(300) El Origen de un Imperio: De la Realidad a la Ficción

300 el origen de un imperio

«300: El Origen de un Imperio ofrece mucho entretenimiento y espectáculo visual. Pero las medias verdades son la peor de las mentiras. Si de verdad interesa conocer la correcta sucesión de los hechos históricos, se debería contrastar lo que relata la trama de la película»

Difícil es separar ficción de realidad cuando tratamos con películas con contenido basado en sucesos que realmente sucedieron en el transcurso de la historia de las civilizaciones. Cuanto más arcaicas son las gestas, más complicado es saber que tan verdad es lo que estamos visualizando. Muchas escenas están sujetas a teorías e interpretaciones, por lo que la demostración de su veracidad es más compleja. No obstante, cierto es que este tipo de actos no suele quedar mal en la gran pantalla. Es más, incluso puede provocar un mayor impacto en el espectador comparado con lo que realmente pasó, aunque eso ya depende de cada uno.

El Origen de un Imperio (Noam Murro, 2014), secuela de 300, guarda muchas discrepancias con lo que aconteció realmente en tierras griegas. El filme contiene numerosos errores históricos, pero en este artículo nos detendremos en los más flagrantes.

Para empezar, en la batalla de Maratón (490 a. C.), considerada la primera batalla realmente decisiva de la historia en lo que al occidente moderno concierne, es donde, a mi parecer, detectamos más falacias. Bien es cierto que lo que nos cuenta la cinta es épico a la par que deslumbrante, pero está lejos de la realidad.

Lo primero, Gorgo, la narradora en la película, nos dice que Darío invade Grecia por “detestar la idea de la libertad griega”. Lo cierto es que tan solo hubo dos razones: para extender su imperio, y por la ira ante la destrucción de Sardes a manos de Aristágoras de Mileto.

En la cinta nos muestran a unos griegos desesperados y a unos persas cansados y desorganizados. Contra esta imagen, la historia relata que sendos ejércitos se encontraban listos y preparados para el combate, aunque no se sabe con exactitud que impulsó a los griegos para efectuar tamaña acción. Aunque Temístocles se encontraba allí ese día, siendo uno de los diez generales y apostándose en el centro de la formación (la que se llevó la peor parte), el liderazgo era de Milcíades, que no aparece por ninguna parte en la cinta, ni siquiera una triste mención, siendo el auténtico corazón del ejército y héroe ese día. Se especula que la victoria fue para los griegos porque los persas, no se sabe por qué, no desembarcaron su caballería.

De hecho, los espartanos estuvieron invitados a la batalla, pero debido a las cárneas no participaron el día del combate. Llegaron justo cuando este había terminado, contemplaron el lugar e hicieron grandes elogios de los atenienses.

Pero quizá la falacia más destructiva la encontramos en lo relacionado entre Darío y Temístocles. Es imposible que Temístocles matara a Darío, sobre todo, porque Darío no se encontraba en Maratón aquel día. Es más, Darío murió más adelante por causas naturales.

A manos de Temístocles se construyó la flota de trirremes ateniense, gracias a sus ardides y su elocuencia para convencer a Atenas, y bien es cierto que este consiguió aunar a las ciudades-estado para enviar barcos a la flota griega. Se dice que Temístocles era mucho mejor orador y estratega que guerrero.

Las batallas de las Termópilas y Salamina tampoco se salvan del escándalo. En la primera, efectuada para frenar el avance persa, fue protagonizada por unos siete mil hombres bajo el mando de Leónidas. Cierto es que hubo un sujeto que los traicionó y filtró información geográfica de interés a Jerjes (hijo de Darío que subió al trono cuando este murió). Leónidas ordenó la retirada, pero él mismo y sus trescientos hombres (junto a unos mil beocios) permanecieron y murieron en combate. Fue heroico, motivador e inspirador sin duda, pero no fue el suceso que unió a las ciudades-estado griegas porque ya estaban unidas.

Gracias al tiempo que hubieron ganado, los atenienses lograron abandonar su Atenas a tiempo para que cuando Jerjes llegara para arrasarla, estuviera vacía. En la película se nos muestran numerosas matanzas y violaciones por parte de los persas, cosa que no ocurrió en verdad porque la ciudad estaba desierta.

En lo que respecta a Salamina, la llegada de la flota espartana no fue decisiva puesto que no poseían una flota poderosa. De hecho, los espartanos no solo permanecieron junto a los griegos desde el principio, sino que su almirante Euribíades era el líder de la flota, aunque la mayoría de los barcos fueran atenienses.

Temístocles preparó un ardid que supondría un golpe maestro contra Jerjes. Le engañó acerca de la situación de la flota y liderazgo griego, y este cayó en la trampa. Debido al miedo frente a las fauces persas, muchos griegos cayeron presa del pánico y traicionaron a sus compatriotas. Jerjes pensó que Temístocles era otro ejemplo.

Gracias a semejante argucia, y al estrecho de Salamina, los griegos obtuvieron una aplastante victoria en el 480 a. C. y Jerjes, con un tercio del ejército, abandonó Grecia. Claramente, Temístocles obtuvo todo el mérito.

300 el origen de un imperio

Finalmente, en lo que relaciona a Artemisia, la ficción atenta contra su verdadera imagen. Reina de Halicarnaso, cierto es que luchó con Jerjes en Salamina, después de desaconsejar tal maniobra y después de un Jerjes que deshecha dicho consejo por pura arrogancia. La película muestra lo contrario, una Artemisia soberbia y un Jerjes precavido.

Artemisia no estaba al mando de toda la flota. Escapó de un puñado de trirremes griegos tras una estratagema poco ética, y fue enviada por Jerjes a cuidar de su descendencia. No llegó a morir, ni bajo el filo de la espada de Temístocles ni de ningún otro griego, en la bahía de Salamina. Y en cuanto a su infancia, nada se sabe acerca de ella salvo que nació en la misma Halicarnaso que más tarde gobernaría, por lo que los relatos de su infancia no gozan de veracidad alguna.

La cinta ofrece mucho entretenimiento y espectáculo visual. Pero las medias verdades son la peor de las mentiras: no se es capaz de distinguir entre lo que es cierto y entre lo que no lo es. Si de verdad interesa conocer la correcta sucesión de los hechos históricos, se debería contrastar lo que relata la trama de la película con los libros de historia.

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