Locarno 2017 – Día 1

En el corazón de Locarno, el proyector de la Piazza Grande se ha encendido y ha dado comienzo a la 70 edición del festival. Una celebración inaugurada por Demain et tous les autres jours (2017) de Noémie Lvovsky. Tras ganar en 2012 el Premio Variety Piazza Grande con Camille redouble, la directora francesa regresaba para intentar conquistar otra vez a la multitud que abarrotaba el mítico emplazamiento. Una difícil empresa al esconder debajo de su vitalidad inocente un oscuro retrato de las enfermedades mentales. El triste origen de un cuento infantil.


‘DEMAIN ET TOUS LES AUTRES JOURS’ (2017), DE NOÉMIE LVOVSKY – PIAZZA GRANDE

Demain et tous les autres jours

Por fin logramos salir del bosque y el cielo se expande ante nosotros. No hay duda de que hoy es luna llena. Señal natural para guiarnos el camino al río. Bajo sus oscuras aguas, apreciamos la silueta de nuestra hija. Su cuerpo yace en el fondo y nos será imposible rescatarla, como si Ophelia de John Everett Millais dejase de flotar. Pues con este cuento sombrío, la directora y guionista Noémie Lvovsky logra captar la esencia de Demain et tous les autres jours: la fantasía como frontera insalvable. Porque el relato sobre una madre que pierde a su hija en el caudal es una invención de Mathilde, su descendiente de nueve años. En mitad del recreo, el ruido y la multitud disimulan su soledad. Sobre un cuaderno, sus grandes ojos otean curiosos el panorama. Desde la separación de sus padres, interpretados por el célebre Mathieu Amalric y la propia Noémie Lvovsky, la observación se ha convertido en su coraza. Una imaginación infinita para cubrir una dura realidad. Ya que en su alrededor no hay familia ni hay amigos, y su infancia urge encontrarlos. Circunstancias adversas convertidas en una sensible dimensión paralela por la realizadora francesa, siempre apoyada en la formidable expresividad de la joven actriz Luce Rodriguez. Pues aunque la creatividad infantil para escapar de los problemas es un tema manido, Demain et tous les autres jours encuentra su distinción en el humor y el afecto que trae consigo la aparición de una lechuza. Un regalo de su madre como única vía posible para expresar su cariño. Sin atreverse a tocarla nunca podrá intentar sacarla del río.

En vistas al aislamiento de Mathilde en el colegio, acaban llamando a su madre para identificar las causas. Una reunión donde se manifiesta el comportamiento excéntrico de la madre. Ya que el problema no nace en Mathilde, sino que es un reflejo. Antes de salir del despacho, la educadora le afirma que ella es una buena madre. Una sentencia que cala en la película y en su tristeza inherente. Pues si la primera parte de Demain et tous les autres jours era vital y creativa, en la segunda vemos su reverso. La mente de Mathilde no es la verdadera protagonista, es su madre quien sufre una enfermedad mental. Una prisión que engulle al personaje de Noémie Lvovsky, al igual que a la historia progresivamente. La oscuridad del cuento que soñaba Mathilde al principio era realidad, donde las distancias duelen. Porque la relación maternofilial es un vínculo tan poderoso como desgarrador al no poder ser sentido. Todavía más incisivo cuando la directora se centra en mostrar cómo se compenetran sus correspondientes mecanismos mentales. Una deriva que hace de Demain et tous les autres jours un drama adulto especialmente desolador. Una cinta agridulce, más cercana a un gusto desagradable, al contrastar sin enlaces la infancia con un trastorno psicológico. La madurez quebrando la magia y los cuentos. Porque escondido detrás de la apariencia de una película familiar, la obra de Noémie Lvovsky no deja atisbo de esperanza. Mathilde nunca podrá estar junto a su madre sin modificar la realidad. Cada luna llena, una lechuza estará atenta a la aparición del cuerpo de una niña en el río. La continuación eterna de un cuento trágico.

Demain et tous les autres jours

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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