La experiencia estética en el cine frente a la voluntad

En el sótano

En el sótano (2014), de Ulrich Seidl

La filosofía de Arthur Schopenhauer nos enseña que uno de los modos de librarnos del querer egoísta de la voluntad es la contemplación estética. En este sentido, el cine ha sido durante muchos años un excelente arte para conocer las pulsiones más oscuras de nuestra especie y poder moderar las propias. El ejemplo actual más interesante lo encontramos en la obra de Ulrich Seidl En el sótano. Un viaje incómodo a aquello que los austriacos ocultan al resto de la ciudadanía, pero también un trabajo impecable que profundiza en las frustraciones, deseos y odios de cualquier individuo.

El cine de Seidl nos introduce en esas realidades que evitamos ver y que por lo tanto no nos hemos parado a explicar, igual que hacía, aunque con un estilo muy diferente a la citada En el sótano, el  realizador italiano Lucio Fulci. Él abandonaba a sus personajes a merced de un mal irracional,  perdidos en un lugar que conectaba directamente con el origen de su especie. Como Seidl, Fulci apostaba por centrar sus obras en el espacio más complejo del ser humano, en aquello que todavía no está descubierto. Ya nos lo advertía la voz en off de la extraordinaria El más allá: “Ahora os enfrentaréis al mal en las tinieblas y a todo lo que hay en él inexplorado”.

Años antes de esta, en 1974, Tobe Hooper concibió un personaje que vivía por completo a través del instinto: Leatherface. Un caníbal que hallaba en la necesidad su única identidad posible. Un mal casi puro. El tipo de la sierra mecánica de La matanza de Texas no puede ser considerado un hombre mentalmente inestable como consecuencia de un trauma, un virus o cualquier otro cliché contemporáneo. Es un vampiro que nunca adoptará forma humana.

A pesar de que el arte siempre debe tener como objetivo suscitar las preguntas necesarias que nos permitan acceder a nuestro interior, hoy en día gran parte de los productos estrenados en salas venden una materialización del mal insípida, vacía de significado, para que el héroe de turno aniquile al villano y deje tranquilo al espectador. Algo similar ha sucedido con las visiones distópicas. Parecen olvidados aquellos relatos donde los vicios humanos adquirían un papel protagonista en el futuro político del mundo. La gran pantalla, con algunas excepciones, ha marginado las reflexiones sobre el origen y las manifestaciones de la voluntad.

La invasión de productos banales busca sin duda evitar el desarrollo de una ciudadanía crítica con sus propias acciones, favoreciendo la creación de habitantes asustadizos y paranoicos, amenazados mediante invenciones comerciales, que esperan ser salvados por una optimista superproducción con capa. Educar en esta idea genera seres condenados a una larga serie de frustraciones, algo que no sucederá a los que asuman desde el principio que somos lo que somos, como reza el título del  filme de Jim Mickle.

Somos lo que somos

Somos lo que somos (2013), de Jim Mickle

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Miguel Suárez

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra, articulista en diversos medios y autor de ensayos sobre cine y filosofía. También ha escrito y dirigido cortometrajes y producido piezas de videocreación. Actualmente coordina el Festival Internacional de Cine Fantástico HOA y programa la muestra 'Cine del Este' que se desarrolla en Pamplona.

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