El insulto (2017) de Ziad Doueiri – Crítica – Actual 2018

«El insulto es apreciable, absorbente, muy entretenida. Sólo se le puede reprochar que en su intento por llegar a más personas, simplifique algunas de sus reflexiones»

Arranca el festival Actual 2018 con la proyección de El insulto (L’insulte, 2017), película libanesa que aborda cuestiones tales como las consecuencias de los conflictos armados, la dificultad de la sociedad para cerrar heridas, o la transmisión del odio. Pocas regiones en el mundo tienen el privilegio de sentirse ajenas a estos temas.

En España, por hablar de lo que nos toca, se vivió una terrible Guerra Civil que, tras casi 80 años, aún tiene una gran influencia sobre nosotros, nuestro carácter y nuestra ideología; se vivió el conflicto armado vasco, cerrado en 2011 con el anuncio del cese de la violencia por parte de ETA; y se vive el desafío catalán, un conflicto político y social que dista mucho de solucionarse. Películas como Las bicicletas son para el verano o La pelota vasca describen de manera acertada estos episodios de la historia, aunque la mayor parte de nuestra filmografía no se ocupa de ellos. Por lo tanto, si entendemos el cine como un reflejo de la sociedad, podemos interpretar que en España tenemos otras muchas preocupaciones. Estos conflictos nos afectan, pero no ocupan un espacio fundamental en nuestro día a día.

La situación en gran parte de Oriente Próximo es muy distinta. Países como Siria, Irak o Yemen tienen actualmente conflictos armados en el interior de sus fronteras. También Líbano, país de procedencia de El insulto. Israel y Palestina perpetúan su lucha con la inestimable colaboración de sus aliados. En estos lugares, la guerra sí es un tema esencial. Y su filmografía así lo expresa: Iraq Year Zero (2015), Silvered Water (2014), Omar (2013), Son of Babylon (2009), Vals con Bashir (2008), Promises (2001). Todas sus grandes películas giran en torno a ella.

Precisamente por culpa de la guerra, Ziad Doueiri, director de El insulto, tuvo que emigrar a Estados Unidos, donde estudió cine y llegó a ser primer ayudante de cámara de Quentin Tarantino. Colaboró con él en Reservoir Dogs, Pulp Fiction y Jackie Brown, y volvió a su país para rodar su primera película como director: West Beirut (1998), en la que ya mostraba su preocupación por las cuestiones mencionadas al comienzo del artículo. Con ella, ganó varios premios como el François Calais y el de la Crítica Árabe en el Festival de Cannes, el Premio de la Juventud en la SEMINCI o el premio FIPRESCI en Toronto. Después estrenaría, también con críticas positivas, Lila Dice (de producción francesa) y El atentado.

El insulto es su cuarta película, con la que ha vuelto a ganar el Pemio de la Juventud en la SEMINCI. Rodada y ambientada en Líbano, recoge la cultura del país, sus brechas sociales, su situación política, pero le imprime un ritmo y una energía más propias del cine producido en Hollywood. También se percibe en El insulto la influencia del propio Tarantino, sobre todo en la utilización de la música, el uso del color o la elección de algunos encuadres.

Ziad Doueiri, a pesar de abordar un tema tan duro, no castiga en exceso al espectador. Prefiere aligerar la propuesta, hacerla accesible al gran público. Con tal objetivo, rebaja la tensión dramática, introduce mecanismos de suspense (¿Qué ocurrirá ahora? ¿Como acabará todo esto?) y pinceladas de un carácter marcadamente cómico. Sólo cerca del desenlace, El insulto se torna grave.

El resultado es una película apreciable, absorbente, muy entretenida, que no es nada sutil, aunque finalmente transmita un mensaje no tan obvio, y a la que sólo puede reprocharse que en su intento por llegar a más personas, simplifique algunas de sus reflexiones.

Ojo a las interpretaciones, realmente buenas. Destaca la de Kamel El Basha, quien ganó el Premio al Mejor Actor en el Festival de Venecia por esta película.

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Arturo G. Maiso

Viajero y cinéfilo. Director de Marketing en una plataforma de financiación participativa, CEO de AGM Comunicación Multimedia y director de El Cine en la Sombra.

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