La madre (Мать): el hombre vale más que cualquier ideal

La madre

En 1907, Maksim Gorki vería publicada su novela ‘La madre‘, considerada por la crítica soviética como la obra precursora del realismo socialista. Hablar de literatura rusa en este período es hablar de uno de los vehículos principales de difusión de las ideas revolucionarias. Sus autores estaban profundamente comprometidos con la denuncia social, a pesar de las discrepancias políticas existentes entre ellos. En el caso de Gorki, existía un profundo anhelo por reflejar la situación de un colectivo, el de los obreros, enfrentado a una burguesía de vida intrascendente y “estúpida”. Sin embargo, no pretendía plasmar una perspectiva colectiva; tenía interés en los personajes individuales, en personas reales con vidas reales que a través de sus experiencias reflejaban la grandeza del colectivo humano. ‘La madre‘ nace en defensa de estos ideales, inspirados por los sucesos ocurridos en la fábrica de Sornovo en 1902 y la posterior revolución obrera de 1905.

Veinte años después de su publicación, ya en el marco de la recién formada URSS y a raíz del aniversario de la Revolución, se encargó al prestigioso director Vsévolod Pudovkin la realización de una película basada en la novela, dando lugar así a una de las grandes obras del cine mudo. Tras su innegable intención propagandística, Pudovkin mantuvo la idea inicial del autor ruso: la atención especial a unos personajes únicos enmarcados dentro de un grupo social de vivencias similares. Pudovkin añadió al conjunto una serie de elementos que embellecerían el relato casi épico de Pavel Vlasov y su madre Pelagia, a través de imágenes metafóricas y, sobre todo, una gran fuerza visual.

Se prepara una huelga en la fábrica de Pavel Vlasov y él es uno de los cabecillas revolucionarios. Su padre, un hombre fiero y temible, es reclutado por los antihuelguistas para sofocar el movimiento. Tras la muerte del padre a manos de uno de los compañeros de Pavel, la madre se percata de las actividades de su hijo, lo que inspira en ella un profundo sentimiento de rechazo ante las protestas. Su única preocupación es el bienestar y la seguridad de su propia familia, y por tanto no entiende por qué su hijo se ha convertido en un “buscalíos”, como denominan a los huelguistas. Pero la revolución avanza y Pavel Vlasov es condenado, lo que despierta en ella una conciencia propia, que culminará en un apoyo total y un alineamiento a las filas del movimiento del que su hijo forma parte.

La madre

Es el pensamiento de la madre el que atrae todo el interés de la narración, por dos motivos. Primero, porque es el que coincide de forma más cercana con el de Maksim Gorki, que si bien era un firme defensor de la revolución, también mantuvo la condena a la violencia de algunas actuaciones del partido bolchevique, lo que le valió una separación del movimiento. En segundo lugar, es la postura más humana y natural que se refleja: tanto los defensores de la huelga como los que la condenan son retratados de forma casi arquetípica (los primeros tienen ideales y valores; los segundos son superficiales y carecen de ninguna motivación), no hay lugar para un análisis psicológico exhaustivo, si bien queda claro que tampoco es la intención.

Por tanto, es la madre quien merece una especial atención. Maksim Gorki no llegó a conocer a la suya, y es inevitable pensar que hay un reflejo idealizado de lo que a él le hubiese gustado tener. La madre es el símbolo del despertar de una conciencia. Inicialmente sólo se ocupa de sus labores cotidianas, hasta que siente la obligación moral de luchar por lo que es justo. Y Pelagia no es una mujer indiferente a la realidad de su pueblo; no está inmovilizada por la ignorancia o el desinterés, sino por el más humano de los sentimientos, un amor tan fuerte, tan tierno y poderoso, que por ella puede arder la ciudad entera a su alrededor mientras su hijo siga estando vivo y seguro. Como ella, muchas madres más vivieron esa situación, y la viven hoy día al ver a sus hijos batallar por ideales que no les son ajenos, pero que no los consideran más importantes que la seguridad de los suyos. Y de hecho la conciencia social de Pelagia no despierta hasta que ve las injusticias cometidas no contra su pueblo, no contra ella misma, sino contra su hijo Pavel. Nace en ella entonces una nueva fuerza, una valentía hermosamente representada en las escenas finales, casi poéticas, donde la madre es quien encabeza la marcha, rostro en alto, mirada firme. Evidentemente hay que situar la película dentro de un contexto propagandístico poderoso; claro que tiene una lectura clara, donde precisamente la intención es conmover al espectador hasta el final con una historia heroica. Y sin embargo, uno no puede evitar sentir una ternura especial hacia lo más simple, el sufrimiento de una madre, Pelagia, y de muchas otras anónimas, relegadas a un segundo plano, escondidas en algún lugar mientras sus hijos y maridos salen a luchar. Pelagia es el símbolo de la más absoluta humanidad, independiente de cualquier ideología.

No era otra la intención de Gorki: detrás de revoluciones, batallas, héroes y vencidos, hay personas, historias terrenales y sobrecogedoras, y por muy valioso que sea cualquier ideal hay algo mucho más importante, que es el hombre en sí mismo. Por ello ‘Мать‘ puede leerse como lo que es, o puede volverse algo mucho más personal, un tierno homenaje a esa figura materna, llena de amor puro e incondicional, que desde su sencillez puede mover más montañas que cualquier revolución.

La madre

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