Pizarro (2016), de Simón Hernandez – Crítica

«El documental Pizarro es el testimonio de una hija que lamenta no haber conocido mejor a su padre»

Simón Hernández, director de este documental, se estrena con estos 82 minutos sobre la vida de Carlos Pizarro Leongómez que fuera dirigente del Movimiento 19 de Abril, una de las muchas guerrillas que han operado en Colombia. La excusa del documental es su hija, cuyo padre juzgó adecuado enviarla lejos de la guerrilla, a Barcelona. Es la hija la que nos va contando la vida de su padre. Hay que ir con cuidado en este tipo de documentales porque se corre el riesgo de caer en la hagiografía, mucho más que en la biografía, en el elogio filial antes que en la historia crítica. Y este es, precisamente, el primer defecto de este documental que, más que Pizarro debería haber tenido como título Pizarro visto por su hija.

Si uno conoce al personaje y su trayectoria, advierte pronto que se trataba de un miembro de la burguesía acomodada colombiana. Fue uno de tantos jóvenes de ese grupos social que, a lo largo de los años 70, se vieron atraídos por el comunismo (perteneció a la Juventud Comunista Colombiana) y luego se hace miembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, brazo armado de dicho partido. En 1973, desertó de este grupo y constituyó una “guerrilla urbana nacionalista, bolivariana y socialdemócrata”, el Movimiento 10 de Abril (M-19), que protagonizó algunas acciones espectaculares: el robo de la espada de Bolivar y el robo de 5.000 armas del Ejército, tras lo cual se acentuó la persecución contra el grupo acabando en la cárcel casi todos sus líderes y 150 guerrilleros. Una amnistía los pone en libertad en 1982 e iniciando un “proceso de paz” el año siguiente.

El grupo estaba dirigido por Jaime Bateman que se estrelló en una avioneta (episodio que García Márquez llamó “un misterio sin fin”). Fue entonces cuando Pizarro asumió la dirección del M-19 y negoció con el gobierno. El 24 de agosto de 1984 se firmaron los llamados “Acuerdos de Corinto” y el grupo, oficialmente, se decretó una tregua. El 6 de noviembre de 1985, el M-19 toma el Palacio de Justicia en el centro de Bogotá, con todos los magistrados del Tribunal Supremo en el interior… Se saben las  dos versiones sobre el episodio: en una, Pizarro explicó que se había opuesto a esta y en otra, Pablo Escobar le habría pagado dos millones de dólares por la acción (uno por asesinar al presidente del Supremo y oro por destruir los archivos y expedientes relativos a él, a Escobar). Todos salvo uno de los guerrilleros que participaron en la operación resultaron muertos así como 53 civiles…

Al año siguiente, y amparado en este “éxito”, Pizarro funda el “Batallón América” en una iniciativa más propagandística que efectiva a la vista de que algunos de los grupos que lo componían estaban descompuestos desde hacía años (los tupamaros uruguayos), o estaban arrinconados por la represión en sus países (como Alfaro Vive ¡Carajo! de Ecuador), o eran irrelevantes (como el Movimiento Quintín Lamé, formado por indígenas colombianos). Pero, a la vista de lo debilitado que había quedado el M-19 después del episodio del Palacio de Justicia, Pizarro optó por integrarse en la Coordinadora Guerrillera Nacional (junto a las FARC, al ELN y a algún otro grupo menor) para entablar el “proceso de paz”. De todas formas, Pizarro actuó por su cuenta: secuestró al líder conservador Álvaro Gómez y aprovechó para dar un impulso unilateral a las negociaciones con el gobierno que todavía durarían dos años y terminarían en 1990. Se presentó como candidato a las presidenciales de 1990 y fue asesinado poco después…

Tal fue la vida y la muerte del “comandante Papito”, Carlos Pizarro. Como se ve, no faltan los enigmas en su vida. El simple hecho de que fuera el hombre más custodiado del país, después del Presidente, es significativo, no sólo de su importancia, sino de los odios que despertaba en torno suyo: de sus antiguos camaradas de las guerrillas, de los familiares de los magistrados asesinados en el Palacio de Justicia, de los miembros de las autodefensas, del propio Pablo Escobar… Pizarro no es que mereciera un documental, es que merecería una serie de a HBO.

Lamentablemente, éste documental que se acaba de estrenar en España, nos muestra al Pizarro más irrelevante, aquel que solamente tiene importancia e interés –comprensible, claro está- para su hija, pero que no resuelve absolutamente ninguno de los misterios sobre su vida ni sobre su muerte y, algunos, ni siquiera los plantea. Lo que puede ser interesante para la hija de Pizarro, no lo es tanto para el público. Para colmo, el documental termina con la exhumación de los restos de Pizarro el 26 de noviembre de 2014. Hace casi tres años. Hubiera sido de desear que el documental terminara con el resultado del nuevo análisis forense y si confirmaba o no la primera autopsia realizada tras el crimen. A fin de cuentas, han pasado casi tres años desde entonces y un “addenda” no hubiera estado mal.

En lugar de resolver misterios o de introducir nuevos datos en la ecuación, lo que tenemos es el testimonio de una hija que lamenta no haber conocido mejor a su padre. Pobre planteamiento, del que el espectador, no saca absolutamente nada en claro. La participación central de la hija en el documental –sin ella y sin las filmaciones familiares, este producto no hubiera sido posible- hace que lo que, en principio, debería ser una biografía, se transforma en una hagiografía, esto es, en un elogio que elude defectos y acentúa solamente aspectos “blancos” el personaje. Así no se hacen documentales. Así lo que se hacen son filmaciones para proyectar a los amigos, a los familiares o a los devotos del biografiado; no para el público que tiene interés en saber qué diablos ocurrió en Colombia en unos años de plomo que se prolongaron hasta mucho después del asesinato de Pizarro…

Sinopsis Esta es una historia sobre la carga de la herencia familiar. Comienza cuando María José, en su exilio en Barcelona, se da cuenta de que no importa lo lejos que corra; no puede escapar del fantasma de su padre, Carlos Pizarro, comandante del M-19 asesinado el 26 de abril de 1990 después de haber firmado un exitoso tratado de paz con el gobierno colombiano. Pizarro es una figura icónica de la guerra y la paz en Colombia. Veinte años después de su asesinato, ella vuelve a su país para entender las causas que llevaron a su asesinato y descubrir un capítulo olvidado de la historia del país, silenciado por la violencia y el miedo.
País Colombia
Director Simón Hernandez
Guion Simón Hernandez, Gustavi Vasco
Música Camilo Sanabria
Fotografía Germán Luongo
Género Documental
Duración 82 min.
Título original Pizarro
Estreno 26/05/2017

Calificación5
5

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Amor DiBó

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

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