El pan de la guerra (2017), de Nora Twomey – Crítica

Nos enfrentamos a una trama dura y adulta que te remueve la conciencia y el corazón, y que, asimismo, tiene más de una lectura.

Es un drama de animación imprescindible para los tiempos que corren. Un guion que, como ocurre en muchos casos (no todos), al provenir de una novela bien documentada (El pan de la guerra – Deborah Ellis), garantiza cierta calidad. En este caso, el film supera las expectativas llegando uno a olvidarse, durante su visualización, de que son dibujos animados.

Parvana es una preadolescente afgana que durante la tiranía del gobierno talibán ve cómo apresan a su padre injustamente para llevarlo a prisión. Ante la nueva situación, se tiene que hacer pasar por un chico para hacerse cargo de su familia (tres mujeres y un bebé) y que no se mueran literalmente de hambre. Fuerte y decidida, Parvana sale a la calle vestida de niño para ganarse la vida a diario (las mujeres lo tienen prohibido sin la compañía de un hombre e, incluso en este caso, deben hacerlo con burka y no pueden realizar ningún tipo de trámite comercial). Las enseñanzas de su padre (antiguo profesor de Historia y hombre de honda cultura) le dan el ánimo necesario para seguir adelante y con la ayuda de otra chica, en parecidas circunstancias que las suyas, va sobreviviendo, llevando el sustento a su casa e ideando un plan para sacar al minusválido cabeza de familia de la cárcel.

Ojalá películas como éstas se vieran más a menudo porque así dejaríamos de ser tan hipócritas y cuidaríamos más de nuestra sociedad del bienestar.

Es una producción que se me antoja ideal para llevarla a cabo con actores de carne y hueso, pues nos enfrentamos a una trama dura y adulta que te remueve la conciencia y el corazón, y que, asimismo, tiene más de una lectura o visionado. Una de las reflexiones a contemplar es la del error que cometemos todos al catalogar a las personas según su origen, raza o religión. La acción se desarrolla en Kabul (Afganistán) y, aunque parezca una obviedad, nos hace entender (a los que estamos en Occidente) que ni todos los afganos son talibanes, ni todos los talibanes comulgan con el ideario propio y que, aunque algunos tienen que hacer de tripas corazón y aceptarlo para sobrevivir, los hay valientes que, a pesar del riesgo de sus acciones, siguen rigiéndose por su sentido común y por su amor al prójimo ejerciendo el bien y contraviniendo ideales. Así es como se lucha por los derechos humanos, por la igualdad de género y por la justicia (con dos cojones y jugándose la vida), y no acusando a tu vecino de machista por haberte dejado pasar delante en el portal en un simple acto de cortesía.

Ojalá películas como éstas se vieran más a menudo porque así dejaríamos de ser tan hipócritas y cuidaríamos más de nuestra sociedad del bienestar que (con sus más y sus menos) nos hace tener una razonable calidad de vida que está, entre otras cosas, a años luz de la que se ve en la cinta. Somos muchos los que criticamos sandeces de nuestro modus vivendi mientras que, por otro lado, “respetamos” actitudes propias y vejatorias del integrismo islámico como las que se ven en esta película (episodios cotidianos que oprimen sistemáticamente a la mujer). De ahí que la vileza y la hipocresía de la que se hace alarde hoy en día en Occidente con estos ademanes impostados de progresía barata son, desde mi punto de vista, vomitivos y a revisar. El puritanismo de lo políticamente correcto y la relatividad moral son una farsa absoluta que nos hace mal y nos debilita haciendo que muchos aceptemos prácticas altamente reprobables y de subyugación de género sólo porque el ideario de tal o cual partido, organización o club de petanca así lo imponga. Como ven, la cinta suscita a la reflexión.

No me queda sino animar a la gente a que lea, sobre todo, libros que se basen en estudios documentados (como es el caso que antecede a la película), textos o películas que nos remuevan la conciencia y el corazón. Arte que esté hecho desde la verdad y no desde la mala leche que se estila tanto en nuestro país. Que esta película nos despierte en el mundo real y mayoritario que es el que ahí vemos, un mundo ambivalente en el que sólo hay un bien y un mal: las medias tintas y los titubeos no sirven.


Sinopsis Parvana es una chica de once años que vive en la capital de Afganistán, Kabul, durante el periodo de dominio de los talibanes. Al ser su padre detenido, los miembros de la familia se quedan sin recursos.
País Irlanda
Dirección Nora Twomey
Guion Anita Doron, Deborah Ellis
Música Jeff Danna, Mychael Danna
Género Animación
Título original The Breadwinner
Duración 93 min.
Estreno 14/06/2019

Calificación8
8

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Guillermo Pérez-Aranda Mejías

Soy un escritor romántico con matices quevedescos. Disfruto con lo absurdo del surrealismo y me apasiona encarcelarme en mi castiza torre de marfil, donde desarrollo mi creatividad rodeado de música, de libros, de cine y de lo más selecto de la humanidad huyendo así, en la medida de lo posible, de lo más mundano. Roquero trasnochado y poeta de lo grotesco, he decidido, como si fuera un samurái que se destripa por su honor, entregar mi vida por entero al arte.

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