La correspondencia (2016), de Giuseppe Tornatore – Crítica

La correspondencia

«La correspondencia es un dramón romántico-sentimental poco verosímil liderado por cuatro nombres de prestigio: Giuseppe Tornatore, Ennio Morricone, Jeremy Irons y Olga Kurylenko.»

Película apta solamente para incondicionales de los dramones romántico-sentimentales, para quienes consideren la lágrima fácil como el resultado imprescindible de una historia de amor arrebatada. Y, sobre todo, para quienes no tengan reparos en que les cuentes historias de amor 3I (Imposibles, Improbables, Inviables).  Y, claro está, la película gustará también a admiradores incondicionales de Jeremy Irons y Olga Kurylenko. El resto de público experimentará sensaciones diversas, desde el escepticismo respecto al tema hasta el aburrimiento puro y simple, pasando por la perplejidad. En cuanto a los admiradores de Giuseppe Tornatore, más vale que vayan prevenidos a la sala de proyecciones y tengan por seguro que no revalida en esta película los laureles que alcanzó hace casi treinta años con Cinema Paradiso (1987).

Los que hayan conocido la serie de televisión de Larry David, Courb your enthusiasm (2000-2011), quizás recuerden uno de los gags más memorables: el protagonista, simplemente, se horroriza cuando su esposa, al renovar los votos matrimoniales le dice que su amor durará “más allá de la muerte”. “Pero, bueno, ¿no quedamos que la promesa era solamente ‘hasta que la muerte nos separe’?”. Pues bien, este es el tema de La correspondencia, una película, en buena medida, frustrada.

El leit-motiv de la película y la frase con la que se promocionada es “una historia de amor de nuestro tiempo”. Hay, efectivamente, algo de eso. Pero no hay que hacerse excesivas ilusiones: todo se limita a que los amigos del muerto envían whatsapp firmados por el difunto. Eso es todo. Eso y que la frágil Kurylenko va de estudiante de astrofísica y, para aumentar la componente 3I, para colmo, se gana la vida como especialista de escenas peligrosas en el cine. Imaginemos a un Cyrano de Bergerac que encarga a los amigos que le envíen por goteo sus cartas de amor a su amante una vez muerto. Eso es todo. Al final, uno termina harto del goteo de cartas de amor llegadas del más allá. Giuseppe Tornatore, director y también en este caso autor del guión, no es, hay que recordarlo, Edmond Rostand (el genial creador del Cyrano).

Ante tanta insistencia, habría que proponer otro final lógico a la película: la Kurylenko podría muy bien terminar presentando una demanda por acoso, ante la abalanza de mensajes llegados por Whatsapp, email, MSN, Skype, DVDs,  y obteniendo una orden de alejamiento del finado. Los muertos a través de Internet siguen muertos y tratar de mantenerlos (o mantenerse) con vida mediante la red es como tratar de prolongar la fragancia de una rosa una semana después de haberla olvidado en el florero.

Película de impronta italiana como puede advertirse desde que se ve la imagen del cartel anunciador: Irons reclinado filialmente sobre el seno materno de la Kurylenko, púdicamente cubierto con un vetusto gabán espigado que asume aquí el papel de la consabida “mamma” italiana, mucho más que la de amante de rompe y rasga.

La película tiene algo de síntoma de nuestro tiempo, pero no el que el director ha pretendido reflejar. Hoy los muertos solamente se ven por la tele, nunca en realidad. La mayoría de los jóvenes ni han visto un muerto, ni han olido la muerte, ni siquiera han caído en la cuenta de que la muerte es la prolongación de lo humano. Simplemente la han banalizado. Ven películas en las que mueren decenas de actores secundarios que reaparecen en otras cintas, de la misma forma que juegan compulsivamente a videojuegos, los matan y son muertos, pero compran nuevas vidas o reinician la partida y aquí no ha pasado nada. Nunca una civilización como la nuestra ha vivido tan de espaldas a la muerte. De hecho, cuando alguien muere, se opta por decir “nos ha abandonado”. La intención de Tornatore parece haber sido: “¿Muerto? ¡qué va! Se ha ido a la nube”. El hecho de que la pareja protagonista sean estudiante y profesor de astrofísica ayuda poco a la trama. Introduce un elemento “estelar”, “cósmico”, que no hace olvidar que por muchas referencias a las estrellas y al baile de los planetas en la negrura del espacio, el muerto está muerto. Los muchos Whastapp que recibe la amada y las referencias a la astrofísica sirven solamente para tratar de dar a la película un tono culto, sofisticado y erudito. Demasiado forzado y demasiado pedante.

El otro atractivo de la película debería ser la música de Ennio Morricone. No ha sido, desde luego, uno de sus mejores trabajos. Quizás hubiera servido como acompañamiento para un videojuego pero no para un dramón romántico con pretensiones.

En cuanto a las interpretaciones: el papel de Irons termina pronto, pero dura lo suficiente como para que el espectador intuya que no le interesa excesivamente y no se cree demasiado su papel. En cuanto a Olga Kurylenko, ha mejorado desde que fue “chica Bond”, su papel en Siete psicóatas (2012) y Oblivium (2013), demuestran que tiene posibilidades de convertirse en una gran actriz, pero, en esta película, Tornatore se recrea demasiado en sus silencios y en su gestualidad.

Imaginamos al Norman Bates de Psicosis (1960) aquí y ahora. ¿Hubiera guardado el cadáver de su madre o simplemente se hubiera contentado con meter todos los recuerdos de su madre un disco duro de cuatro terabytes? En cualquiera de los dos casos, Alfred Hitchcock hace medio siglo y Giuseppe Tornatore nos muestran el mismo problema: eludir el hecho de la muerte, conservando a mamá momificada o manteniendo vivo su recuerdo en la nube informática que circunda nuestro planeta. Y es que la muerte es el gran tabú de nuestro tiempo en este Occidente incapaz de mirarse a sí mismo y reconocerse.

La correspondencia

Sinopsis Una joven universitaria que trabaja como doble en escenas de acción de series de televisión y películas, se ve constantemente expuesta a situaciones muy peligrosas. A primera vista podría parecer que se trata de una persona que se siente atraída por el peligro, pero en realidad se trata de una forma de sublimar la horrible sensación de culpa que le causa el sentirse responsable del trágico destino de su pareja. Su profesor de astrofísica la ayudará a recuperar el equilibrio perdido.
País Italia
Director Giuseppe Tornatore
Guión Giuseppe Tornatore
Música Ennio Morricone
Fotografía Fabio Zamarion
Reparto Jeremy Irons, Olga Kurylenko, Shauna Macdonald, Darren Whitfield, Simon Meacock, Jerry Kwarteng, James Bloor, Rod Glenn, Stuart Adams, Anna Savva, Florian Schwienbacher, Colin MacDougall, Patricia Winker, Simon Johns, Jean-Luc Julien, James Warren
Productora Paco Cinematografica
Género Drama
Duración 116 min.
Título original La corrispondenza
Estreno 22/07/2016

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Calificación5
5

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Amor DiBó

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

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