Entre remakes, live actions y el factor nostalgia

«¿Para qué ponerse a crear un nuevo universo, que sea complejo y que cuente con personajes interesantes, si es más fácil usar lo que ya existe y dio éxito alguna vez?»

Hay una generación entera que creció con Harry Potter. Yo adquirí el gusto por las películas del joven mago un poco más tarde, pero durante toda la escuela primaria y parte de la secundaria vi como año a año mis compañeros enloquecían cuando se estrenaba una nueva entrega. Todos las veían, e incluso en los recreos las pasaban en la biblioteca para todo aquel que quisiera ir y pasar los quince minutos de receso mirando una partecita de la película. Fue un fenómeno que es difícil de comparar con alguna saga actual, porque éramos pocos los que no éramos fanáticos: los libros los leían desde niños de ocho años hasta padres de familia. Quizás, lo que más se asemeje hoy en día sean las películas de Marvel, pero no estoy del todo segura.

De más está decir que todas las películas de Harry Potter fueron un éxito en recaudación, y la última entrega de la saga sigue manteniéndose como una de las cintas más taquilleras de la historia. Si tenemos en cuenta esto, es fácil entender por qué resurgió el universo de Harry Potter en la pantalla grande en el año 2016 con la película Animales Fantásticos y dónde encontrarlos.

Yo soy fiel creyente de que las historias que hayan tenido un buen final no deben reabrirse, y la saga de Harry Potter había tenido un cierre digno en la octava película. Seguro que a nadie se le ocurrió que cinco años más tarde nos estarían presentando las aventuras de Newt Scamander, un personaje que no tenía peso alguno en el universo de Harry Potter.

Aunque si tenemos en cuenta que Harry Potter significó un importante fenómeno cultural, social y comercial que cosechó millones de fanáticos (y dólares, por supuesto) en todo el mundo, podemos comprender por qué las productoras reviven año tras año exitosas franquicias que ya habían tenido su épico cierre.

Nos cuentan la historia de Newt Scamander, resurge Star Wars, vemos live actions de Disney todos los años cuando a la mayoría de la gente no le gustan y el año que viene se estrena Toy Story 4. No hablemos ni de Shrek, que la cuarta película era el final definitivo y ahora se anunció que el próximo año saldrá una quinta, ni de la cantidad de remakes que están estrenándose continuamente. ¿Por qué siguen alargando estas franquicias o contando lo mismo una y otra vez? Hay tres palabras que sintetizan la respuesta a este interrogante: el factor nostalgia.

Star Wars

El factor nostalgia es efectivo porque así se gana dinero casi sin esfuerzo creativo. Es decir, ¿para qué ponerse a crear un nuevo universo, que sea complejo y que cuente con personajes interesantes, si es más fácil usar lo que ya existe y dio éxito alguna vez? E incluso esto se ve de manera más alevosa en los live actions de Disney, en los cuales directamente se recicla la misma historia pero se cuenta desde un punto de vista diferente: son actores los que interpretan a los históricos personajes animados con los que crecimos.

Para quienes somos fanáticos de alguna saga en particular o hemos crecido con alguna película, es emocionante saber que veremos una nueva cinta que se relacione con ese universo al que le tenemos tanto cariño. Volver a encontrarse con algo que tenga que ver con Harry Potter es increíble para una persona que creció yendo a ver cada una de las entregas al cine y generó un vínculo emocional con ese mundo, y las grandes productoras lo saben. Saben que el fanático irá a ver lo que sea simplemente porque lleva el nombre de JK Rowling encima del título, y se aprovechan. Lo que termina sucediendo es que nos presentan un contenido mediocre, mega explotado y sin la esencia de las películas originales. Eso es lo que sucedió con Star Wars, hasta que los mismos fanáticos le pusieron un alto este abuso y terminaron optando por no ir al cine a ver las nuevas entregas.

En mi caso personal, disfruto mucho de las películas de Disney y tienen un lugar especial para mí porque crecí con ellas, pero desde hace un par de años dejé de ir al cine a ver sus live actions. De hecho, ni siquiera los miro si los encuentro en Netflix porque prefiero ahorrarme el disgusto. Estas películas ya han probado ser malas, y además sigo pensando que no hay manera más perezosa de hacer dinero que esta, y no quiero contribuir en eso. Disney me encanta, y tiene todo el potencial de crear películas maravillosas, ¿por qué se rebaja a reciclar lo que ya existe si no es por el simple hecho de saber que será exitosa de antemano? Creo que prefiero no participar en eso.

Como espectadores, tenemos cierto poder. Podemos hacer que una película millonaria sea un total fracaso en taquilla si no vamos a verla, y creo que es importante que hagamos algo con eso. Quizás suene un tanto idealista, pero la única manera de hacerles saber a los hombres de traje que manejan la industria cinematográfica que no queremos que nos roben es no dejándonos robar.

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Micaela Gallo

Estudiante de Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires. Me gusta el cine, Van Gogh, escribir y Nueva York. Soy bastante simple: si no estoy mirando películas es porque estoy hablando sobre ellas.

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