Portero de noche (1974), de Liliana Cavani – Crítica

Portero de noche

El cine y la cultura popular han ensalzado en las últimas décadas dos tipos principales de malos malísimos: los psicópatas y los nazis. Podría resultar peliagudo intentar determinar cuál de ellos encarna con más eficacia en pantalla el Mal, así con mayúsculas, pero yo apuesto sin dudar por los nazis. Además de rasgos psicopáticos de manual, a los monstruos nazis se les presenta siempre con una imagen impecable (Hannibal Lecter no es la norma en el mundillo psicópata; no todos son tan estilosos, refinados y sibaritas) e implacables en su obtusa maldad. Son malos sin complejos, orgullosos y cerriles. Y punto. Esta visión de los nazis no pasa en muchos casos de la caricatura grotesca y algo simplista, por lo que encontrar una película como ‘Portero de Noche‘ (Il portiere di notte de Liliana Cavani, 1973) resulta al mismo tiempo refrescante y enriquecedor.

La historia que plantea la película es bastante conocida por lo retorcido de su planteamiento: una víctima de los campos de concentración se reencuentra casualmente doce años después de su liberación con el hombre que fue su carcelero, ahora escondido del escrutinio público en un modesto puesto de conserje de hotel, y retoman la relación de corte sadomasoquista que entablaron entonces. Pero antes de hablar de la historia en sí, me gustaría hablar acerca de la extraordinaria pareja de actores protagonistas, Dirk Bogarde y Charlotte Rampling.

Dirk Bogarde es Max, el ex carcelero nazi. Este actor inglés interpretó durante su carrera diversos papeles de carácter ambiguo que eran muy valientes para la época en la que se rodaron: personajes sadomasoquistas, gays (él lo era), bicuriosos… todos bastante alejados de los estereotipos dominantes. Su papel en esta película y en ‘Muerte en Venecia‘ (1971), donde interpreta a un compositor maduro que pierde el oremus por un muchachito púber, fueron los más destacados de su filmografía. En ‘Portero de noche‘ retrata con gesto hierático y maneras impecables a un nazi enamorado, con complejo de culpa (quizá lo que más inclina la balanza de la simpatía a su favor), pero que sigue siendo básicamente el mismo que cuando conoció al personaje de Rampling.

Charlotte Rampling interpreta a Lucía, la víctima/amante de Max. Esta actriz británica tampoco ha seguido el camino fácil en su carrera. Tras unos comienzos convencionales, una experiencia vital traumática (su hermana mayor se suicidó) le hace replantearse su carrera y empezar a aceptar trabajos que, según sus propias palabras, van más allá de la simple belleza o el entretenimiento. Y eso que belleza no le falta, precisamente. Sus ojos gris-azulados, su mirada de párpados caídos y sus pómulos afilados serían por si solos motivos suficientes para ver esta película. Por suerte para nosotros, la película pone toda la carne en el asador y hay muchos, muchos más motivos por los que verla.

Los amantes se reencuentran de un modo que parece inevitable para ambos. Tras doce años de separación, recaen en su relación a tumba abierta, sabiendo que sus posibilidades de supervivencia son, siendo optimistas, mínimas.

Portero de noche

No me detendré demasiado en las escenas de sexo, bien resueltas pero poco o nada escandalosas (tras su estreno, la crítica italiana cargó contra una de ellas con especial saña porque el personaje de Lucía ¡se pone encima!). Muchas de estas escenas son flashbacks de los tiempos del campo de prisioneros y presentan una sensualidad turbia y malsana, pervertida por el componente de muerte implícito y explícito en las situaciones planteadas.
Pero lo realmente provocativo de esta película no son sus escenas de sexo desviado, sino la radiografía que hace de estos personajes y sus motivaciones, el análisis de las miserias humanas que lleva a cabo, y también de sus grandezas. Porque ‘Portero de Noche‘ es una película de nazis, sí, y también es una película de sexo. Pero es, por encima de todo, una estupenda historia de amor oscuro bellamente filmada e interpretada.

Siendo honestos, no es una película perfecta. Ante la interesantísima trama de la pareja protagonista, los personajes secundarios quedan en comparación algo apagados. Muchas de sus escenas no parecen servir a más objetivo que acentuar la atmósfera de decadencia moral que tan bien capta el film, y en ocasiones pueden resultar impostadas y bordear el ridículo (el bailarín nazi y su “Vente a verme bailar y me mueves el foco”) y/o la vergüenza ajena (la condesa nazi pidiéndole a Max un muchachito para desayunárselo).

Pese a sus evidentes fallos, ‘Portero de noche‘ resiste bien el paso del tiempo. Es, en resumidas cuentas, una película realmente provocativa que nos invita a plantearnos cuestiones profundas tales como la naturaleza del amor, el sentido de la vida y la complejidad de los seres humanos y sus relaciones, todo ello con un lenguaje cinematográfico ejecutado a la perfección.

Portero de noche

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2 comments

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  1. Salva 16 abril, 2018 at 10:36 Responder

    Con todo respeto: decir que los personajes interpretados por Dirk Bogarde en “Muerte en Venecia” y en “El portero dee noche” “fueron los más destacados de su filmografía”, supone olvidar (o ignorar) películas (e interpretaciones) tan fascinantes como “El sirviente”, obra maestra de Joseph Losey de 1963, o “Providence”, deslumbrante “tour de force” de Alain Resnais de 1977.

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