Filmadrid – Día 9: Men at work, António um dois três

El riesgo siempre ha sido una seña de identidad de la programación de FILMADRID. Y la novena jornada ha servido para ver las dos caras de este atrevimiento. Para comenzar el día, se presentaban dos películas del Foco dedicado a la comedia y el absurdo en el cine iraní. Una sesión nefasta. Como celebrado invitado por el equipo del festival, aterrizaba en Madrid el director, guionista y actor iraní Mani Haghighi. Visita aprovechada para introducir y discutir dos de sus obras: Men at Work (2006) y Modest Reception (2012), la peor película de FILMADRID. Menos mal que justo después llegaba la deliciosa António um dois três (2017) de Leonardo Mouramateus para quitarnos el mal sabor de boca. Pues a veces se mezclan joyas y piedras en lo desconocido. Existe el riesgo de poder decidir erróneamente.


‘MEN AT WORK’ (2006), DE MANI HAGHIGHI – FOCO COMEDIA Y ABSURDO EN EL CINE IRANÍ

Camino a una estación de esquí, cuatro hombres viajan por un aislado paisaje montañoso. Para amenizar el camino, las conversaciones surgen en torno a las relaciones sentimentales de cada uno. Soledad, ilusión, enamoramiento y estabilidad. Cuatro vidas y cuatro etapas. Porque el porvenir de este grupo de amigos parece tomar direcciones independientes. Evidentes desvíos hasta que encuentran una gran roca al borde de un precipicio. Una llamativa situación que llama a intentar tirarla. Empresa que servirá como su punto de apoyo, debiendo trabajar en equipo para derribarla. Una tarea absurda que les llevará al límite. Pues Men at Work (2006) de Mani Haghighi es sobre todo un estudio de personajes. Una película que nació de una idea del maestro iraní Abbas Kiarostami. Después de escribir una primera versión del guión, este le cedió a Haghighi la realización de esta obra moral. Pero cuenta el director que Kiarostami no se despegó del rodaje, sino que fue parte activa de la producción. Hasta el punto de llegar a preguntarse si la película era suya o de su mentor. Para comprender las condiciones sobre las que se concibió Men at Work, dos elementos se postulan claves. Primero, la singular localización escarpada, encontrada por el propio Kiarostami, donde convergen carreteras de diferentes alturas alrededor de la roca. Y segundo, el carácter de bajo presupuesto de la cinta, sin ningún alarde visual. Escasez de medios con una finalidad clara, imitar la grabación realizada por otro integrante de la pandilla. De esta forma, se consigue la inmersión del espectador en el relato y se destaca su guión. Un planteamiento cuyo tema principal es la solidaridad, ponerse en el lugar del otro. A lo largo de los esfuerzos por hallar una forma de vencer a la naturaleza, cada hombre se enfrentará a alguna vicisitud que ponga a prueba su capacidad de empatía. Desde humillar a un amigo a despreciar el dolor ajeno. Todo por una simple e intrascendente roca. Aparente diversión transformada en obsesión. Pues es muy triste cuando olvidamos a nuestros compañeros por cualquier motivo trivial. Una roca para ver nuestro interior.


‘MODEST RECEPTION’ (2012), DE MANI HAGHIGHI – FOCO COMEDIA Y ABSURDO EN EL CINE IRANÍ

Un coche transita por una región rural iraní destrozada por la guerra. En él, un hombre y una mujer buscan aldeanos para concluir su misión. Deben repartir todas las bolsas cargadas de dinero que abundan en su maletero. Únicamente hay una regla: “Una bolsa por persona”. Con esta finalidad, la pareja humillará a todos los lugareños hasta que acepten su limosna. Pues el protagonista de la cinta define su empresa como un examen de la miseria. Un planteamiento que busca provocar rabia mediante una violencia injustificable. Porque resulta grave que la crueldad no tenga mensaje ni motivo. Tras el visionado, el director Mani Haghighi explicó sus ideas detrás del proyecto. Ante la repulsión patente en el ambiente, el realizador y guionista iraní calificó a Modest Reception (2012) como un ataque a los espectadores. Una motivación verdaderamente desagradable. Siguiendo con las circunstancias en torno a esta cinta, contó una anécdota acontecida en la Berlinale. Después de estrenarse, una señora le pegó con un paraguas en la cabeza. Situación que le resulta divertida, pues señalaba que no se debe confundir entre la ficción y la realidad. En la película, él interpreta a un psicópata. Papel aceptado a falta de diez días del comienzo del rodaje, debido a que todos los actores a los que se les había ofrecido rechazaron. Quizá la señora no le pegará porque le confundiese con el personaje, sino por su desalmada mirada como director. A su lado se encuentra otro sádico personaje, interpretado por la gran actriz Taraneh Alidoosti. Intérprete embarcada en el proyecto gracias a la amistad que le une a Haghighi por sus colaboraciones en las obras de Asghar Farhadi. Un lejano recuerdo del cine humano que brilla desde Irán. Pues Modest Reception es cine abyecto. En el clímax de la película, los protagonistas denigran a un padre mientras entierra a su hija. Un episodio especialmente inmoral, en el que Haghighi volvía a incidir en la insensibilidad de su obra. Si ya resultaba suficientemente deleznable, recordaba cómo hubo que bajar varios niveles la crueldad de la escena para que fuese “soportable”. Añadiendo a su respuesta el contenido de la primera versión del guión, aún más vomitiva. Una insufrible manera de entender el cine. Ya que se ampara en que Modest Reception tiene lógica con la situación actual del mundo. Apenándonos que alguien utilice la cámara para fomentar el odio. Nunca debemos olvidarnos de que el cine debe ser un arte transformador.


‘ANTÓNIO UM DOIS TRÊS’ (2017), DE LEONARDO MOURAMATEUS – COMPETICIÓN OFICIAL

Amanece y un joven veinteañero duerme en un tren. El ansiado regreso a casa después de disfrutar la noche. No lo hemos visto, pero intuimos que esa velada ha estado repleta de encuentros fortuitos, amor y sentimientos efímeros. Acunado por la puesta de sol, ahora toca soñar. Un estado de fantasía a donde pertenece António um dois três (2017), ópera prima del director brasileño de sólo 26 años Leonardo Mouramateus. Una película vibrante entre la euforia y la melancolía juvenil, basada libremente en “Noches blancas” de Fiódor Dostoyevski. Tras llegar a su casa por la mañana, el desaliñado António se encuentra a su padre con una carta de la universidad. Se acaba de enterar que su hijo ha dejado los estudios de electrónica, conexión con el estupendo actor e ingeniero portugués Mauro Soares. Ante la enajenación del progenitor, António escapará por el tejado. Con Lisboa en el horizonte, este emplazamiento en las alturas marcará su porvenir. Desde la pendiente rojiza, no sentirá vértigo, sino una combinación de despreocupación y vitalidad. Una agitación que le llevará a correr por los callejones lisboetas, hechizado por el encanto de la preciosa capital portuguesa. Su destino será el piso de su ex novia. Última opción para poder pasar la noche. Todo joven necesita un lugar para soñar.

“Ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río”. Este paradigma de Heráclito es el corazón de António um dois três. Una concepción del tiempo que Leonardo Mouramateus logrará mutar. Como leitmotiv del filme, António explicará cómo alcanzar al caudal: “Si disponemos de una bicicleta y la corriente es lenta, podemos llegar a bañarnos dos o tres veces”. Número de variaciones presentes en la noche disfrutada por António. Posibilidades paralelas, pues todas ellas existen al mismo tiempo. Nuevos significados sin líneas divisorias, deambulando al ritmo del mascar un chicle. Sentimientos reversibles que llevarán al protagonista a encontrarse y perderse, siempre rodeado por las luces de Lisboa. Una ciudad que acoge artistas y extranjeros. Pues la cinta expone tanto representaciones teatrales como el choque cultural con Brasil, siendo una coproducción luso-brasileña. Matices que nutren el sentimiento joven y delirante de la película, donde los protagonistas se preguntan si hay vida después del amor. Y qué mejor manera de descubrirlo que en una calurosa noche en el Barrio Alto. Alegría desenfrenada que acabará en un estado de duermevela, donde no podremos distinguir entre la realidad y nuestros deseos. Como escribió Dostoyevski: “Era una noche prodigiosa, una noche de esas que quizá sólo vemos cuando somos jóvenes”. Una de esas noches donde aprendimos a perder y seguir soñando.

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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