Human (2015), de Yann Arthus-Bertrand – Crítica

Human

«Human es una defensa continua del uso de la razón por encima del instinto y de los beneficios de crear espacios de concordia.»

Cuando parece que el ser humano está a punto de fagocitarse a sí mismo; cuando parece que la única pregunta que nos cabe responder es si la raza humana merece o no sobrevivir, llega Human, la última película de Yann Arthus-Bertrand, y te inyecta vía auditiva y ocular una dosis de “vamos a intentarlo, ¡coño!”. No se trata de ningún remedio tribal complejo, ni tampoco de regalarte un orfidal con la entrada de la película para que te olvides de tus problemas. El director francés utiliza una receta mucho más sencilla: Primer paso: mostrar la sucesión de una serie de personas de diferentes lugares, edades y problemas en plano corto y frente a un fondo negro (aquí lo que importa son el rostro y el discurso, es fundamental no tener otro punto sobre el que dirigir la mirada). Segundo paso: pregúntales por diferentes temas, todo vale, desde la felicidad hasta la muerte, pasando por la necesidad (o no) de la guerra. Tercer paso: entre cada ronda de preguntas inserta imágenes de carácter antropológico en la que se muestren los diferentes ritos humanos, sus diversas formas de trabajo, sus paisajes tan drásticamente diferentes (acompáñalo de múltiples músicas populares). El resultado, por lo tanto, no es ningún anestésico para el sistema nervioso, sino un latigazo con vara de ratán en plena conciencia.

El aspecto más destacable del film, por supuesto, es el mensaje humanista que se desprende de cada fragmento de entrevista. Una defensa continua del uso de la razón por encima del instinto y de los beneficios de crear espacios de concordia. Todo ello mostrado desde diversos puntos de vista, desde militares hasta víctimas de conflictos. Pero por otro lado el documental de Arthus-Bertrand nos incita al goce de la vida, a pensar en esa vita brevis latina. Por inducir a la comprensión mediante contrastes, si Albert Caraco hacía apología de aquellos “benditos estériles” que estancarán la evolución de la humanidad, los testimonios del film harán (o al menos intentarán) ver todo lo positivo que supone el hecho de vivir. Ahora bien, es un elogio a la vida sencilla y sin pomposidad, por lo que el estilo de vida de las granes urbes, con su extremo dinamismo y su consecuente estrés, quedan descartadas (y de forma muy gráfica). Aquí se trata de defender aquella vida de lo cotidiano, de ese ser consciente de cualquier actividad que el sujeto realice por mínima y sencilla que sea y que ya promulgaban religiones orientales como el taoísmo y el budismo zen. Esta muestra de saber estar, hacer y vivir será manifestada, entre varios desconocidos, por el señor José Mujica.

Pero lo destacable del documental no se queda en esta serie de mensajes optimistas. Más allá de ellos, parece que Arthus-Bertrand ha logrado mediante el montaje provocar en el espectador esa idea de lo sublime que exponía Edmund Burke en su ensayo De lo sublime y lo bello. A grandes rasgos, el filósofo irlandés explicaba que lo bello es aquello pequeño y asible, mientras que lo sublime refería a aquello extremadamente grande que sobrepasaba nuestros sentidos. Y es el director francés el que parece querer provocar, mediante el mecanismo citado en el primer párrafo, esa sensación de exceder nuestra capacidad perceptiva alternando la belleza y conocida forma del rostro con imágenes que nos desbordan de paisajes que parecen ser ilimitados. Este contraste quizá busque provocar esa experiencia de la que nos hablaba Burke, haciéndonos ver lo reducidos que somos ante una vasta naturaleza.

No es el primer documental que Arthus-Bertrand realiza sobre la relación hombre-hombre y hombre-Naturaleza. En 2009 ya nos sorprendió con Home, otra obra sobre los problemas que el ser humano causa a la Tierra y sus consecuencias. Lo que nos está diciendo el francés es que este tipo de mensajes son universales y no dejarán de ser emitidos hasta que nos propongamos mejorar, aunque haya que empezar por poco. Quizá, un buen paso sería apagar el televisor con sus crímenes, accidentes y tertulianos desgastados, e ir a ver este documental que, además de haber supuesto un trabajo y tener un mérito considerables, es más que probable que haga ver la realidad desde una perspectiva abierta a más de uno.

Human

Sinopsis Compuesta de imágenes y de testimonios, la película del fotógrafo y cineasta Yann Arthus-Bertrand retrata la humanidad de hoy en día. Rodada en 60 paises durante más de 2 años, las 2.000 personas entrevistadas entregan testimonios auténticos y profundos, abarcando temas universales como la lucha contra la pobreza, la guerra, la homofobia pero también el amor, la familia y el futuro de nuestro planeta. Una combinación de testimonios y planos aéreos hacen de Human un documental único. Esta experiencia es una introspección sobre el ser humano como individuo y como ser perteneciente a una comunidad. A través de las guerras, las desigualdades y las discriminaciones, Human nos confronta con la realidad y la diversidad de la condición humana. Más allá del lado oscuro, los testimonios muestran también la empatía y la solidaridad de las que somos capaces.
País Francia
Director Yann Arthus-Bertrand
Guión Yann Arthus-Bertrand
Música Armand Amar
Fotografía Yann Arthus-Bertrand
Productora Humankind Production
Género Documental
Duración 188 min.
Título original Human
Estreno 12/08/2016

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Calificación7
7

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Pablo Castellano

"-¡Qué extraña forma de hacer la cama! -Lo vi en una película. Para eso sirven las películas!"

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