El guardián invisible (2017), de Fernando González Molina – Crítica

Si las películas de Hitchcock son la vara de medir para todas aquellas historias que se engloban dentro del género cinematográfico del suspense (y también de la estética y las escenas redondas, no nos podemos olvidar de las provocativas composiciones visuales con fichas de ruleta en los casinos de la Riviera francesa en Atrapa a un ladrón), la cinta de Fernando González Molina alcanza un notable (raspado), una calificación nada desdeñable.

No es de extrañar que el aprobado esté más que superado si tenemos en cuenta que el film está basado en un éxito de ventas literario como es la primera novela de la “Trilogía del Baztán”, escrita por Dolores Redondo. La ganadora del último Premio Planeta por Todo esto te daré, nos narra en su novela el regreso de la inspectora de policía Amaia Salazar a Elizondo, su pueblo natal. Un lugar al que juró que jamás regresaría pero al que se ve obligada a volver cuando es destinada para investigar el asesinato de varias chicas de la localidad. Allí, su ansia por encontrar al culpable de tan terribles sucesos se verá enturbiada por sus propios demonios del pasado.

González Molina podría calificarse como un experto en trasladar novelas a la gran pantalla si tenemos en cuenta que cuatro de sus cinco películas (Tres metros sobre el cielo; Tengo ganas de ti; Palmeras en la nieve; El Guardián invisible) están basadas en novelas. Es por ello por lo que con El Guardián invisible ha hecho un muy buen trabajo, respetando casi al 100% lo expuesto por Redondo sobre el papel. En la versión cinematográfica Marta Etura es la encargada de dar vida a la inspectora Salazar, en una interpretación comedida  pero muy bien resuelta. Etura es capaz de mostrar el drama personal de la agente de policía sin la necesidad de recurrir a los diálogos explicativos. También exquisita, si cabe más que la de Etura, es la actuación de Elvira Mínguez, encargada del rol de Flora Salazar, una mujer dura que ha luchado toda su vida por mantener el obrador de pan y pastelería que con tanto esfuerzo sus antepasados pusieron en pie. El personaje de Flora es de hecho un fiel reflejo del matriarcado y del importantísimo papel que tienen las mujeres tanto en la película como en la sociedad. En palabras de Dolores Redondo: “Las mujeres del Valle del Baztán hacen lo que tienen que hacer” y eso es precisamente lo que hace Flora: lo que debe hacer (o lo que ella cree que es correcto hacer), aunque esto suponga poner en peligro toda la investigación de Amaia.

Una estética de lo más cuidada, con una dirección de fotografía a cargo de Flavio Martínez Labiano (Caza al asesino), hace que la película sea más oscura de lo que su trama plantea. Tonalidades grises, azules oscuras, con una gran cantidad de escenas nocturnas y casi siempre con la lluvia como protagonista, ayudan a que el espectador sea capaz de trasladarse mentalmente a las tierras frías de Navarra durante los 129 minutos de metraje. Una estética que además ayuda a la hora de fusionar el thriller con el género fantástico, y es que gran parte de la trama se sustenta en el coqueteo constante con los aspectos que quedan fuera del alcance de la explicación racional. Por una parte, con la creencia en la existencia de un ser mitológico, popular en la cultura vasco-navarra, que es guardián del Valle y ayuda a la inspectora Salazar en el transcurso de su investigación. Por otra, las visiones que la propia Amaia tiene sobre una de las chicas muertas y su supuesto don sobrenatural para colocar las manos sobre los cuerpos sin vida de las víctimas con el objetivo de recabar información a través de estímulos sensoriales.

Con todo, si bien es cierto que la trama está muy bien elaborada, también lo es que en la misma hay ciertos giros que sorprenden al espectador, y no precisamente para bien. Giros que no pueden reprochársele a González Molina pues ya están presentes en la novela. A pesar de ello, y de que a veces el espectador pueda sentir que hay cosas que no son necesarias (¿La inspectora Salazar no tiene paraguas, siempre tiene que ir bajo la lluvia y corriendo?), el film es ameno y mantiene la tensión durante todo el metraje, gracias principalmente a su excelente ritmo, aunque la resolución final podría haber sido explotada de manera más llamativa, tanto a nivel propiamente cinematográfico como en el plano emocional.

Sin duda, una buena película que, si bien no brilla, sí supone la confirmación de que el cine español está en auge.

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1 comentario

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  1. Alfred 17 agosto, 2017 at 14:41 Responder

    DEBERÍAIS TENER UN FILTRO PARA LAS PUBLICACIONES. MENUDA BURRADA:

    HITCHCOCK Y GONZÁLEZ MOLINA CON UN NOTABLE.

    Si las películas de Hitchcock son la vara de medir para todas aquellas historias que se engloban dentro del género cinematográfico del suspense, la cinta de Fernando González Molina alcanza un notable (raspado), una calificación nada desdeñable.

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