LAS 10 MEJORES PELÍCULAS DE VENECIA 2019

Después de un festival tan intenso como Venecia llega la calma. El agotamiento lleva a desconectar de las salas de cine, pero el recuerdo de la Mostra sigue muy presente. Habiendo visionado 50 películas, es llamativo cómo algunas emociones y experiencias generadas por los filmes emergen sin avisar. Adam Driver cantando en Marriage Story, una discusión en torno al reggaetón en Ema, dos niñas bailando en Martin Eden o las carcajadas de Joaquin Phoenix en Joker son momentos todavía muy presentes. No son escenas guardadas racionalmente, sino algunas que te remueven por dentro. La magia del cine es su fuerza transformadora. Por ello, a la hora de intentar elegir mis películas favoritas de la 76ª del Festival de Venecia, sólo hace falta repasar los títulos vistos y comprobar las huellas que me han dejado. Con alegría, constato que no son pocas las películas que me llevo, aún considerando que el nivel medio de la Mostra no ha sido demasiado bueno. Al final, siempre resisten las emociones puras. La última escena de I Diari di Angela – Noi due Cineasti. Capitolo Secondo como lugar seguro donde quedarse a vivir.

Después de ver 50 filmes entre Competición Oficial, Orizzonti, Fuera de Competencia, Giornate degli Autori y Venice Classics, mis diez películas favoritas de la 76ª edición del Festival de Venecia son:



10. ‘SATURDAY FICTION’ DE LOU YE – COMPETICIÓN OFICIAL

Una pareja está sentada en un salón de baile. Con la música de fondo, ella le confiesa que corren peligro y deben escapar. Una huida interrumpida por las indicaciones de un director. Es todo ficción, el ensayo de una obra de teatro. Nos encontramos en diciembre de 1941 en Shanghái, al borde del final del periodo denominado “la isla solitaria”. Tomando un interesante concepto en el que la ficción se confunde con la realidad, Saturday Fiction es una estimulante película de espías con aroma clásico.

Jean Yu es la actriz principal de la obra de teatro, siendo toda una celebridad en su país. No obstante, donde entra el buen hacer del cineasta Lou Ye, es cómo vincula la mentira en el escenario con su vida secreta como espía. Desde el primer momento iremos vagando por los diferentes bandos y descubriendo las intenciones ocultas de agentes dobles. Una red de traiciones y misiones que el cineasta filma con cámara en mano y utilizando un montaje hiperactivo. Esto genera un cierto caos y es complicado seguir bien la trama. La confusión es compartida por las piezas en este tablero de ajedrez y los espectadores. Aunque esta realización hace que el resultado final palidezca relativamente, son muchos los aciertos de Saturday Fiction. Siempre a favor de películas que propongan y no se queden en la zona de confort. Se puede empezar por la esencia clásica de sus imágenes. La fotografía en blanco y negro es la aliada de caladas y fotografías, un conjunto infalible en la gran pantalla. Todavía mejor si al frente de la película hay una actuación espléndida como la realizada por Gong Li. Actriz, espía y amante, su convulso interior se transmite desde una contención muy sentida. Su personaje irá descubriendo toda la información sobre el inminente ataque a Pearl Harbor, mas el suspense es con qué fin utilizará su valor. Podría ser para liberar a su exmarido, escaparse con el director de teatro al que ama o por lealtad al jefe de los Aliados. Un abanico de opciones que le da una gran tridimensional psicológica a la protagonista.

Tras la confusión inicial, parecía que la cinta estaba abocada al desastre. Entonces las piezas del tablero se empiezan a colocar y el filme crece a fuego lento. De repente vemos con claridad los bandos y se inicia la operación que permitirá desechar sus máscaras a los agentes secretos. No sabemos si asistimos a una representación o la realidad, al igual que dudamos si escuchamos la verdad o la mentira. En definitiva, Saturday Fiction es una irregular –debido a su caos formal– pero finalmente muy satisfactoria cinta de espías elevada por una magnética Gong Li. El fin de “la isla solidaria” se debió a no diferenciar entre actores y espías. En el fondo, ambos son lo mismo.



9. ‘BALLOON’ DE PEMA TSEDEN – ORIZZONTI

El primer plano de la notable Balloon está deformado y tiene el contraste muy bajo. No sabemos muy bien qué tipo de filtro puede ser hasta que Pema Tseden nos descubre que delante de la lente hay un condón hinchado. El mismo título hace referencia a los preservativos y cómo reformaron los cimientos de China en los años 80. Época en la que se puso en marcha una política de planificación familiar. Para los pequeños de la familia protagonista, los condones son sus globos, sus juguetes. Un objeto que causa revuelo popular y que su padre explota, prometiéndoles que les comprará uno en cuanto vaya a la ciudad. Pese a darles su palabra, la película no saldrá del paisaje rural tibetana. Es el escenario elegido por el cineasta para exponer de manera más nítida su interés: el choque entre la tradición y modernidad en la China reciente, entre el alma y el cuerpo. Teniendo en cuenta la importancia del budismo, los anticonceptivos se convierten en el principal enemigo de la reencarnación. Representan la negación del alma. Un cambio de mentalidad a fuego lento que Tseden establece en una etapa incipiente. Para ello, propone una narración con diferentes puntos de vista –maravillosa empatía colectiva– dentro del clan familiar. Desde una joven monja que sufrió maltrato al padre que se dedica al ganado de cabras. Viven en la pobreza y sólo pueden escapar dejando todo atrás. Múltiples dilemas sobre el sacrificio que hacemos por los lazos de sangre mezclando pasajes oníricos y realistas. Una comunión perfecta en la gran pantalla, mas devastadora para los personajes de Balloon. Cada uno de ellos está filmado a través de una visión humanista, intentado entender sus preocupaciones y anhelos. Al final, los globos encierran felicidad infantil, responsabilidad adulta y caducidad anciana. El ciclo vital mirado a través de un simple plástico.



8. ‘THE CRIMINAL MAN’ DE DMITRY MAMULIYA – ORIZZONTI

Suenan tres disparos a lo lejos. Tres destellos de luz en medio del campo que Giorgi Meskhi observa. Acaban de asesinar al portero del Tbilisi y él es el único testigo. Un suceso que no podrá quitarse de la cabeza y prende la llama de The Criminal Man de Dmitry Mamuliya, la gran película de la sección Orizzonti. Una obra sobre la metamorfosis de testigo a criminal, de una vida normal a un mundo enfermo. Aunque la premisa pueda haberse explorado en otras cintas, es una propuesta formal arriesgada la que engrandece la visión del cineasta georgiano. Son muchos los saltos de fe realizados en su ópera prima y todos tienen un final satisfactorio.

Primero debemos empezar destacando que el montaje obedece al punto de vista del protagonista, es decir, es subjetivo. A veces no entendemos los cortes ni las transiciones abruptas hasta que no vemos la situación completa. Una decisión no habitual potenciada por una puesta en escena sublime. En sus más de dos horas de metraje casi no hay diálogos y los pocos que emergen son más funcionales para el ritmo narrativo que para la trama. Las tomas largas y las panorámicas de los paisajes nublados son una seña de identidad del filme, mas merece la pena detenerse en la planificación de escenas en interiores. Ya sea en un bar o en un coche, el director crea dos focos de interés dentro del mismo plano. Por ejemplo, dos policías conversan dentro de su vehículo en primer plano y en el fondo se lleva a cabo una investigación. Un virtuosismo técnico y conceptual que añade matices y aristas a la bajada a los infiernos de Giorgi. Una odisea que iremos entendiendo según se desarrolla la trama al dejar atrás la obsesión por el primer asesinato.

The Criminal Man es la historia de una mente enferma a través de la realización de superdotado narrativo. Un excepcional ensayo sobre las escalofriantes consecuencias de estar expuestos a violencia, físicamente o en pantalla. En el día a día, todos somos testigos.



7. ‘JOKER’ DE TODD PHILLIPS – COMPETICIÓN OFICIAL

“Al sentirte como pasajero de un horrendo tren de pensamientos que se dirige a lugares insoportables del pasado, recuerda que siempre quedará la locura. La locura es una salida de emergencia.” Este el final del mítico monólogo del Joker en La broma asesina de Alan Moore, Brian Bolland y John Higgins. La locura como método definitivo para sobrevivir. Condición que tiene a la carcajada como su elemento identificador más terrorífico. La comedia para lidiar con la tragedia; la risa que no puede representar felicidad. Son estas las contradicciones que hacen del Joker uno de los personajes más fascinantes de la cultura popular. El archienemigo de Batman, que pocas veces ha tenido un espacio artístico propio.

Al igual que el cómic antes comentado, Joker de Todd Phillips explora el origen del villano. La metamorfosis de individuo marginado por la sociedad a líder de los incomprendidos. Un arco emocional que recorremos en esta buena película de autor. Puede que chirríe la etiqueta de autor al tratarse de un proyecto de una gran productora, mas hay varios argumentos de peso que nos avalan. El más importante de todos es que el autor al que nos referimos no es el director, sino Joaquin Phoenix. Este nos regala una actuación inmensa y que será recordará por mucho tiempo. Se puede resumir en que el actor consigue elevar la interpretación a la categoría de creador. El mejor halago que se le puede hacer a los trabajadores de su profesión. A través de un estilo añejo que nos evoca al cine negro americano de los 70, Joker son dos horas en las Phoenix escribe su propia historia. La fotografía, el sonido y la edición sólo se tienen que preocupar de molestar lo menos posible a la estrella. Él alcanza la verdad de la actuación, la exaltación del gesto para traspasar la pantalla. La manera en que mueve su cuerpo o transforma su rostro son de una maestría incontestable. Un papel tan incómodo como hipnótico.

Arthur Fleck, el nombre real del villano, sufre una enfermedad mental y tiene la vocación irrealizable de ser comediante. Únicamente sabemos que producirá muchas emociones. En el apartado del relato, el interés es irregular debido al peso que ejerce Batman sobre la cinta. Me imagino que por razones comerciales han tenido que meter con calzador la infancia del superhéroe, pues Joker bien podría ser la historia de una persona normal. Lo menos atrayente es cuando se subraya que vive en Gotham y rompe el hechizo de vivir una nueva obra clásica –Taxi Driver (1976) como influencia más clara–. En pocas palabras, Joker es un viaje oscuro y violento a un infierno emocional. Un trayecto desolador en el cual la risa y la soledad viajan juntas en el cuerpo de un actor gigante. La locura como salida de emergencia y entrada a la gloria.



6. ‘NO. 7 CHERRY LANE’ DE YONFAN – COMPETICIÓN OFICIAL

Cada vez que entramos en una sala de cine esperamos gozar, transportarnos a otros mundos. Una experiencia mágica. La pantalla simboliza la entrada a un mundo irreal en el que evadirnos de la cotidianeidad. En la actualidad, el séptimo arte ha perdido cierto sentido lúdico y de deseo. Nostalgia, o mejor dicho romanticismo, de un pasado donde la pasión era su razón de ser. Los protagonistas de No. 7 Cherry Lane frecuentan un cine cuyas proyecciones ocupan gran parte del metraje. Estamos en Hong Kong del año 1967 y por su cartelera pasan películas como El graduado o Doctor Zhivago, pero cuando entramos en la sala sólo vemos filmes de una actriz por la que Yonfan siente una profunda fascinación: Simone Signoret. Adaptando escenas de varios de sus filmes como Room at the Top a una hermosa animación artesanal, se exalta la energía de la intérprete francesa. Nos detenemos en gestos mundanos como beber un brandy o fumar un cigarrillo, acto que conecta al filme clásico de Jack Clayton con el actual.

Ante todo, No. 7 Cherry Lane es una carta de amor a los melodramas clásicos, entendiendo la animación como única vía para revivir el Technicolor. El relato se centra en un triángulo amoroso entre el joven y apuesto universitario Ziming y una madre y su hija, tutorizando con clases de inglés a esta última.

Si Signoret copaba el cine, Marcel Proust y Charlotte Brontë son sus relativos literarios. Entre frases de En busca del tiempo perdido y Jane Eyre se va desarrollando una historia de amores imposibles. Una pasión originada mediante constante filtreo, siendo la consumación mera ensoñación. Pulsión que ha sido dirigida sin prejuicios y animada exquisitamente, concibiendo una obra notable. Esta nos conquista al detener el tiempo con miradas de deseo y acariciar los cuerpos lentamente. Una cúspide sensual desde la que el cineasta hongkonés le da tiempo a tocar transversalmente la Revolución Cultural y evocar el Periodo de Terror Blanco. Esta es una propuesta tan excesiva estéticamente como conceptualmente, pero no podría ser de otra forma. Su esencia es la liberación y el Technicolor. Un cine extinguido donde la ficción era más intensa que la realidad. En este momento, amar las salas de cine se ha convertido en un acto de rebeldía. Allí donde Simone Signoret nos enseñó los secretos del deseo.



5. ‘I DIARI DI ANGELA – NOI DUE CINEASTI. CAPITOLO SECONDO’ DE YERVANT GIANIKIAN – FUERA DE COMPETENCIA

Los diarios de Angela Ricci Lucchi nos trasladan a la gira que hizo con Yervant Gianikian por Estados Unidos en los setenta. En ella, iban presentando sus obras por distintas ciudades. Ya fuesen proyecciones en museos o en universidades, su visión artística abría un mundo nuevo para los espectadores. Entonces nos acercamos a las palabras que escribió la cineasta. Cada día rellenaba las páginas en blanco con sus pensamientos y emociones. Siguiendo la tinta, describe lo mal que se sentía tras una sesión en la que no paraban de reírse durante todo el metraje. No obstante, también el calor curativo que le ofrecían sus amigos tras ese mal trago. Impresiones que en un lugar como el Festival de Venecia nos reconfortan y remueven. En las galas de presentación con los equipos de la película de diferentes secciones, hemos visto muchas lágrimas de felicidad de sus integrantes al ver su obra por primera vez en pantalla grande. Una experiencia única que la imprescindible I Diari di Angela – Noi due Cineasti. Capitolo Secondo transmite de forma tan humana y tan empática que conmociona. Un recordatorio de que detrás de cada película hay miedos, tristeza y mucha alegría.

Sin dudarlo, la película de Gianikian a través de los diarios de Ricci Lucchi es la más emocionante de la 76ª Mostra de Venecia. En una conjunción perfecta entre las memorias escritas de ella y las grabadas por él, viajamos por países, paisajes y dibujos. Al final, comprendemos que sobre todos sus viajes lo importante era su unión. La necesidad de grabar con alguien, el placer de crear una mirada conjunta. Y cuando una de estas dos se ha ido, la imagen vive y acompaña. Un sentimiento que Gianikian nos regala como prueba de amor y motor de esperanza para el público. En sus propias palabras: “Mi intento desesperado de traerla de vuelta a mi lado, de devolverle la vida, la continuación de nuestro trabajo como meta, como misión, a través de sus cuadernos y dibujos, una especie de mapa para la acción en el presente, que contiene sus principios y prevé su continuación. Angela y yo habíamos preparado nuevos e importantes proyectos para llevar a cabo. La promesa, el juramento, de continuar el trabajo.” Angela, Yervant, gracias de todo corazón.



4. ‘AD ASTRA’ DE JAMES GRAY – COMPETICIÓN OFICIAL

AD ASTRA

La humanidad siempre ha sentido fascinación por las estrellas. Mirar hacia ellas es intentar entender lo inexplicable, alcanzar lo imposible. Un universo lejano al que las civilizaciones le han proporcionado diferentes simbolismos, casi siempre desde una perspectiva espiritual. Porque como nos muestra Ad Astra, el espacio puede que sea el lugar donde guardamos nuestras emociones y miedos más profundos. Su refugio más infalible. Por el contrario, el espacio también puede verse como una vía de escape. Imaginar viajar fuera de la Tierra para eludir los problemas cotidianos. De esta manera, James Gray ha creado una obra tan grandilocuente como íntima, una odisea existencial conmovedora. Aunque esta tiene lugar en el espacio exterior, este es un pretexto para revelar, e intensificar, el mundo interior. Algo que da mucho más vértigo que las alturas. No hay duda de que al cineasta sabe que las grandes aventuras en el cine son el medio para comprender al ser humano.

Una propuesta que comienza cuando al astronauta Roy McBride le asignan una misión para intentar buscar a su padre. Este fue un pionero que se embarcó en una misión de la que se perdió la pista hace mucho. Todo parecía indicar que se había muerto, mas han parecido señales de lo contrario. En verdad poco importa si el padre sobrevivió, sino la travesía emocional de Roy sobre la pérdida de un ser querido. El duelo, el dolor y, finalmente, la soledad son las sensaciones que predominan en Ad Astra. Su director vuelve a confirmar su condición de ser unos de los grandes cineastas estadounidenses, heredero del cine de los 70. Él entiende este medio para contar lo terrenal desde las grandes historias, con su amor incondicional al cine clásico como motor. En entrevistas comentaba la influencia de Apocalypse Now (1979) y su esencia narrativa es similar.

Tras el despegue de Roy, se suceden momentos de monólogo interior -voz en off y primeros planos del protagonista- con espectaculares panorámicas donde el espacio hace que los humanos sean insignificantes. Ante todo, nos encontramos ante una obra inmersiva tanto física como emocionalmente. Sentimos el tormento de un brillante Brad Pitt en una actuación muy sentida desde la contención. También la banda sonora y la fotografía de maestros como Max Richter y Hoyte Van Hoytema respectivamente. Un equipo a disposición de la historia, de adentrarse en la oscuridad para reflexionar sobre la condición humana. Históricamente, las misiones espaciales han tenido el objetivo de encontrar vida inteligente. Pero volviendo a lo esencial, Ad Astra nos pregunta si sabemos valorar lo que nos rodea, lo que está al alcance de nuestra mano y no vemos. Puede que antes de intentar conquistar el espacio exterior debamos entendernos a nosotros mismos.



3. ‘MARRIAGE STORY’ DE NOAH BAUMBACH – COMPETICIÓN OFICIAL

MARRIAGE STORY

Nicole enumera lo que le gusta de Charlie. Charlie enumera lo que le gusta de Nicole. Hay muchas cosas buenas en ambos y se complementan para ser todavía mejores. Pero estas no son imperecederas. Ellos acaban de decidir divorciarse y el apoyo va a desaparecer. De construir juntos a destruir todo lo anterior mediante un proceso legal. Un sistema que divide a familias, sus propiedades y su tiempo. Una fase que Noah Baumbach ha retratado con desbordante calidez en la maravillosa Marriage Story. Una nueva cima de su filmografía incluso superando a Frances Ha (2012), ambas recorriendo diferentes etapas vitales complejas.

Si por algo destaca el filme es por ser sentirse cercano y honesto. El director decide utilizar el cine para curar y no para seguir ahondando en la herida. El propio Baumbach dirige y escribe un guion que seguro ha tomado cosas de su vida personal. El neoyorquino está casado con la actriz Greta Gerwig; un evidente paralelismo con Charlie, director de teatro, y Nicole, actriz de su compañía. Él necesita el control y ella quiere buscar su espacio. Un choque de necesidades vitales que divide la estructura narrativa en dos puntos de vista. Por un lado, conocemos la vida en Nueva York de Charlie y su total dedicación al teatro. Por otro, Nicole prefiere vivir en Los Ángeles junto a su familia. Dos ciudades que separan al futuro ex-matrimonio. Distancia cuyo puente es su hijo pequeño. A lo largo de la película, este será el que siempre les une. Un vínculo principal pero no el único. La separación empieza a llenarse de secundarios como la familia y los abogados. Gente que mira por su interés y no ve la situación desde lejos. El sistema legal es despiadado, pero ya está el director para insuflarle humanismo. En Marriage Story hay excelentes diálogos, momentos musicales catárticos, y humor en las situaciones más delicadas. No se me ocurre a nadie que no pueda ceder ante este filme arrebatador. Si hasta el momento hemos reconocido el gran trabajo del director, debemos hablar del reparto. Scarlett Johansson y Adam Driver están espectaculares. Además, es bonito y consecuente con el fondo que ambos brillen por igual. También destacar la presencia de Laura Dern, recordándonos que todas las películas son mejores con ella. Un papel de feroz abogada de derecho familiar que roba todas sus escenas. Como Charlie y Nicole diciéndose sus virtudes, no acabaríamos si queremos ser justos con Marriage Story. Más allá de su relato, en cada gesto de la cinta hay un detalle generoso, como los homenajes a Ingmar Bergman y David Bowie. Alegra y reconforta ver cine que se dedique a curar ante tanta desolación y egoísmo actual. Es la historia de un divorcio, pero se quedará mucho tiempo junto a nosotros.



2. ‘MARTIN EDEN’ DE PIETRO MARCELLO – COMPETICIÓN OFICIAL

El mar está calmado. Desde el borde del barco, observamos la gran cantidad de peces que nos acompañan. Estos vagan sin rumbo aparente, sin un sentido vital más allá de la supervivencia. Al igual que mirar un cuadro, observamos su belleza desde lejos, mas al acercarnos apreciamos que únicamente son puntos. La compresión transforma nuestra mirada en este océano de ilusión hasta advertir que los peces son humanos. El conocimiento ha transformado el colectivo en individualismo. Un proceso de aprendizaje y culturización plasmado con lirismo en Martin Eden de Pietro Marcello. Esta adapta libremente el clásico homónimo de Jack London, cambiando California por Nápoles. Una odisea desde la pobreza a la burguesía, desde la pasión al amor, y, por último, del porvenir al desencanto. El protagonista deambula por océanos que auguran amor, belleza e inteligencia. Pureza sólo alcanzable al llegar al fondo del mar. Un naufragio predestinado que es un hervidero de ideas cinematográficas a uno de los nuevos talentos italianos. Siguiendo la estela de La bocca del lupo (2009) y Bella y perdida (2015), el cineasta intercala la filmación actual con fragmentos de cintas olvidadas. Un concepto experimental que encaja a la perfección con la vocación literaria de Martin. Después de enamorarse de Elena y su espiritualidad, empieza a escribir sobre sus aventuras pasadas. Viajes vividos intensamente que la arqueología visual de Marcello une a su naturaleza. Asimismo, cabe destacar entre los muchos aciertos del filme su estructura narrativa mediante el uso de elipsis. Si Jack London usaba páginas y páginas para hacer avanzar a Martin en su paso de marinero a escritor, el italiano llena esa espera de huecos. El paso del tiempo se expande y la caída de la sociedad del siglo XX se eleva. Los conflictos políticos de este siglo –la dura pugna entre el socialismo y el liberalismo– se combinan con la primera historia de amor de los inexperimentados Martin y Elena. Él interpretado por un fenomenal Luca Marinelli, con su fuerza física empapada de vigorosidad, y ella por Jessica Cressy, figura simbólica del vacío de la burguesía. Aunque ha ido a las mejores escuelas, no conoce nada sobre la vida. Situación contraria a la relación de Marcello con el cine, intentando crear nuevas experiencias desde el ensayo. Osadía rebosante de talento que permite reconocer la condición de milagro a Martin Eden. Un mar de imágenes hermoso, elevado y magnífico.



1. ‘EMA’ DE PABLO LARRAÍN – COMPETICIÓN OFICIAL

La tierra ya se ha agotado. Necesitamos oxígeno y no tenemos dónde plantar. Hemos probado todas las soluciones posibles, pero sin resultado alguno. Únicamente queda ejecutar el protocolo de emergencia: quemar todo. Destrucción con la finalidad de crear que le resulta cercana a Pablo Larraín. Su incursión en el cine estadounidense con Jackie (2016) fue fría y distante, un viaje al extranjero como aprendizaje impagable. En ella abordó un periodo histórico desde su visión, más allá de su marca en la memoria colectiva, foránea. Era evidente que el director debía regresar a Chile, al país que mejor conoce. Un descanso entre rodajes aprovechado para absorber lo que veía a su alrededor. Aunque el director solía acogerse a una historia real, era el momento de dar un paso adelante. Romper con todo y quemar lo que ya había hecho. Ema es un salto al vacío y un punto de inflexión en la carrera del cineasta. Una película especial sobre cómo nos expresamos y construimos relaciones en pleno 2019, definitivamente desde un punto de vista femenino. No hay nada más valiente para un cineasta que intentar entender el presente sin ninguna referencia anterior. Sin ser redonda, Ema es algo mucho mejor, original. Algo imperfecto debido a que Larraín se ha atrevido a trasladar al lenguaje cinematográfico una nueva realidad.

En Valparaíso, Ema y Gastón acaban de perder a su hijo adoptivo. Este ha quemado su casa y han tenido que desprenderse de él. Una pareja incapaz de racionalizar las causas de esta pérdida y de aceptar que vuelven a estar solos. De esta manera, la familia se empieza a descomponer y adentrarse en un intercambio de reproches. Por un lado, él es doce años mayor que ella y hace tiempo que su inseguridad emergió de su biología estéril. Un director de performances de danza que cree no haber vuelta a atrás. Por el contrario, Ema piensa diferente, no va a parar de luchar hasta recuperar a su hijo. Bailarina en la compañía de su pareja, tiene clavada en su interior más profundo la manera que tiene su hijo de recordarle la fragilidad de su lazo: “tú no eres mi verdadera madre.” Desasosegante leitmotiv de Ema, causa de terror para la protagonista que decide dar todo por transformarlo en amor. Con esta interesante premisa apoyada en el drama, el thriller y el musical; a Larraín le interesa enfocarse en plasmar múltiples lenguajes novedosos. Como eje principal del filme tenemos el baile. Si el cine debe sublimar la expresión corporal de los actores, la danza es su forma más pura. Desde el principio la trama se intercala con coreografías. Lo interesante aquí es cómo los movimientos de los cuerpos se transforman a lo largo del metraje. De la magnífica banda sonora electrónica de Nicolas Jaar pasamos al reggaetón, el corazón y motor de Ema. En el cine de autor actual, este es ignorado y devaluado. Casi como una herejía, en las buenas películas no suele haber este tipo de música. No se me ocurre un director que se haya aproximado a esta certeza cultural tan relevante en la juventud actual como Larraín; habiendo cantidad de ejemplos que toman el techno como canalizador de la energía vital contemporánea. El reggaetón es empoderamiento, una nueva arma de liberación. Un género del que Ema y sus amigas hacen la evidencia de su sororidad. Un ritmo, junto a una estética inherente al digital, que infecta a los diferentes personajes del filme y engancha a los espectadores. El deseo y el calor corporal como contrapunto a una expresión verbal cada vez más crispada. En la actualidad no hay mesura, los extremos ya han conquistado casi todo el terreno. Dos medios para comunicarnos que la actriz Mariana Di Girolamo explota en una actuación tremenda. Ella es irracional con la música y hermética con las palabras. Una figura que es heroína, madre, hija, hermana, líder, amante y mujer. Pocos son los elogios hacia, como la propia cinta, un arriesgado papel que conquista desde la osadía. Lo que veo en el filme me resulta tan cercano, al compararlo con mi alrededor, como novedoso desde un punto de vista cinematográfico. Originalidad que nos engaña al creer que en ocasiones la narración no parezca tener rumbo o estar dando bandazos. Nada más lejos de la realidad, Larraín tiene todo calculado y el plan maestro se irá desvelando poco a poco. Un desarrollo perfecto para una película importante. No se le puede pedir más a un cineasta que abordar un tema social –si la adopción es equivalente al concepto de maternidad–; explorar la adaptación de las nuevas corrientes culturales al lenguaje cinematográfico –el reggaetón como catarsis–; y mantener en suspense al público con una trama perversa. La consagración definitiva de un cineasta esencial para la cinematografía de Chile y el cine de autor mundial. Qué difícil es pararse a mirar el presente que nos rodea y reflexionar sobre él sin caer en desconsideraciones. En definitiva, es hermoso acercarnos a Ema para ver la magia creada al compenetrarse el cine y nuestro tiempo. Una cuestión de valentía.

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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