La doncella (2016), de Park Chan-Wook – Crítica

La doncella

Con la respiración entrecortada, La doncella es puro deseo al desvestir lentamente un relato de juegos de poder. Un filme con alma voyeurista que descubre su mayor gozo en la  exquisita exhibición formal de Park Chan-wook.

Migrar al extranjero siempre supone un choque, debiéndonos adaptar a un nuevo idioma, cultura y ambientes. En la carrera profesional de cualquier persona aparecen oportunidades irrechazables, con el recelo de abandonar el país natal. A principios de la década, Park Chan-wook decidió probar suerte en Hollywood y la historia no acabó con final feliz. En América rodó Stoker (2013), con grandes destellos de su formidable técnica, empero con una sensación de represión. Resulta significativo que el relato sobre el despertar sexual sea el único guión de toda su filmografía en el que no está acreditado. Una mala señal que parece derivar de una barrera lingüística insalvable. Por ello, al necesitar reencontrarse consigo mismo y a la vez con su propio cine, el director surcoreano hizo las maletas y regresó a su añorado hogar. No obstante, la travesía no había sido en vano, al volver con una nueva fijación por la sexualidad, dejando de lado la violencia, y la novela Falsa identidad bajo el brazo. Una historia escrita por la consagrada escritora británica Sarah Waters, conocida por dotar a sus obras de un corazón lésbico. Debido al gran éxito que supuso el libro en 2002, la BBC produjo una miniserie de título homónimo en 2005 dirigida por Aisling Walsh. Aunque la localización de la misma es Londres en la época victoriana, Park Chan-wook volvía a Corea del Sur y su cultura iba a impregnar su visión particular de los pensamientos de Sarah Waters con lo que ello suponía. Hay que tener en cuenta que en Corea del Sur el matrimonio homosexual no está legalizado y allí Park Chan-wook es poco menos que una deidad. Rompiendo las cadenas de una sociedad conservadora para filmar una historia de libertad e igualdad. Todo ello desde una pasión contagiosa por volver a ser el mismo, siendo La Doncella una gozosa exhibición de virtuosismo.

Llueve en Corea de los años 30, una joven sostiene a un bebé mientras a su espalda marcha  imponente el ejército japonés. Esa adolescente es Sookee, una timadora huérfana contratada por una mujer japonesa para ser su doncella. Sin embargo, detrás de su nueva ocupación se esconden una serie de engaños y falsificaciones para conseguir la gran fortuna de la rica señorita Hideko. Con un comienzo frenético, Park Chan-wook asienta las bases de un universo febril desde la falacia, la ocupación territorial y el clasismo. Todos ellos cosidos en suaves guantes, describiendo las relaciones de poder con el contacto de las yemas de los dedos. La mansión está habitada por cuatro personajes principales: Hideko y su malvado tío, y Sookee y su compinche, encubierto bajo el título de conde japonés. Por un lado, las manos de los propietarios de la residencia no ven la luz, suponiendo un pecado manchar los valiosos pergaminos que guardan en su inmensa biblioteca, prevaleciendo la delicadeza y el tacto. Mientras que en la miseria, la aspereza reside en las manos de los estafadores, duras y con surcos que recuerdan las batallas pasadas. Arrugas causadas con piedras en la calle, en contraposición a la tinta de los ilustrados huéspedes. Diferencias que inundan la atmósfera de la película de época, destacando una elegante dirección artística y la finura de las composiciones del fiel colaborador del director surcoreano, Cho Young-wuk. Esmero que empapa al espectador al observar contrastes entre la riqueza y la podredumbre, y la grieta que separa ambos mundos. Ya que al rozarse con la punta de los dedos, entre el ingenuo guante y las vivencias saltan chispas deslumbrantes. Con una mayor relevancia si el contacto es entre Sookee, un osezno con ansias de dar un zarpazo, y Hideko, un gato elegante y distante. La primera interpretada por la sorprendente novata Kim Tae-ri, tras pasar audiciones abiertas entre 1500 aspirantes; enfrente de una inmensa Kim Min-hee. Brillante actriz surcoreana que da toda una lección de interpretación, con el papel más complejo y lucido. Ambas envueltas en un reservado erotismo, que despierta el alma voyeurista de las delgadas paredes de la mansión.

Si los guantes de Hideko simbolizaban la clase social, no es la única desigualdad en la vestimenta, diferenciando a la doncella de Hideko por los corsés y sus ostentosos vestidos de época. Simples telas que ejercen una fuerza contraria entre las dos protagonistas. Frontera que cada noche el deseo quiebra a la hora de desvestirse, acrecentando la igualdad con cada botón desabrochado. Acción acontecida entre jadeos instintivos, agotando el aire de la habitación con el paso de los días. Ya que el erotismo es la principal esencia de La doncella, evolucionando Park Chan-wook de la violencia estilizada a la pasión, ambas generando placer de intensidades similares. Seducción que avanza entre los personajes al igual que el director nos embauca. Una visión expresiva de los deseos incontrolables que le sirven para definir los comportamientos manifestados por cada género. Pues las conductas animales son contrarias, con los hombres en busca de poder y ejercer su arrogancia, ante la búsqueda de libertad de las mujeres. Una violenta lucha entre fuerza y tacto representada con sensibilidad en un guión escrito entre ambos bandos. Park Chan-wook escribe el libreto junto a Jung Seo-kyung, pieza  fundamental de los filmes con más presencia femenina de su compañero, como es el caso de la impactante Sympathy For Lady Vengeance (2005). De esta manera, las relaciones se alejan del morbo, compenetrando el erotismo con las necesidades narrativas de la historia. Las pautas de la novela de Sarah Waters asientan unas raíces, que crecen y los guionistas podan para crear espectáculo. Donde los toques de humor y violencia no podían faltar, señas de identidad que dieron nombre a Park Chan-wook. Todas ellas, peculiaridades íntimamente relacionadas con el gozo. Convenciéndonos con los atractivos señuelos para ser cómplices de su perverso universo. Cada vez que se espía, sentimos adrenalina desde el ojo en continuo movimiento del ardiente espíritu escondido. Un juego sin reglas, cuyos pasos son realizados firmemente sin remordimientos. Deviniendo en una sucesión de actos lascivos, donde las fantasías son las ideas de Park Chan-wook. Aislando el morbo del sexo, pues lo verdaderamente pornográfico es la exquisitez formal del maestro surcoreano.

Tras la aventura de Park Chan-wook en Estados Unidos, el realizador volvió hambriento. Desde la reivindicable Thirst (2009), no había creado en plenas facultades. Lo que conlleva a un darse un grandioso banquete en La doncella. Filme de un director con ganas de reencontrarse consigo mismo, contagiando su desmesurada pasión por filmar cine. Cada escena es un prodigio de planificación, dejando joyas sin descanso. No hay un movimiento de cámara sencillo ni un reflejo desubicado. Una pretexto  estético que no se queda en una simple demostración de poderío. Todas las viguerías realizadas están a la disposición de la narrativa, ejemplificándose en un recurso que aúna ambos ámbitos: las transiciones. Siempre han sido uno de sus usos del lenguaje cinematográfico favoritos, abundando en esta cinta con un gusto distinguido. Transiciones de escena a escena que se enmarcan en la imaginación, infinita en este periodo creativo para Park Chan-wook. Complejos divertimentos con el montaje que hacen que el relato fluya desde la belleza, haciendo que el entreteniendo no decaiga. Pues la adaptación de la novela de Sarah Waters es compleja, al utilizar continuamente monólogos interiores que normalmente no concuerdan con la gran pantalla. Transformando el director surcoreano los desafíos en continuas oportunidades para brillar. La estructura de la historia se compone de varios puntos de vista, cada uno con el hándicap de no resultar repetitivo. Sensación de imitación que no roza ni una escena, encontrando un ángulo más inverosímil al anterior en cada plano. Alcanzando en su conjunto una clase maestra sobre el arte de rodar cine. El equipo técnico nos regala una exhibición imprescindible, de la que es difícil no salir entusiasmado. Haciendo falta varios visionados para desentrañar todas las genialidades a lo largo del extenso metraje. Tiempo que pasa volando en el frenético entretenimiento, porque si hay algo que no echamos en falta es espectáculo. Un guión que puede pecar algunas veces de confuso, siempre fue el punto débil del surcoreano; mas sin emborrar el virtuosismo visual. Pues el regreso a casa nunca fue tan necesario, transformando las ganas de volver en arte.

Al final, La doncella es una experiencia embriagadora en el que obtenemos más placer que los protagonistas. Una vez desatado el deseo, este se vuelve incontrolable pidiendo cada vez más. Un pozo sin fondo que se ve saciado por los exuberantes movimientos de cámara de Park Chan-wook. Puesto que el ejercicio de estilo es brillante, con una ejecución entregada de los actores. Chocando sus miradas y sus anhelos con la visión del realizador para arder en la pantalla. Un fuego que se extiende junto a su mensaje de libertad e igualdad. Las diferencias de clases, nacionalidades y pasado se deshilan como un guante. Tirando de las fibras lentamente, sabiendo que cuanto más se hacen esperar los objetivos, más se valoran. Llegando al final sofocados y recordando pasajes del enfermizo cuento que nos han leído. Escrito con la tinta más prestigiosa y con el cuidado de no dejar ni una sola mancha. Una depurada técnica que despierta admiración en cada desplazamiento. Ya que el exaltado viaje no tiene billete de vuelta. Una invitación a disfrutar con todos los elementos de un filme placentero. Pues nuestra respiración se acompasa con la de Park Chan-wook, contagiándonos de alguien que inhala pasión.

La doncella

Sinopsis Corea, década de 1930, durante la colonización japonesa. Una joven, Sookee, es contratada como criada de una rica mujer japonesa, Hideko, que vive recluida en una gran mansión bajo la influencia de un tirano. Sookee guarda un secreto, y con la ayuda de un estafador que se hace pasar por un conde japonés, planea algo para Hideko.
País Corea del Sur
Director Park Chan-wook
Guión Park Chan-wook, Jung Seo-kyung
Música Cho Young-wuk
Fotografía Chung Chung-hoon
Reparto Ha Jung-woo, Kim Min-hee, Jo Jin-woong, Kim Tae-ri, Moon So-ri, Kim Hae-suk
Género Thriller
Duración 145 min.
Título original Ah-ga-ssi
Estreno 02/12/2016

Trailer

Calificación8
8

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Carlos Chaparro

Estudió Comunicación Audiovisual, permitiéndole trabajar en su pasión: el cine. Un amor incondicional que nació al descubrir a Patricia y Michel paseando por los Campos Elíseos.

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