquietud e insatisfacción de Tom, finalmente logrará alcanzar la serenidad. El plano de unos dedos ensangrentados siguiendo la melodía de un piano será la significativa imagen que defina el tortuoso recorrido de este personaje hacia su redención.



Ficha de la película

País Francia
Dirección Jacques Audiard
Guion Tonino Benacquista, Jacques Audiard
Música Alexandre Desplat
Fotografía Stéphane Fontaine
Reparto Romain Duris, Aure Atika, Emmanuelle Devos, Niels Arestrup, Jonathan Zaccaï, Gilles Cohen, Anton Yakovlev, Mélanie Laurent, Linh Dan Pham, Etienne Dirand, Serge Onteniente
Género Drama
Duración 107 min.
Título original De battre mon coeur s’est arrêté



Trailer

Calificación8
8

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