En la playa de Chesil (2017) de Dominic Cooke – Crítica

«En la playa de Chesil es una cita obligada para todos aquellos que se recreen con la técnica británica de hacer cine: buenos actores, magnífica fotografía, y proliferación de elementos simbólicos que permiten realizar interpretaciones a cual más atrevida y apasionante»

Ian McEwan escribió esta novela en 2007 de la que se suele decir que es un portento de sensibilidad y que nos muestra la miseria sexual del Reino Unido que, a principios de los años 60 todavía arrastraba los efectos de la sexualidad represiva del período victoriano. Ewan ha sido, también, el guionista de esta película. Esto, unido a que la BBC es la productora del filme y haya dejado su sello en las imágenes, contribuye a que el resultado final haya suponga una fiel, aunque más atenuada, traslación del melodrama social del libro a la pantalla.

Dos jóvenes hijos pertenecientes a dos mundos sociales diferentes, se enamoran y se casan. Estamos en los primeros años 60. El Reino Unido era entonces un pozo de contradicciones: la diseñadora Mary Quant e barruntaba el lanzamiento de una prenda nueva y revolucionaria, la minifalda; en los laboratorios farmacéuticos empezaban los ensayos del Enovid, la primera píldora anticonceptiva, y los textos de la Escuela de Frankfurt, de Fromm, Reich, Marcusse, sobre la revolución sexual estaban en manos de los correctores para ser lanzados en aquellos años en los que los hijos de los beatniks estaban en pleno proceso de transformación que haría de ellos conspicuos hippys . Para colmo, en Roma se había abierto el Concilio Vaticano II y, mucho más cerca de donde transcurre la película, ese mismo año, 1962, en Liverpool los Beatles adquirían cierta popularidad aun local. Eran los 60. Era de cambios y de revolución sexual. Es importante entender esa época para comprender el trasfondo en el que se sitúa En la playa de Chesil.

Ninguna de esas innovaciones había llegado a la pareja protagonista. Así pues, cuando contraen matrimonio y pasan su primera noche de bodas en un hotel de la playa de Chesil, el ardor de él choca con los temores de ella en relación al sexo. Nunca antes lo habían tenido. Eran jóvenes e inocentes: un beso furtivo por aquí, dos manos que se rozan por allá, miradas de cariño, palabras de amor bajo el claro de luna, pero nunca relaciones sexuales prematrimoniales, ni siquiera comentarios sobre el placer que podrían tener en ese terreno a partir de la noche de bodas. La hija de un negociante exitoso y de una profesora universitaria ha sido conquistada por el hijo de un maestro y de una discapacitada psíquica. Se han conocido casualmente en una manifestación contra las armas nucleares, pero vienen de dos estratos sociales diferenciados. Cuando contraen matrimonio son dos polluelos que aún no han salido del cascarón. Han pensado que el amor lo puede todo. Pero en sus cavilaciones no ha habido lugar para el sexo. La primera noche es también la de su ruptura: ella no consiente la posibilidad del acto sexual y él no acepta pasar toda la vida en plena abstinencia. La posibilidad de mantener una relación abierta que plantea ella, es rechazada por él.

Lo que ocurre antes y después de la fatídica noche en el hotel de la playa de Chisil es el tema de esta película que nos muestra la miseria sexual de la sociedad inglesa en un momento clave de la historia de Occidente (los 60) cuando un nuevo modelo de sociedad está a punto de eclosionar y lo que ha sido norma antes va a saltar en pedazos.

En la playa de Chesil podría ser definida como un melodrama de carácter social con el marchamo de la BBC. Es más, es una cita obligada para todos aquellos que se recreen con la técnica británica de hacer cine y miniseries: buenos actores –a menudo sobresaliente: incomparable Saoirse Ronan y brillante Billy Howle, así como Samuel West y Emily Watson, como padres de la chica- magnífica fotografía, y proliferación de elementos simbólicos que permiten realizar interpretaciones a cual más atrevida y apasionante (el simbolismo de los dos niveles del agua, el significado hermético de la barca, el sentido de los guijarros de la playa…). Un deleite visual y una cartografía simbólica es lo que, en el fondo, vamos a ver.

Esta es la parte positiva. Como toda película también tiene una componente menos atractiva que vale la pena reseñar. Es una película que destila una irremediable tristeza. Podríamos compararla a una cena en un restaurante de campanillas, con un cuidadísimo gusto por el detalle, pero que sirven una comida triste que, al llevarse a la boca genera un abatimiento profundo. Lo que ha evitado que califiquemos a esta película como mero melodrama, es el precisamente el que no se trata de una ficción literaria sino de la situación del Reino Unido a principios de los años 60.

Película de buena factura, ante la que, quizás, no estaría de más haber leído previamente la novela. Las descripciones del texto de McEwan generan, inevitablemente, imágenes que permiten entender mejor la simbólica desplegada por la BBC. En la playa de Chesil gustará también –y hará reflexionar a personas que hayan dejado pasar oportunidades amorosas. Éstos, sin duda, serán los que interiorizarán las imágenes y se emocionarán con las vicisitudes de los protagonistas.

Sinopsis Inglaterra, 1962. Florence y Edward, tienen poco más de 20 años. Ella de clase media alta, él de clase baja. Inocentes, vírgenes y enamorados cuando aún no se había publicado el primer LP de los Beatles y “El amante de Lady Chatterley” estaba prohibido, se casan y van a pasar su primera noche de bodas a un hotel, junto a la famosa Chesil Beach. Lo que sucede esa noche, entre sus palabras y sus silencios, cambiará sus vidas para siempre.
País Reino Unido
Dirección Dominic Cooke
Guion Ian McEwan
Música Dan Jones
Fotografía Sean Bobbitt
Reparto Saoirse Ronan, Billy Howle, Emily Watson, Anne-Marie Duff, Samuel West, Adrian Scarborough, Bebe Cave, David Olawale Ayinde, Philip Labey, Christopher Bowen, Ty Hurley, Bernardo Santos
Género Drama
Duración 110 min.
Título original On Chesil Beach
Estreno 29/06/2018

Calificación6
6

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Amor DiBó

Trabaja en el mundo editorial, y le gusta la arquitectura, viajar, el cine, la robótica-nanotecnología, hacer tortilla de patata, el té y la buena educación.

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