El hombre de las mil caras (2016), de Alberto Rodríguez – Crítica

El hombre de las mil caras

Desde dentro de las cloacas del Estado español, El hombre de las mil caras disecciona la corrupción como mal endémico. Siguiendo las mentiras del agente Francisco Paesa, Alberto Rodríguez narra un frenético thriller de espías con un carácter comercial.

Si leemos la portada de un periódico cualquier día al azar sabemos con seguridad que alguna noticia estará relacionada con la corrupción. En los últimos años, se han sucedido innumerables escándalos a una velocidad de vértigo. Como consecuencia primordial, el congreso español no consigue ponerse de acuerdo en la formación de gobierno, lo que desembocaría en unas bochornosas terceras elecciones. El hastío de la sociedad ha llegado a cotas insospechables, pero poco o nada ha cambiado la ineptitud de los diplomáticos desde el comienzo de la democracia. Alberto Rodríguez se presenta con la historia del agente secreto Francisco Paesa para recordarnos un pasado que se mimetiza con el presente. El director andaluz siempre se ha movido en las cloacas de la sociedad, en las sombras del costumbrismo. Mediante su magnífico pulso narrativo y tras una estimable filmografía, en 2014 llegaba su mejor obra: La isla mínima. Con 10 Premios Goya y triunfando en público y crítica, suponía una de las mejores películas españolas recientes. Con tal precedente, las expectativas para su siguiente trabajo eran muy elevadas. El hombre de las mil caras se inspira en la novela Paesa, el espía de las mil caras de Manuel Cerdán para relatar parte de la vida del agente español. Y como advierten los créditos iniciales, el filme es una ficción basada en hechos reales. Resultando una buena película de género, pero no tanto como crónica histórica.

A finales de 1993 se publica que el Director de la Guardia Civil, Luis Roldán, se había ingresado unos 1.900 millones de pesetas gracias a comisiones. Ante tal escándalo, el 26 de abril de 1994 se fuga junto a su mujer, convirtiéndose en el prófugo más importante de la historia reciente de España. Francisco Paesa, agente de los servicios secretos españoles, andaba en un mal momento económico y vio la oportunidad perfecta para remontar en ser el confidente de Luis Roldán. Sin lugar a dudas, la premisa es sumamente interesante y aun con lo complicado de la trama, las situaciones rocambolescas que se suceden son carne de cine. La vida de Paesa ha rondado las manos de varios directores, sin embargo, hacía falta un proyecto de gran ambición para adaptarla. Pretensión que no le falta a Alberto Rodríguez y su equipo, ya que han conseguido una producción de gran envergadura. El filme se ha rodado en lugares como Madrid, París, Ginebra o Singapur y se ha contado con algunos de los actores más importantes del país. Elementos que el director hila perfectamente para realizar una película de espías frenética. Con una narración en la que no se distinguen las mentiras de las verdades y se van desenmascarando a los personajes en un viaje itinerante por las capitales europeas. Pese a las dos horas, el pulso del realizador es fantástico y no se resiente, ciñéndose a los parámetros del cine de género. No obstante, la crónica de la errática investigación del gobierno español tiene un resultado desigual. Si el género es su hábitat natural, en esta ocasión encontramos la versión más impersonal del director.

Antes de la huida de Roldán, Paesa colaboró con los GAL y tuvo un importante papel en la lucha antiterrorista. Estos hechos sirven de prólogo para definir los hábiles movimientos y frialdad que definen al agente secreto. Para dar un tono realista, Alberto Rodríguez intercala imágenes de archivo de telediarios de la época comunicando las adversas noticias de los ochenta. Sin embargo, el guión firmado por el propio director y su habitual colaborador Rafael Cobos no se muestra lo suficientemente incisivo con el sistema español. La intención de la pareja es reflejar la corrupción como un mal endémico, recalcando que detrás del más ferviente patriotismo se esconde el dinero. Los mejores diálogos son los que recurren a la ironía para descargar la gravedad del asunto, pero no llegan a entrar en cuestión. El carácter comercial de la gran producción ata los diálogos, lo que hace que no se pueda juzgar debidamente a los personajes. La libertad que gozaba en sus anteriores trabajos se cohíbe debido a la notoriedad que alcanzó La isla mínima. El no nombrar a Felipe González en todo el relato es un error que no hace justicia a la esencia del filme. Así como el descarado product placement relacionado con una bebida alcohólica, vendiendo una escena de la película con el fin de financiarse. Al final, la película de espías prevalece sobre los hechos reales gracias un equipo que se cree cada mentira y ve más allá de las propias imágenes.

Unas palabras del padre de Luis Roldán resumen perfectamente a los farsantes que pueblan El hombre de las mil caras: “Lo que distingue a España de Francia o Alemania son los españoles”. La sucesión de ladrones, mentirosos o corruptos tienen en común su nacionalidad y una moral indecente. A Francisco Paesa se le presenta como el hombre que engaño a todo un país, lo que al conocer sus métodos tiene tanto de grandilocuente como de cutre. El agente se esconde detrás del humo de tabaco para embaucar a todas las personas que le rodean. La elección de un peso pesado de la interpretación nacional como Eduard Fernández es magnífica, dando cara a un impostor frío y calculador. No es la actuación más vistosa, ya que nunca sabes lo que se le pasa por la cabeza ni hay espacio para los sentimentalismos, pero su autoridad sobre el relato te atrapa. Si Paesa es el líder de la fuga, el cobarde que defraudó el dinero público no es menos protagonista. El actor Carlos Santos es la estrella del reparto al dar vida a un perdedor con aires de grandeza. Suyos son los mejores momentos al igual que las líneas más afiladas, como la justificación de que robaba porque lo hacía todo el mundo. Al alejarnos de los dos protagonistas, el desarrollo de personajes es más débil. Ni José Coronado o Marta Etura tienen bases sobre las que lucirse; una escasa relevancia que si explota Emilio Gutiérrez Caba para dar un clase magistral en su duelo con Eduard Fernández. Todos ellos sucumben a sus vicios demostrando la ineptitud de los altos cargos. Mientras que la elogiable banda sonora de Julio de la Rosa nos domina, vamos reconociendo las tristes estratagemas de unos personajes que cada vez se parecen más a los que pueblan los telediarios en la actualidad.

Al final, El hombre de las mil caras queda como un thriller político al que le falta concisión. La cámara de Alberto Rodríguez es uno de los mayores seguros del cine español y en este caso su habilidad para plasmar una historia tan complicada es admirable. Como película de espías es un placer introducirse en el ritmo que propone el realizador y no despegarse hasta las dos horas. Pocas cintas que se destinen al público mayoritario nacional van a tener la calidad que podemos encontrar en ésta. Aunque la falta de explicación de algunos aspectos del contexto histórico que nos clarifiquen preguntas sin resolver y alguna pérdida de rumbo en el guión empañan diálogos demoledores. El director y su fiel equipo no ruedan película mala, aunque sus antecedentes como Grupo 7 o La isla mínima son claramente superiores. El andaluz basa gran parte de su éxito en recrear una atmósfera y en esta ocasión ha cambiado los barrios marginales por el cielo. Los impostores se encuentran en ambos ámbitos, pero la frialdad aumenta según se sube de altitud.

El hombre de las mil caras

Sinopsis Francisco Paesa, ex agente secreto del gobierno español, responsable de la operación contra ETA más importante de la historia, se ve envuelto en un caso de extorsión en plena crisis de los GAL y tiene que huir del país. Cuando regresa años después está arruinado. En tales circunstancias, recibe la visita de Luis Roldán, ex Director General de la Guardia Civil, y de su mujer Nieves Fernández Puerto, que le ofrecen un millón de dólares si les ayuda a salvar 1.500 millones de pesetas sustraídos al erario público. Paesa ve entonces la oportunidad de vengarse del gobierno español, llevando a cabo una magistral operación con la colaboración de su inseparable amigo Jesús Camoes.
País España
Director Alberto Rodríguez
Guión Alberto Rodríguez, Rafael Cobos (Libro: Manuel Cerdán)
Música Julio de la Rosa
Fotografía Alex Catalán
Reparto Eduard Fernández, José Coronado, Carlos Santos, Marta Etura, Emilio Gutiérrez Caba
Género Thriller
Duración 123 min.
Título original El hombre de las mil caras
Estreno 23/09/2016

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Calificación6
6

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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